Capítulo 8: Reichel

1757 Words
—¿Qué has podido averiguar para mí?—pregunté mirando a Kathe con atención. Mi hija negó con la cabeza primero. —No responde mis llamados, ni tampoco lee los mensajes, estoy preocupada mamá, ¿Crees que ese Ángel comenzó su ataque aquí?—preguntó ella al final con preocupación.  —Los Hijos del Dios Creador son guerreros Kathe, estoy segura que la falta de comunicación se debe a otra cosa—dije con la esperanza de poder solicitar ayuda a los Cielos en esta nueva guerra que se levantó en nuestra contra. —¿Has hablado con los gemelos? Ellos también pueden ayudar—dijo ella renovando sus esperanzas.  —Si, pero me han dicho lo mismo que tú, no hay forma de comunicarse con ellos directamente—dije acercándome a Kathe—no te preocupes cachorra, él te ama—dije abrazándola fuertemente para que se tranquilicé.  El resto de la familia entró en la sala y Kathe con rapidez se separó de mí. Ann me lanzó una mirada de preocupación, pero le hice señas con la mano para que no se preocupara.  —Ya que los nuevos tórtolos no salen de sus habitaciones podriamos preparar una cena familiar, para levantar el ánimo—dijo Yohan y fue Luke el que terminó la frase. —Si, sería genial—dijeron Hannah y Lucy al mismo tiempo. —Esas Quimeras se parecen demasiado a nuestros hijos, me dan miedo—dijo Misrreal haciendo que me olvide de los problemas por un instante. Isabella y Sara empezaron a organizar todo para que comiéramos en el jardín. Me levanté de mi lugar y me alejé del grupo. —¿Todo está bien mamá?—preguntó Julie cuando estaba por subir a la planta alta. —Si amor, iré a despertar a papá, Ches debe desayunar—dije sonriéndole con dulzura a mi cachorra. Ella me dio un abrazo rápido y se fue a la sala con los demás miembros de la familia.  Al llegar al sector de las habitaciones espere en la puerta hasta que Demian salió al pasillo. —¿Todo está bien?—pregunté en señas con rapidez.  —Si mamá, ella es perfecta—respondió él con una sonrisa de oreja a oreja. —Nuestro cachorro se ve feliz—dijo Misrreal con rapidez al ver a D tan contento. —¿Entonces qué es lo que te preocupa?—pregunte nuevamente al sentir que la felicidad de él se veía opacada por otro sentimiento.  —Ella es ciega mamá, creo que podrías ayudarla, pero no estoy seguro de que ella así lo quiera—dijo él con señas demostrando su preocupación.  Demian siempre fue muy cerrado, introvertido hasta el punto de querer estar solo la mayoría del tiempo, hubo ocasiones en las que me costaba mucho llegar a él. —Hablaremos con ella cuando el lazo se complete, ¿Quieres?—pregunté al final moviendo mis manos tranquilamente para calmarlo. El asintió y me dijo que regresaría a la habitación,  su humor cambió a uno más alegre apenas cruzó la puerta. Seguí caminando por el pasillo hasta mi habitación donde Sebastián estaba en la cama, desnudo. La pequeña cachorra estaba sobre él siendo hamacada por la respiración del Alfa de Alfas. —Estoy un poco celosa—dijo Misrreal en broma, o eso creo. Escuché la risa de mi Loba y vi como Sebastián alzaba la cabeza en mi dirección.  —Mi Luna—dijo con la voz pesada por el sueño. -Mi perrito posesivo-dije acercándome a su posición.  Lo besé en los labios y aunque lo intentamos, fuimos interrumpidos por la alegría de Ches en las mañanas. —Vamos cachorra, démonos un baño rápido—dije tomándola en brazos y entrando al baño con velocidad. El baño de Ches fue rápido y al terminar Sebastián ya no estaba en la cama. La cachorra con rapidez se secó y cambió con mi ayuda y ambas salimos de la habitación listas para el día completo. Al bajar la familia ya estaba desayunando y me senté en mi lugar en la mesa, al lado de Sebastián en la cabecera. —Calma cachorros o se atragantaran—dije viendo como los cachorros de Sara que apenas tienen cuatro y cinco años se comían todo lo que tenían delante como si fuera la última cena de sus vidas. El desayuno fue tranquilo, sus hermanas mayores se ocuparon de Ches y Sebastián aprovechó para tomarme entre sus brazos. Me senté encima de él y el Lobo me dio de comer en la boca. Estas muestras de afecto eran comunes en la casa, cada pareja tenía su momento meloso y la mayoría de las mañanas era nuestro momento ya que era el que compartíamos la mayoría de las veces, porque luego durante el día Sebastián se encargaba de sus cosas y yo de las mías. … ¿Dónde estoy? El olor de la sangre me llegó rápido a la nariz y cuando falle en conectarme con Misrreal me asuste demasiado. Al intentar salir de la visión el dolor me obligó a ver. Un Vampiro que no reconocí hacía sangrar a un Portador de Joyas. —Entiende que jamás podrás usar ese objeto, la energía que ya contiene es demasiada, hasta para nosotros—dijo el Portador. Quería volver con Sebastián.  