Aegan Lombardi.
Estoy vivo.
Me sorprende seguir con vida después de creer que un auto me arrollaría, mi cuerpo no reaccionaba, no me moví, no tuve la voluntad para hacer algo más que quedarme de pie y observar. No entiendo porque no pude hacerlo o si fue porque tenía mucho alcohol en mi sistema, quizás eso fue algo que influyo mucho en mi decisión. Quedarme quieto mientras el auto venia directamente hacia mí es lo peor que pude haber hecho pero sigo aquí, en el mundo de los vivos.
Miro a mi alrededor y una hermosa chica rubia me mira aterrorizada, tiene la respiración agitada y las pupilas dilatadas, estoy por decir una tontería, pero me contengo, no creo que sea momento de hacer chistes.
—¿Estas bien? —me pregunta ella, parece un ángel, un jodido ángel caído del cielo.
—¿Eres mi ángel de la guarda?
Ella frunce el ceño.
—Creo que puedo llegar a ser todo menos un ángel.
—Me gustan las personas con caras angelicales y personalidad de diablo.
—Debería llevarte al hospital, no estas bien y casi te arrolla un auto. Espera aquí, un compañero de trabajo nos puede llevar en su coche.
¿Compañero de trabajo? ¿Coche?
Por poco olvido donde estoy, no puedo creer que la mujer que me ha salvado trabaje para mí, debo tener muy buena suerte o muy mala suerte en su defecto. Estoy tirado en el suelo viendo las estrellas y el rostro confundido de la rubia, me levanto rápido antes de que lleguen más personas de la compañía y se den cuenta de lo ocurrido.
Decir eso es como un balde de agua fría porque Leon, uno de mis empleados con más experiencia en la empresa aparece. Hago que la chica a mi lado me siga y nos escondemos detrás de un auto. Ella se suelta de mi agarre con rapidez y e intenta golpearme, pero sujeto su brazo.
—No te atrevas a golpearme —demando.
—¿Por qué te has escondido? Es un compañero de trabajo no dirá nada si escondes algo.
—No lo entiendes.
—Explícalo antes de que me vaya y te deje aquí solo sin remordimientos —espeta.
—¿Trabajas en esa compañía?
Asiente aún más confundida que antes.
—Soy el jefe, Aegan Lombardi.
Ya no parece confundida, sino más bien sorprendida. Su rostro se ha relajado y sus hombros tensos se han relajado también, se ha calmado por completo, pero me repasa con la mirada de arriba abajo.
—Ginny Becker, no esperaba conocerlo de esta manera Sr. Lombardi.
—No finjas ser cortes conmigo después de gritarme sin piedad.
—No estoy fingiendo le estoy mostrando algo de respeto ¿acaso no puede agradecer eso?
—Me duele la cabeza y quiero irme a mi jodida casa.
—Podríamos irnos, si saliéramos de aquí y habláramos con Leon.
—No vamos a hablar con él.
—¿Por qué? ¿No se llevan bien?
—Nos llevamos de maravilla, Ginny.
—¿Y cuál es el problema?
Joder quiero que se calle.
Hace demasiadas preguntas las cuales no quiero responder en este momento, me agobia, me obstina y me dan ganas de mandarla a la mierda, pero me ha salvado y gracias a eso estoy soportando sus preguntas.
—Nadie puede saber que estuve aquí, prefiero que se quede entre nosotros dos y mañana hacer mi entrada triunfal.
—Le escribiré para decirle que me he ido.
Asiento de acuerdo con ella, me sentiré mas tranquilo si Leon no la anda buscando por todas partes como un puto perro faldero. No me había fijado en lo estresante e intenso que puede llegar a ser con una chica que le interesa.
—¿A dónde vamos ahora? Necesitas ir al hospital.
—Le escribí a mi doctor para que me esperara en casa y he solicitado un taxi.
—¿Tienes como pagarlo?
—Esperaba que tu tuvieras como pagarlo —me sincero y ella niega con la cabeza mostrándome su billetera.
—Muy bien ¿Sabes manejar?
Tenemos dos opciones, nos vamos en el taxi y no le pagamos o le presto mi auto para que ella maneje. La segunda opción es la que menos me gusta, detesto que personas desconocidas toquen mi carro, pero no tengo otra opción y quiero llegar a casa.
—Puedo intentarlo.
—No es que lo intentes es que manejes bien.
—Puedo intentarlo, pero no te aseguro nada y posiblemente maneje lento para no chocar.
—Perfecto, esperemos a que tu amigo se vaya.
Ginny suspira, nos quedamos un rato detrás del auto y cierro los ojos para no verla, es una chica preciosa, sus ojos, su cuerpo, cualquier hombre con dos dedos de frente estaría con ella, no dudo de lo buena que debe ser cogiendo.
Esperamos unos diez minutos a que Leon se despida de algunos amigos y cuando se va nos levantamos y nos subimos al auto de inmediato. Es un alivio estar aquí, con el aire y sentado en un sitio donde se que no voy a morir. Aun tengo la imagen del auto viniendo en mi dirección plasmada en mi mente.
—Espero que no hagas que me muera, valgo mucho más que este auto.
—El auto vale más que tú.
—¿Estas segura de eso?
