Capítulo 9: Charlotte

1442 Words
La pequeña Kathe miraba las mariposas que flotaban en el aire y las intentaba atrapar. Sin saber qué los pequeños destellos eran creados por ella misma. —Esa niña no sabe lo poderosa que es—dijo Gabriel apareciendo a mi lado. A unos cinco metros de nosotros, Reichel Luchestember veía en nuestra dirección. —Es nuestro deber preservar sus dones—dije sin ganas de seguir la conversación con mi hermano. Desde que nos enteramos que estábamos unidos a los pequeños herederos de los tres Tronos estábamos muy irritables entre ambos. Gabriel se negaba rotundamente a la idea de abandonar nuestros dones, pero yo no. He vivido casi cuatro mil años, jamás he amado a un hombre ni a una mujer. Henry De LaCurt Bleer Luchestember era el hombre que me haría suya para el resto de su existencia.  Estaba segura de que abandonar mis dones por él valdría la pena, pero mi hermano no pensaba lo mismo. El no quería perder sus dones por una niña caprichosa. Gabriel no tardó en desaparecer y fue Serafín el que se acercó a mí luego de unos minutos. —Ella te reconoce aunque no quieras—dijo mirando en una dirección errada. Aparecí en su presencia y largo una pequeña carcajada al darse cuenta que miraba en otra dirección.  —Esa niña puede ver más allá de lo que los ojos ven—dije con tranquilidad. —Estás aquí, pero no es con ella que quieres estar realmente—dijo Serafin y sin previo aviso me regresé a los Cielos. … Estaba en el salón de la casa Bleer, la familia estaba abriendo regalos debajo del árbol. Navidad. ¿Qué se siente recibir un regalo de navidad? Descarte ese pensamiento de inmediato. Henry estaba con sus papás, su madre tiene en brazos una pequeña niña con el cabello rubio ceniza, pero son sus ojos rojos los que llaman mi atención. Cambio el color de mis ojos por unos rojos. No, no me gustan. Regresé a mi color preferido y dejó el salón para regresar a los Cielos. Camino por la plaza central donde varios de mis hermanos me saludan.  Al llegar a mi casa veo a Xavi sentado en el sillón de la sala. —Feliz navidad—dijo con un paquete en sus manos. El envoltorio era un desastre, seguramente lo hizo él, pero no pude evitar saltar a su lado y tomar con rapidez el paquete. Lo rompí sin cuidado y al encontrarme con un pequeño collar dentro de una cajita de terciopelo abracé a mi hermano. —Gracias, es hermoso—dije sosteniéndolo entre mis dedos. —Déjame que te lo coloque—dijo Xavi tomándolo de mis dedos. Me giré dándole la espalda. Escondí mis alas y él con delicadeza corrió mi cabello para ver dónde iría el collar. … Toco mi cuello una vez más, la sensación de pérdida me duele.  ¿Dónde lo habré perdido? Henry mira en mi dirección, pero de inmediato regresa al libro que está leyendo. Uno antiguo, lo sacó de la biblioteca familiar.  Me coloco a su lado, pero sin tocarlo. La brisa que entra por la ventana hace que mi pelo lo toque. El se levanta de la silla y me mira. —Revela tu presencia de una vez por todas Charlotte—dice con tranquilidad, pero se que está enojado. No le gusta que lo molesten mientras lee. Me muestro ante él y su cara de decepción me desanima mucho. —¿Qué quieres?—pregunta tomando el libro que dejó en su escritorio. Sin saber qué responder regresó a los Cielos. Me tiré en mi cama boca abajo y grité de frustración en la almohada. ¿Porque todas las parejas siempre se besan, se aman apenas se ven? Y él solo me quiere lejos. ¿Soy fea? Me levanto con rapidez de la cama y me acerco al espejo de pared que cubre toda la habitación.  Mi cabello es largo, tan largo como el de Sky. Mi cuerpo es abundante. ¿Cómo le gustan las mujeres? Henry beso a muchas mujeres ya. Con ese pensamiento en mente me tiró al suelo.  Debo dejar de pensar en él.  … La reunión concluyó con rapidez, Reichel se quedó hablando con Bastian sobre su compañera destinada. Al acabar todos se despidieron y solo la Reina de Todas las Razas quedó en el salón. —Henry ya se fue, estás aquí porque quieres hablar conmigo o mi mente me juega una mala pasada y estoy hablando sola—dijo Reichel luego de unos minutos. Espere hasta que me aclare las ideas correctamente y cuando ella estaba por salir del salón me presente ante ella. —Yo quiero abandonar mis dones—dije con calma, pero las palabras me salieron atropelladas. Reichel se giró y me miró de arriba a abajo varias veces. —Te has tardado demasiado Charlotte, pero ¿por qué ahora?—dijo ella volviendo a sentarse en un asiento del salón. La mesa que estaba a lo largo tenía al menos sesenta asientos. Todos ellos para la Familia Real de Todas las Razas y sus íntimos.  —No lo sé—dije sentándome en la silla a su lado. Reichel tomó mi mano y me hizo levantar la vista. —El tiempo corre diferente para todos Charlotte, para ti este es el tiempo correcto de amar—dijo ella sonriendo de una forma muy dulce. —Henry no me ama, siempre que estoy cerca de él,  él simplemente me ignora o me aleja con comentarios hirientes—dije con tristeza al pensar en cómo me trata Henry. —Henry tiene miedo de perderte Charlotte, mi nieto es un guerrero y los guerreros creen que no son suficientemente fuertes para proteger lo que aman—dijo ella poniendo una mano en mi mejilla. La visión era borrosa. Como si estuviera viendo a través de otros ojos. Pude verme en el suelo, Henry gritando de dolor. La sangre a mi alrededor. La vida abandonándome.  —Eso fue hace cinco años, pero anteriormente él ya había tenido destellos de tu final—dijo Reichel cuando volví a la habitación.  —¿Él ha visto mi final?—pregunte con horror. Es por eso que no quiere amarme. Sabe que me perderá. —Las visiones de Henry son muy exactas Charlotte, él ha visto el futuro y jamás se ha equivocado—dijo Reichel sujetando mi mano sobre la mesa. Es por eso que siempre ha intentando alejarme de él, sabe que no viviré mucho, nuestro destino ya está decidido. —Pero es tu vida, no la de él, ¿de qué valdría vivir mil años más sin estar a su lado?, cuando puedes vivir cinco más amándolo con locura—dijo ella y su sonrisa se ensanchó.  Sonreí ante la Reina y me despedí de ella. Al regresar a los Cielos fui con Gabriel para contarle mi decisión.  … —Déjame ir—grite nuevamente intentando romper las cadenas. —Entiende Charlotte que lo que quieres hacer no es lo correcto—dijo él nuevamente. Gabriel me encerró en su casa desde hace tres días,  cuando intente contarle que había tomado una decisión con respecto a Henry, él simplemente me encadenó a su casa. —No es lo correcto para ti, pero si lo es para mi, amo a Henry y viviré mi mortalidad a su lado—dije nuevamente con energía. La cara de horror de Gabriel estaba toda deformada. ¿Tanto le repugna la idea de unirme a un mortal? —¿Quieres ser mortal igual que Serafín? Vivirás cuarenta años como máximo, no podrás comer todo lo que quieras, no podrás tenerlo todo, ¿qué harás cuando quedes embarazada y tu cuerpo se deforme? ¿Qué harás cuando envejezcas y él ya no te ame?—preguntó muy cerca de mi rostro. Le respondí lo mismo una vez más.  La discusión continuó, repitiendo lo mismo una y otra vez. Hasta que Xavi entró por la puerta destrozando todo a su alrededor. —¿Qué hacen aquí?—dijo mirando las cadenas que me sujetaban—Padre nos quiere a todos en el Gran Salón, ¡ya!—dijo desapareciendo al instante. Gabriel soltó mis cadenas y me miró con súplica, pero no le iba a dar la oportunidad de que me vuelva a sujetar. Me fui de ahí de inmediato o eso creí. —No puedo ir a la tierra—dije con miedo al no poder salir de los Cielos. —Yo tampoco—dijo Gabriel haciéndome ver por primera vez que estaba sintiendo realmente.  Miedo. Mi hermano estaba aterrado.
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