Tenía miedo de ver el final y cuando empecé a pensar que lograba salir de la visión el dolor me recorrió aún más fuerte. —Tu sangre es mía ahora—dijo el Vampiro cortando el cuello del Portador.  El olor me descompuso. El dolor no era tan grave comparado con el olor a cobre en mi nariz. Cuando me tranquilice la escena cambió y estaba en otro lugar. Uno que reconocí de inmediato. El mausoleo de la familia De LaCurt.  El Vampiro iba caminando con otros tres a su espalda, los seguí hasta las tumbas más antiguas, pero estas estaban en mejor estado. Intentando ubicarme o reconocer a alguno de esos Vampiros pude notar que el número de tumbas era mucho menor. El año que podría ser me aterro, ¿cuán antiguo es ese collar? El Vampiro se detuvo frente a una tumba, una doncella estaba esculpida en ella. —Mi amada Rosellin, pido a los Dioses que me ayuden a llegar a ti más rápido—dijo el Vampiro abriendo la tumba. La Vampira que estaba dentro era hermosa. Rosellin De LaCurt, Reina de los Vampiros, hace demasiadas generaciones. ¿El Vampiro que me guía es su compañero destinado?  No, Rosellin no tuvo pareja. El Vampiro dejó el collar en el cuello de la Reina Vampira y beso sus labios con delicadeza. Luego cerró la tumba y quedé a oscuras. Pude tranquilizarme con rapidez y unos segundos después escuché unas voces que reconocí de inmediato.  Gerard y sus hijos venían en esta dirección.  Las tumbas que lograba ver estaban desechas. La doncella tallada en la piedra estaba gastada, su rostro apenas se diferenciaba del resto de la forma humanoide. Gerard sin delicadeza abrió la tapa de la tumba quebrándola en el proceso. La Reina Rosellin estaba en perfectas condiciones,  pero eso fue hasta que Gerard arrancó sin delicadeza el collar de su cuello. Quebrando así el cuerpo haciendo que este se consumiera. El dolor me invadió y a mi alrededor pude ver monstruos, muchos monstruos.  … La música era fuerte, pero una melodía tan delicada que me tranquilizó de inmediato. —Ella está de vuelta—escuche varias voces diciendo lo mismo. Sebastián fue el primero en aparecer en mi campo visual. Vi como movía los labios, pero no diferenciaba las palabras. —No me siento bien—dijo Misrreal en mí mente. —Hemos estado separadas, cálmate que ya estamos en casa—dije a mi Loba intentando reconectarme con ella. Me sentaron en el sillón de la sala. Hice señas varias veces de que mis sentidos no estaban del todo coordinados. Tarde unos minutos en poder hablar correctamente.  —Vi lo que Gerard De LaCurt le entregó a Azrael—dije lentamente cuando mi cuerpo me lo permitió. Los insultos hacia el antiguo Rey Vampiro no tardaron en llegar. Mi mirada fue a Francis, pero no era de reproche sino de apoyo.  O al menos eso esperaba porque la verdad no estaba segura de poder controlar bien mis gestos. —¿Contra qué nos enfrentamos?—preguntó Philips poniéndose delante de mí. Sus anillos brillaban todos. Pude notar al fin la cantidad de energía que había a mi alrededor. Todos mis hijos estaban alertas ante un posible ataque. A lo lejos vi a Demian junto a Evangelique y a Bastian al otro lado del salón, a su lado estaba Olybia con cara de pocos amigos. —Toda la familia está lista para pelear—dijo Mis con orgullo y algo de miedo. —Un collar—dije mirando a todos a mi alrededor—un collar que contiene ciento ocho gotas de sangre, conteniendo así el espíritu de ciento ocho Seres—dije recordando las bestias que estaban encerradas en el collar. Almas que no pueden descansar en paz. —¿A qué te refieres con conteniendo el espíritu?—preguntó John con rapidez la duda que se les generó a todos.  —Una gota de sangre sirve para algo más que unir dos almas, sirve para encarcelarlas—dijo Francis imponiéndose ante los demás en el salón. —Un antepasado tuyo encerró a ciento ocho Seres diferentes dentro de un collar, bien, ¿contra qué peleamos?—preguntó Philips parándose en frente del Rey Vampiro. Ann se colocó al lado de Francis dándole su apoyo. Miré a Kathe y ella con rapidez hizo cambiar la música que sonaba a nuestro alrededor. Paz. Absoluta paz. Me abracé a Sebastián unos segundos hasta que vi que todos volvían a prestarme atención. —¿Por qué estás así?—preguntó Julie tocando mi frente. —El poder del collar es energía maligna, tan pura como contraria a la mía, soy un Ser de luz y vida, ese collar solo contiene oscuridad y muerte—dije con calma, aunque intente hacerlo con claridad sentía mis párpados demasiado pesados. —Debemos dejar que mamá descanse, hablaremos con ella cuando su energía espiritual se haya recuperado—dijo Ann en la mente de todos. Sin esperar respuesta Sebastián me cargó en brazos y me llevó hasta nuestra habitación.  Pude sentir a varios de mis hijos dentro, pero el cansancio me consumió apenas toque el colchón. Me desvaneci sin poder controlarlo.
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