—¿Charlotte?—preguntó de repente Gabriel en mi mente.
Pude sentir su presencia en la casa Bleer e inmediatamente y sin pensarlo mucho me dirigí allí.
—Es extraño cómo me has confundido con nuestra hermana—dije al tomar forma en la habitación de Sky De LaCurt Bleer Luchestember, pero ella no estaba en la habitación así que no interrumpí nada.
Antes de que pueda decir algo Kathe entró en la habitación y se lanzó a mis brazos.
Ignore todo lo demás y disfrute de su cercanía.
Sus pechos rozando los míos, su cabello acariciándome la nariz, haciéndome cosquillas en los brazos.
Las mejores sensaciones del mundo.
Lastima que no duraría.
La alejé de mí a pesar de que no quería y me acerqué a mi hermano.
—Tenemos un par de problemas—dije dándole una gota de Agua.
Él la aceptó de inmediato y segundos más tarde estaba como nuevo.
—Nunca pensé que necesitaría tomar una gota de Agua—dijo el levantándose de la cama.
—Padre nos dio una a cada uno, así de mal estamos—dije y la cara de horror de Gabriel me causó gracia.
Por fin algo que aterra a mi hermano.
—¿Una gota para cada uno? ¿Y tu me la diste a mí?—preguntó él acercándose a mí lado.
Me abrazó como si el mundo fuera a acabar, bueno en realidad se estaba acabando.
—Así es, así de tanto te amo hermano—dije alejándolo de mi, las muestras de afecto de Gabriel son algo que todos los presentes no deben ver.
—¿Qué no sé?—preguntó él con rapidez mirando a su alrededor.
—Perdimos a Lara y a Exekiel, Azrael envió sus cabezas al Gran Salon—dije con odio, Kathe inmediatamente se acercó a mí al reconocer los nombres de la Décimo Primer Hija y el Octavo Hijo del Dios Creador, mis hermanos.
—¿Cómo?—preguntó Gabriel con su rapidez característica recuperándose de la noticia.
—No lo sabemos con exactitud, pero Padre se niega a hablar con nosotros, nos ha dejado a nuestra suerte—dije apretando la mano que Kathe había puesto en mi brazo.
Deseaba poder volver el tiempo atrás y disfrutar de sus charlas nocturnas, pasar horas escuchando su música y por sobre todas las cosas, verla dormir con seguridad, pero ya no podré hacer eso.
—¿Cómo murieron? No podemos morir—afirmó Gabriel luego de unos segundos de pensar en mis palabras.
—Ese es el punto, somos mortales, los dones de Padre se han ido, solo nos queda un último uso, básicamente no puedo regresar a los Cielos ya—dije esto último mirando a Kathe, sus ojos brillaron de felicidad al escuchar mis palabras, la sonrisa en su rostro cambió a una de alegría navideña.
Si, definitivamente no regresaré, si debo morir moriré luchando por ella.
Me aseguraré de que viva cientos de años más segura.
—¿Qué hay del resto?—preguntó Gabriel sentándose en la cama como si lo hubiera derrotado.
—El resto continúa en los Cielos, nadie quiere mover un dedo, morirán todos ellos, Azrael tiene un ejército en su poder—dije colocando mi mano en el hombro de Gabriel.
—Es eso—dijo Reichel haciendo que todos volteemos a verla—liberó el poder del collar, cerró toda conexión del Mundo Espiritual con los Cielos, ustedes no perdieron sus dones, están bloqueados—dijo ella al final acercándose a nosotros.
—¿Cómo bloqueas a un Dios?—preguntó Isabella siguiendo a su mamá en la conversación.
—El Dios Creador no es un Dios, es un Ser que tiene mucho poder espiritual, demasiado antiguo para dejar de existir, hay formas de contrarrestar sus dones, imagínense que es algo así como sucedió hace años con Ann, sus dones estaban bloqueados y la forma de desbloquearlos fue con mucha energía espiritual que contrarrestara el bloqueo—dijo Reichel moviéndose por la habitación con rapidez.
—¿Cómo Azrael logró bloquearlo?—preguntó Henry ahora siguiendo a Reichel.
—El collar, ese objeto contiene sangre de Seres antiguos y poderosos, creo que el poder que lo creó también sirve para bloquear a otros Seres, aparte de los que ya tiene dentro—dijo Reichel y ahí fue cuando miré a Gabriel, él también me miró reconociendo sobre qué hablaba la Reina.
—Azrael, ¿tiene un collar llamado "amuleto de sangre"?—preguntamos los dos al unísono.
—Si así llaman a eso—dijo Reichel haciendo que un objeto se formará en el aire.
Cuando por fin le terminó de dar forma no pude evitar mirar a Gabriel con terror, pero él no me miró a mí, sino que miró a Sky.
—Si Azrael ya liberó a los Seres atrapados en el collar debemos prepararnos para lo peor—dijo Gabriel levantándose de la cama—Reichel necesito que me lleves a los Cielos—dijo al final mirando a la Reina.
Lo que le pedía no era imposible, pero eso le costaría mucha energía.
—No creo que sea una buena idea—dije haciendo que todos me miren—ella podría lograrlo, pero la dejará débil y sin ofender Gabriel, ¿pero qué crees que lograrás yendo a los Cielos?—pregunte al final mirándolo a los ojos.
Tome a Kathe de la cintura y la pegue a mi, podía sentir la mirada asesina de su papá, pero la verdad poco me importaba morir ahora.
Si este es nuestro final, lo pasaré a su lado.
—Debemos organizar a los guerreros, debemos ayudar a los mortales—dijo Gabriel como diciéndome lo obvio.
—No has entendido nada, Exekiel se llevó a los guerreros con él cuando Azrael mando la cabeza de Lara, miles de Ángeles bajaron a la tierra, ninguno regresó—dije abrazando con más fuerza a Kathe.
—¿Cómo es eso posible?—preguntó Gabriel con dolor.
—Somos guerreros hermano, pero la mortalidad nos superó a todos—dije dándole un beso en la frente a Kathe, Sebastián lanzó un gruñido en mi dirección.
—¿Todos? ¿Cuántos Ángeles había en los Cielos?—preguntó Francis al ver lo derrotado que había quedado Gabriel por la noticia.
—Unos miles, guerreros bien entrenados, algunos con cientos de años de entrenamiento—dije mirando al cuñado de Kathe, ella aún me abrazaba intentando reconfortarme.
La mirada del Rey Vampiro era de no creer al escuchar mis palabras.
Miles de Ángeles, todos ellos muertos.
—¡Henry!—gritó alguien fuera de la casa.
Al reconocer la voz nos miramos con Gabriel.
¡Charlotte!