Nos teletransportamos al Gran Salón del Consejo del Dios Creador.
Doce son los Hijos del Dios Creador, Ángeles que guían a los demás Ángeles y por sobre ellos está el Consejo, siete Ángeles elegidos por el mismo Dios Creador para ayudarlo a dirigir los Cielos y todo lo que el rige.
Veo a mis hermanos a mi alrededor, el Consejo está completo ya y la presencia de Padre se impone ante todos.
—Calma mis Hijos—dijo él haciendo que todos nos sentemos.
Miré a mi alrededor y me di cuenta que faltaba uno de mis hermanos, Azrael no estaba en el salón.
—Hemos sido traicionados, Azrael, mi Hijo me ha abandonado, iniciando una guerra con las Razas en la tierra—dijo Padre luego de unos minutos de silencio.
Sus palabras no tenían sentido, un Ángel pierde sus dones al traicionar a Padre, porque sería un enemigo para las Razas de la tierra, Sky podría matarlo con los ojos cerrados.
Descarte esa idea de inmediato al imaginarmela herida o algo peor, manchándose las manos con sangre, ella es una excelente guerrera, pero luchar en torneos o entrenar con sus padres no es lo mismo que quitarle la vida a alguien.
—Debemos ir a la tierra—dijo Charlotte imponiéndose a los demás.
—No, Gabriel—dijo Padre e inmediatamente me levanté de la silla y me arrodillé ante él.
—Padre estoy a tus ordenes—dije con la cabeza gacha.
—Irás a la tierra y buscaras a Azrael, tráelo ante mi—dijo Padre y sin previo aviso me hizo aparecer frente a Azrael.
La sorpresa de mi hermano fue nula.
—Padre quiere que te presentes ante él—dije mirándolo a los ojos.
Él es mi hermano, pero Padre me dio una orden, lo llevaría aunque tenga que usar la fuerza.
—Gabriel no sabes nada, Padre te envió a tu tumba—dijo Azrael para luego hacer aparecer una espada en su mano izquierda.
Las armas favoritas de mi hermano no me asustaban.
Espere el movimiento y cuando sucedió lo contrarresta con mi propia espada.
Golpe, golpe y otro golpe.
Cuando me di cuenta de lo que sucedía ya era demasiado tarde.
La pelea fue en mi contra con cada segundo que pasaba, la sucesión de golpes de su parte cada vez era más certera.
No podía entender como estaba perdieron ante él, yo jamás he perdido un duelo.
—¿Puedes sentirlo?—preguntó Azrael repentinamente.
Al no darme cuenta lo que estaba preguntando negué con la cabeza.
Estaba mareado, ¿cómo es eso posible?
—Padre se debilita, si él pierde poder tú también lo harás—dijo Azrael clavándome la espada en medio del estómago.
La sangre empezó a salir de mi y no se detuvo.
Me desvaneci sin poder hacer nada más.
La muerte me consumía y no pude asegurarme que ella estuviera a salvo.
…
Desperté en una cama.
Al mirar a mi alrededor no podía creer lo que veía.
—¡Despertaste!—dijo Sky repentinamente.
El dolor en mi cabeza se intensificó con su voz a todo volumen.
—Lo siento, hablaré más bajo—dijo ella con más calma.
Sus manos estaban tocándome y aunque disfruté eso por unos segundos me acordé que no era seguro que este con ella.
—¿Cómo llegué aquí?—pregunté alejándola de mi cuerpo.
—Estabas en mi puerta, escuché el golpe de tu cuerpo en el pasillo—dijo ella mirándome de arriba abajo sin parar.
—No debo estar aquí—dije intentandome levantar de la cama.
Las costillas me dolían como nunca en toda mi existencia.
—Tranquilo, tus heridas son muy graves, debes quedarte en la cama—dijo ella volviéndome a ayudar para que regrese a mi posición anterior.
El dolor se intensificó y sin poder controlarlo me desvaneci en la penumbra nuevamente.
…
La voz se escuchaba lejos y con gran esfuerzo logré abrir los ojos.
La energía a mi alrededor era pura y calmante.
Me di cuenta que no era una voz.
Era música.
—Ya recupero la conciencia, Kathe porque no descansas un poco—dijo alguien a lo lejos.
—Quiero hablar con él—dijo alguien más en respuesta.
La conversación estaba confusa hasta que vi el rostro de Sky frente a mi.
