Aún en mi despacho, mi hermana me llamó para recordarme el evento en el hotel Gran Legras. Antes era el primero en asistir a esos eventos y el último en irme. Disfrutaba de esos momentos que me llevaban directamente a lo prohibido.
―¿Entonces, Liam? ¿Vas a ir?
―¿Por qué tanta insistencia?
―Es que Alicia no está y sería agradable compartir un poco. Así no estás solo.
―No lo sé… Y estoy bien…
―¡Vamos! Mamá dijo que quiere ser tu acompañante y papá no quiere ir. Será perfecto ¿No te parece?
―Te confirmo después…
Colgamos la llamada y permanecí algunos minutos envuelto en mis pensamientos que muchas veces intentaba alejar de mí, del hombre que fui en el pasado. La verdad es que quiero ser diferente, no el resultado que diseñó mi padre; pero hay mucho más de lo que tampoco estoy orgulloso.
No soy perfecto, no pretendo serlo, pero lucho cada día con las distintas emociones que quieren salir sin control. Algo que he intentado ocultar y que considero parte de mi pasado está amenazando con salir de nuevo a flote al pensar en ese evento. Soy humano, pero debo admitir que a veces estoy fuera de control como lo voy a estar si acepto ir mañana en la noche; y menos, si Alicia no está.
Aunque quizás para muchas mujeres parezco el hombre perfecto, en realidad no lo soy; y muchas son testigo de eso. Las mujeres son mi debilidad, aunque me cueste admitirlo, pero no de la forma en que ellas quieren. Con Alicia pensé que me había enamorado y que el amor existía, pero para nada es así y nunca lo será.
El verdadero Liam ama el sexo, ama sentir a una mujer hermosa entre sus brazos, ama dominar a las mujeres en la cama. Amo que sean sumisas para mí. Y en cada evento una nueva chica se sumaba a mi lista. Por lo tanto, el evento en ese hotel podría ser mi regreso a esa vida de sexo y lujuria que ya no es parte de mí. Ese es mi pequeño gran secreto.
Puedo decir con orgullo que he estado alejado de otras mujeres desde que estoy con Alicia. Solo con ella dejo libre al verdadero Liam porque es verdaderamente una mujer irresistible físicamente. Sus piernas, su espalda lisa con curvas, su vientre; sus pechos perfectos; sus labios suaves sabor a frambuesa y su centro caliente y exquisito que mi m*****o disfruta cada vez que quiero; es algo a lo que no puedo resistirme. Pero cuando el placer acaba, la realidad con ella es muy distinta. .
Esta vez, Alicia, interrumpió mis pensamientos:
―¿De verdad no piensas llamarme nunca? ―dijo al momento exacto de contestar la llamada.
―Sabes una cosa, Alicia―Respiré profundo intentando no perder la compostura―… No, no pensaba volver a llamarte. Estoy muy ocupado ―Cerré mis ojos para controlar mi respiración.
―¿Por qué estás molesto? ¡Es injusto!
―¡Tú eres la injusta! Creo que es mejor que hablemos cuando vuelvas.
―¿Qué quieres decir?
―¡Dame espacio! ―grité golpeando la mesa al mismo tiempo. Estaba molesto y ninguna respiración controlada podía calmarme. Todo lo de Alicia y el evento del hotel, estaban sacando la peor parte de mí.
―¿Liam, cariño? ―dijo con un tono suave.
―No quiero alzarte la voz de nuevo… pero ¡ya, por favor!, ¡basta de esa actitud!
No dijo nada y colgó la llamada.
Alicia siempre era así, nunca discutía, solo se daba media vuelta y después regresaba como si nada hubiera pasado. Y lo peor de todo es que al final aceptaba su regreso por el único deseo de volver a tocar su cuerpo, de sentirla, de saborearla; y cuando todo acaba, la rabia me invade por la gran facilidad que tengo de caer de nuevo en ese ciclo vicioso una y otra vez.
Olvidé la conversación con Alicia y las cosas no podían salir peor: Eros estaba de pie en la puerta de mi despacho.
―Qué bonita conversación tuviste con tu futura esposa, hermanito.
Se sentó frente a mi escritorio.
―No somos hermanos ―añadí apretando mis dientes ―. Y no es tu problema lo que hable con Alicia.
Eros es hijo de mi padre, de su primer matrimonio, se puede decir que es mi hermanastro, pero desgraciadamente la enemistad entre nosotros es enorme.
―Claro que no es mí problema, hermanito ―dijo enfatizando la última palabra dibujando una falsa sonrisa en su rostro.
―¿Ahora qué quieres? Bueno, creo que es absurda mi pregunta ―Abrí la gaveta de mi escritorio para sacar dinero.
―¡Qué bien me conoces!, ¡te felicito!―Se puso de pie y aplaudió. Se acercó a la mesa y pude observar debajo de su nariz un poco de polvo blanco. De nuevo estaba drogado.
―Toma el dinero y por favor, retírate.
―Claro… ―Sonrió, se tambaleó un poco, colocó el dinero en su bolsillo y se retiró sin decir una sola palabra.
Me puse de pie y como una fiera enjaulada caminé de un lado a otro odiando a Eros con todas mis fuerzas.
Desde pequeño me había hecho la vida imposible. Crecí y olvidé cada mal trato que me dio para poder intentar vivir mí vida, pero cada vez que lo veía me revolvía todos los recuerdos que simplemente quería mantener en el fondo del mar. Él siempre lograba este efecto en mí. Cada ve que aparecía, era imposible no recordar sus gritos, sus patadas en mi espalda, sus malas palabras, sus golpes. Siempre sintió celos de mí.
Me serví un poco de agua, pensé un poco y le envié un mensaje a Adriana, mi hermana, confirmándole mi asistencia al evento. Necesitaba volver a sentir.