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1361 Words
—¿Nos vemos luego? —le pregunto y ella me mira con cierta intensidad que no se descifrar. —No creo que quiera volver a hacer esto contigo, así que será mejor vernos en la oficina. —¿Disculpa? ¿A qué te refieres, Ginny? —Lo siento, pero quizás esto no fue la mejor de mis decisiones. Ella intenta bajarse del auto, pero cierro las puertas con seguro y suspiro. —Hablemos —insisto. No esperaba ser yo quien le estuviera rogando para continuar hablando o viéndonos, no debería importarme y ni siquiera sé porque he tenido el impulso de encerrarla en el auto, pero ahora no tengo otra opción. —Quiero irme. —¿Por qué crees que no ha sido una buena idea? Las mujeres por lo general no creen que es mala idea acostarse conmigo, pero con Ginny todo es diferente. —Eres mi jefe, Aegan y no estoy interesada en ti de esa manera. Chasqueo la lengua y asiento con cara de frustración. No acostumbro a que las mujeres me rechacen, siempre ha sido al revés, pero ella lo está haciendo y de alguna manera eso llega a confundirme. —Puedes irte. —Que pase un buen día, Sr. Lombardi. —Espero que el tuyo sea igual de bueno que el mío —fuerzo una sonrisa. Se baja del auto, entra a la casa y la pierdo de vista. Mis manos se aferran al volante del automóvil y maldigo por lo bajo. Sus acciones me confunden, no sé qué es lo que más me atrapo de ella si su cuerpo o la forma redonda de sus senos, eso por supuesto que va incluido en el cuerpo, pero sus senos redondos y firmes son algo que hay que resaltar de ella. Es una mujer preciosa, manejo sin rumbo por un rato hasta que me da hambre y decido bajarme a comprar mi desayuno, debí comer en casa, pero estaba apurado y no quería tardarme más de la cuenta. —Sr. Lombardi —escucho que dicen a mis espaldas, me volteo y veo a uno de los hombres que ha invertido en mi compañía, es un hombre de mediana edad el cual conocí años atrás. Siempre se sentaba conmigo a contarme sobre su vida o a hablarme sobre las cosas que disfrutaba hacer en sus tiempos libres. —Canarias —le digo a modo de respuesta y sonrío—. ¿Cómo has estado? —¿Tu familia? —Las cosas van bien, mejor para mí que para otras personas. Estoy pensando en comprar un nuevo terreno para hacer una casa o quizás comprarla ya hecha. Supongo que las dos opciones me vienen bien. —¿Por qué quieres hacer otra casa? ¿Qué sucedió con la que tenías antes? —Nada malo, simplemente quiero poseer dos propiedades por si en algún futuro se presenta algún inconveniente. Es bueno tener dos casas propias, Lombardi. A Canarias nunca le ha gustado llamarme por mi nombre, se aferra a que mi apellido suena más sofisticado y eso va más con mi personalidad. —Empezare a pensar en la posibilidad de tener dos casas también, quien sabe si en algún futuro me case y tenga que necesitar otro hogar. —Solo piensa lo que te vendría mejor a futuro, es lo mejor que puedes llegar a hacer. —Tienes razón. Nos sentamos en una mesa y pido algo de café con pan relleno. Siempre he sido fan de los desayunos sencillos, los disfruto, me relajan. —¿Cómo están tus padres? ¿Tu hermana? —No he sabido nada de mi hermana desde que se fue a Londres, no creo que quiera volver por ahora. Mis padres han estado un poco intensos con el tema de que ella regrese. —¿Por qué no hablas con ella? ¿Qué ocurrió con su relación? Recuerdo que se llevaban bien. —Lo hacíamos —aseguro—. Sin embargo, las cosas cambian, los dos hemos tomado caminos diferentes y supongo que seguir en la vida del otro no es un plan que ninguno de los dos quiso tomar. —Creo que comprendo a lo que te refieres —susurro. —Mi hermana debe hablar con mis padres no conmigo, sus vacaciones quizás se acaben dentro de poco. —¿Cómo termino en Londres? —Mi padre quiso que fuera a estudiar, pero ella nunca tuvo la intención de terminar la carrera, cuando lo supieron la metieron en una academia de modelaje. Se quedo en la academia, eso era lo que realmente le gustaba a ella, siempre tuve la creencia de que pasara lo que pasara mi hermana tendría un buen futuro, aunque en el último año lo he empezado a dudar bastante. —¿Tus padres hablan contigo sobre ella? No sé qué lo que ocurrió entre ustedes, pero quizás deberías hablarlo un poco, nunca sabes cuando la otra persona necesita de ti. —Si ella necesita de mi puede escribirme y lo sabe. —Está siendo terco, Sr. Lombardi. —Canaria, créeme que se cómo manejar a mi familia. —No es algo de lo que este dudando. —Me ha sonado a que lo ha insinuado por completo. —Lamento que se haya visto así. Niego con la cabeza restándole importancia, los dos nos hemos acabado nuestros cafés, así que podemos partir. Me levanto y le estrecho la mano con fuerza. —Fue un placer volver a verte, pero debo volver al trabajo. —Debemos salir a beber en estos días, te llamare para vernos. —Muy bien, estamos en contacto. Antes de salir me ve y me dice: —¿Aun no hay ninguna chica en tu vida? —Aun nadie me ha hecho perder la cabeza. Él sonríe y le devuelvo el gesto. La mujer que me haga perder la cabeza será la mujer con quien me case y forme una familia. Nunca he querido tener bebes, no soy un hombre que se imagine con hijos, no me veo cambiando pañales ni cuidando a personitas que van a seguir tu ejemplo y hacer todo lo que digas, siento que podría ser una mala influencia, pero también la persona que los cuidaría y protegería por el resto de sus vidas. Los niños no me gustan y si me enamoro de alguien espero que tampoco quiera tener bebes. Llegar a la oficina se siente como entrar al mundo real de nuevo, he llamado a mi mejor amigo para que venga a verme, tengo tiempo que no me quedo solo en el trabajo y necesito expulsar lo que ha pasado con Ginny. —Sr. Lombardi es un gusto volver a verlo por las instalaciones. —El gusto es mío, Rita. —El Sr. Blair está aquí. —Dile que pase. —¿Esta seguro? Creo que debería salir a recibirlo, me pidió explícitamente que le dijera eso. Bufo, pero asiento y salgo de la oficina, cuando él quiere que salga es porque ha visto algo que le interesa. Lo conozco, sé que hay tías que le parecen sexys y siempre intento que tenga una oportunidad, aunque a veces sus gustos son un poco feos. Conocerlo es una de las mejores cosas que me pudo pasar en la juventud, Blair y yo éramos los chicos que cualquier mujer quería tener, con dinero, ropa bonita y una fila de mensajes esperando a ser contestados. Nunca fuimos pareja de alguien mientras estudiábamos, pensamos que era mejor esperar hasta crecer, así tendríamos tiempo de disfrutar nuestra soltería y no rendirle cuenta a nadie de lo que hacíamos. Salgo de la oficina y lo abrazo al verlo, extrañaba a este hijo de puta. —Lombardi —dice él. —Blair. —¿Por qué me has hecho salir? —pregunto sin rodeos y se ríe, me señala con la cabeza a Ginny y la sonrisa que antes tenía en la cara se borra por completo, mi expresión ha cambiado y mi mirada se cruza con la de ella. —Quiero a esa chica, Aegan. ¿Cómo le explico a mi mejor amigo que esa chica es mía y no pienso compartirla? Redes sociales. Instagram - iamzehy.
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