Liam "El deseo"

908 Words
Con tantas cosas en mi cabeza había olvidado a Alicia casi completamente. En realidad, no me sentía mal por no tenerla presente. A veces me molestaba con solo escuchar su voz, pero otras veces no podía resistirme a ella. Era una atracción extraña; por no decir tóxica. Mientras aún estaba en el trabajo mi asistente me notificó la cancelación de la reunión para el comercial, incluso hasta de eso me había olvidado y de nuevo preferí dejarlo para después. No tenía cabeza para concentrarme en nada. Ahora lo único que me robaba la paz era el evento al que había aceptado asistir. Sé que va a ir mi hermana, su pareja y mi acompañante será mi madre, pero será muy difícil mantenerme alejado de las mujeres, de la lujuria que deseo despertar de nuevo y que a la vez quiero controlar. También quería ir a la granja antes del regreso de Alicia. Necesitaba ir, reencontrarme conmigo, tener ese momento de paz, de soledad, pero a la vez anhelaba sentir, saborear, disfrutar; aunque eso significara ser infiel a Alicia por primera vez. En realidad, no me importaba. Y mientras mis pensamientos no me dejaban en paz, de nuevo Alicia me llamó: ―¿Podemos hablar? No entiendo por qué este silencio de tu parte. ―¿Qué parte no entiendes? ―Esta actitud tan violenta. ―¿Te parece que estoy siendo violento contigo? ―Sí. ―De nuevo tu y tus exageraciones. ―No son exageraciones. Se supone que estoy en París para comprar mi vestido, el que usaré en nuestra boda, y ni siquiera te preocupó saber cómo llegué. No quería seguir discutiendo y de nuevo bajé la guardia. ―Discúlpame, ¿sí? ¿Viste el vestido? ―¿De verdad quieres saber? Apreté mis dientes… ―Claro… ―Vi algunos, pero no me convencen. El diseñador está trabajando en unos modelos nuevos y me dijo que mañana me va a sorprender. Espero que así sea. ―Qué bueno… ¿Y tus padres? ―Están de paseo, deben llegar más tarde. A mi mamá le encantó uno de los vestidos, pero no lo sé. Quiero ver más antes de decidirme. Ese tiene que ser un día especial y perfecto― dijo con un tono más suave―. ¿Y tú? ¿Todo bien? ―Muy bien… elegí el diseño ganador para la nueva colección. ―¿Elegiste sin mí? ―¿Este es el inicio de una discusión? ―¿Ahora no puedo preguntarte nada? Era difícil ocultar mi enojo por su actitud, por su control y solo imaginarme casado con ella se me erizaba la piel. Pensar en la parte superficial me excitaba y me hacia desearla, pero luchaba con mi mente para alejar esos pensamientos. Ella no es un objeto, ni una mujer solo para estar en la cama; ella quiere un matrimonio, una familia y la verdad no sé cómo puedo darle lo que quiere. No sé si sea capaz de aguantar este peso hasta el final. ―Solo te dije que elegí el diseño y te enojaste. ―No me enojé, es que quiero ser parte de ese lanzamiento. Además, la empresa es de ambos y juntos debemos tomar las decisiones. ―Eso mismo digo yo. ―¿A qué te refieres? ―A nada en específico. Creo tener el suficiente criterio como para elegir algo así, y que la empresa no se detenga mientras tu estás de paseo por París. ―No estoy de paseo, y claro que sé que puedes tomar esa y todas las decisiones de la empresa sin que esté presente, pero como es algo nuevo, quiero ser parte. ―Lo eres, pero ahora estás en París y tenía que decidir. ―... Estoy buscando mi vestido de boda para casarme contigo. ¿Estás molesto porque vine sin ti? ―No, nada de eso. Es solo que me sentí agobiado... Discúlpame. ―¿En serio estamos bien? Si no, ahorita mismo tomo el primer avión de regreso. ―No hace falta, compra el vestido que quieras, los zapatos que combinen; y regresa. ―Te extraño… Desearía estar contigo ahora… No me gusta discutir. ―¿Para qué quieres estar aquí en este momento? ―dije recordándola en mis brazos. ―Es obvio, cariño… ―Dímelo. El morbo muchas veces me controlaba y disfrutaba de tener esas conversaciones calientes con ella. Antes era con otras mujeres, era el preámbulo a una noche de placer. ―Quiero estar contigo, sentirte… ―¿Sentirme dónde? ―Le pregunté cerrando mis ojos saboreando mis labios. ―En todo mi cuerpo… ―Dime más… ―Cariño, mis padres están llegando. Lo lamento. ―Está bien ―dije controlando al hombre salvaje que se estaba formando dentro de mí. Colgamos la llamada y deseaba acabar con el placer que había despertado Alicia. Observé a lo lejos a mi asistente, Laura, no me había dado cuenta lo bella que era detrás de esos lentes negros y su cabello rubio recogido. Tenía una falda que le cubría hasta las rodillas y un escote sencillo que dejaba todo a la imaginación. La observé de arriba abajo con deseos de acercarme, hablarle, pero de nuevo el Liam con los pies en la tierra me hizo reaccionar. Quería volver a sentir, pero a la vez quería ser un hombre normal. Me detuve, respiré profundo y me calmé. El evento ahora era mi preocupación, iba a ser muy difícil controlarme. 
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