—Tranquilo, todo está bien, tus heridas ya comenzaron a cerrarse—dijo ella tocando mi rostro con delicadeza.
¿Estaba soñando? Era eso, solo un sueño.
Me moví sin previo aviso y tomé sus labios.
La suavidad de su cabello y la humedad de su boca me excitaron y sin poder evitarlo la tiré en la cama.
Qué escena más extraña.
Francis, el padre de Sky me amenazó con matarme, porque me aproveche de su hija.
Reichel imponiéndose ante los demás.
Henry intentando controlar a su hermana.
Ella está con una sonrisa que le marcan los colmillos.
Perfecta, ella es tan perfecta.
¡Padre!
Esto no es un sueño.
—Mataré a ese Ángel si se vuelve a acercar a Sky así—dijo Francis intentando salir del control de Reichel.
—Papá no soy una niña, por favor no me avergüences—dijo Sky colocándose al lado de la cama.
Padre la quiero más cerca de mi.
—Calma los dos, Gabriel necesitamos hablar y antes que digas algo como "mortal tu no tienes poder sobre mi" o una de esas frases que me dices cada vez que me ves necesitas saber que si no fuera por mi y mis hijas tu no vivirías ya, las heridas en tu cuerpo no se curaron y Sky te trajo a mi casa agonizando—dijo Reichel con calma mirándome a los ojos.
—Sigo siendo inmortal, pero algo sucede con mi conexión con los Cielos—dije a modo de explicación por esta situación.
No quería darle más información a todos los presentes, Sky es muy rápida para actuar y si le digo que me atacó Azrael lo iría a buscar.
—¿Tu conexión con los Cielos? ¿O hay algo malo en los Cielos?—preguntó Reichel acercándose a mí—dime Gabriel si eres capaz de regresar a los Cielos ahora o si esto es peor de lo que creo—dijo ella en mi mente, era la primera vez que ella lograba romper mis barreras mentales.
Así de mal estaba mi situación, estaba a merced de la Reina de Todas las Razas.
—Quiero hablar a solas contigo—dije acomodándome mejor en la cama.
Sky dijo unas palabras en contra de dejar la habitación, pero al final todos se retiraron.
Los anillos de Reichel brillaban con intensidad.
—Nadie escuchara lo que hablemos—dijo ella mostrándome sus manos.
Los trece anillos que tenía puestos en sus manos estaban todos brillando.
Trece anillos, la Reina nunca usaba más de tres o cuatro.
—De alguna manera un Hijo del Dios Creador encontró la forma de librarse de el lazo con Padre y ahora quiere una guerra aquí—dije mirándola a la cara, su rostro no mostró sorpresa ni miedo alguno, es más ella me miró como si no le diera información nueva.
—Azrael atacó mi casa hace cinco días, varios de los miembros de la familia salieron heridos, Sky tuvo varias heridas que ya están curadas—dijo ella con tranquilidad, pero al pensar en Sky herida me levanté de la cama.
—Azrael es el Quinto Hijo del Dios Creador, un guerrero de casi mil doscientos años, sus habilidades con las espadas son increíbles, Reichel debes detenerlo antes de que sea demasiado tarde—dije sin poder creer en mis propias palabras, pero aunque intente negarlo en estos momentos la única que puede derrotar a Azrael es ella.
—No puedo, lo que uso para librarse del Dios Creador le ha dado poder, mucho poder, ni siquiera me puedo acercar a él, solo lo derrotados porque use un objeto de los Vampiros, pero la energía espiritual que contenía ya se acabó, y aunque tengo varias opciones para usar no creo que sea suficiente para detenerlo—dijo Reichel haciéndome saber que está guerra estaba más allá de los dones que ella poseía.
—Debo ir a los Cielos, debo preparar a mis hermanos para la guerra—dije intentando levantarme de la cama.
Una herida en mi costado empezó a sangrar cuando me moví, el dolor me mareo y me volví a arrojar en la cama.
—Tus heridas aún no se curan lo suficiente para que te puedas mover, debes quedarte en la cama,¿Puedes llamar a tus hermanos aquí?—preguntó ella al final ayudándome a quedar bien posicionado en la cama.
La cama de Sky.
Me concentré en otra cosa y no permití que mis pensamientos se fueran a esos lugares.
—¿Charlotte?—pregunte con rapidez intentando proyectar mis pensamientos a los Cielos.