—Por completo —dice y se pone en marcha, encuentro una botella en la guantera del auto y comienzo a beber nuevamente, debería dejar de hacerlo pero me ayuda a olvidarme de mis problemas. Después de todo, mañana seguiré siendo el mismo dueño y futuro alcalde que todos quieren ver.
—No quiero espantarte, pero no puedes dormirte, necesito que me des la dirección de tu casa y deberías dejar de beber.
—Las mujeres que van a mi casa siempre cogen conmigo, eres la primera que va y no tendrá ese tipo de interacción conmigo.
—Eres un verdadero imbécil.
—Me lo dicen a menudo.
—¿Por qué no llegaste temprano hoy?
—Tuve algunos problemas y preferí hundirme en el alcohol, a veces hago eso.
—Todos estaban esperando por ti.
—La mayoría me conoce, deben pensar que estaba en una junta de trabajo así que no creo que se hayan molestado.
—Yo sé la verdad.
—Y ahora compartimos secreto —contesto y le sonrío, ella hace lo mismo.
Al llegar a mi casa siento que todo el peso cae sobre mis hombros, estoy cansado, muerto de hambre y con ganas de coger. Mi doctor no ha llegado, solo me mando algunos mensajes diciendo que vendría mañana a primera hora pero prefiero que no lo haga, estoy bien solo ha sido un pequeño susto.
Hice que Ginny viniera a casa porque averiguar que tanta oportunidad tengo de coger con ella esta noche, es atractiva y considero que pasar la noche juntos nos ayudaría a bajarle al estrés. Le ofrezco una taza de café, agua e incluso jugo pero se niega.
—Debo irme, me están esperando en casa.
—¿Eres casada?
Ella se ríe y niega con la cabeza.
—Para nada, pero debo regresar.
—Puedes quedarte, mañana te llevare a primera hora para que atiendas los asuntos que tienes.
—No me malentiendas Aegan pero no te conozco y lo menos que quiero es quedarme en la casa de un jodido extraño.
—Soy tu jefe, no un extraño.
—¿Te conozco desde hace cuánto?
—Desde hoy y desde hoy vas a verme todos los días.
—No suena como una idea que me llame la atención.
—¿No te he caído bien?
—Me agradas —afirma.
—Pero sigues comportándote como una perra conmigo así que no creo que te agrede lo suficiente.
—Soy una perra con todos no esperes un trato diferente.
—Eso puede cambiar.
—Me sorprende lo egocéntrico que puedes llegar a ser.
Me rio.
—Es normal en mí, mi madre a veces se queja de ello o de lo terco que soy en cuestión a ciertos temas. Espero no tener que viajar tanto para pasar mas tiempo fastidiando tu miserable vida.
—Espero que te surjan viajes inesperados con frecuencia —suelta de mala gana y me acerco a ella, estamos cerca, nuestra respiración agitada y la forma en la que mira mis labios me da entender que puedo besarla y es justo lo que hago.
Nunca he tenido sexo en mi cocina, pero si mi primera vez será con una mujer rubia de curvas prominentes entonces no me quejo.
—Debemos parar —dice entre jadeos.
—Está bien —susurro—. Mañana podemos fingir que esto nunca sucedió.
Ninguno de los dos responde y continuamos besándonos, a este punto creo que no vamos a parar. Mis instintos siempre son salvajes, muchas veces creo que estoy haciendo lo correcto, pero cuando me detengo a pensarlo bien me doy cuenta de que he arruinado la situación por completo.
No esperaba que las cosas se dieran de esta manera, en realidad no esperaba que se dieran de ninguna forma. Ella apareció de la nada en mi vida, no estaba buscando nada, solo estaba ebrio en una mala situación y ella estuvo ahí para ayudarme.
—¿Estas segura?
Le pregunto más por educación que por saber su respuesta, quiera o no estoy interesado en estar con ella. No espero a que responda.
Después de follar hasta amanecer nos quedamos dormidos en mi habitación, la ebriedad se me bajo a la segunda ronda. Tenía años que no dormía junto a alguien, se siente bien, pacifico.
La mañana siguiente cuando nos despertamos, nuestros ojos se encuentra y un suspiro sale de sus labios, esta despeinada y tiene los ojos hinchados. No se parece mucho a la mujer atractiva y empoderada con la que cogí ayer, pero sin duda es la misma persona. Las mujeres cambian mucho recién despiertas, pero aun así hay algo en ella que me sigue pareciendo atractivo.
—Buenos días, bella durmiente.
—Buenos días, monstruo sexy.
—¿Ahora soy un monstruo?
—No, solo me apetecía bromear contigo.
—Estaba por preguntarte si era un monstruo porque follaba tan duro como en tus mejores pesadillas.
—Tener sexo no está en mis pesadillas.
—¿Mejores sueños?
—Quizás.
Me rio
Cojo el teléfono para ver la hora y me sobresalto, es tarde. Hoy no debería faltar a la empresa y tampoco debería estar hablando con una de mis nuevas empleadas. Le había prometido a mi familia que este año no iba a involucrarme con nadie de mi personal, pero ya lo he hecho y no sé cómo solucionarlo porque si tengo la oportunidad de volver a tener sexo con Ginny a desaprovechar.
Ambos arreglamos todo para irnos y la dejo en su casa, cuando llega la hora de despedirnos no se como actuar o que decirle, puede que parezca un cabron si actúo de manera odiosa e indiferente, no quiero hacerla sentir mal.
Redes sociales.
Instagram - iamzehy.