Capítulo 7: Evangelique

1264 Words
Estaba algo mareada, pero al despertar me di cuenta que estaba en un lugar completamente desconocido, en una cama específicamente completamente desconocida.  Me senté en el borde intentando escuchar las voces que se oían a lo lejos. Todo me llegaba confuso y no pude distinguir con claridad lo que decían. ¿Un hospital? Estaba en un centro médico o algo parecido, aunque la cama tamaño king no es de ese estilo. —Hola pequeña, tranquila aquí nadie te hará daño, las paredes están selladas para que no se pueda oír nada de ambos lados—dijo una voz que no se me hizo desconocida, pero realmente aún me sentía mareada. —¿Estás bien?—preguntó otra voz, otra mujer. —Yo me siento algo mareada, confundida, ¿Dónde estoy?—pregunté al final intentando reconocer alguna información del lugar donde me encontraba. —Estás en nuestra casa, mi hijo te dio un golpe con el auto y te trajo aquí para asegurarse que estuvieras bien—dijo la primera mujer con calma. Si, me golpeé en la calle al intentar cruzar. —¡Usted es la Reina!—dije un poco más alto de lo que debería cuando me di cuenta que lo que sucedió no era un sueño. —Así es Evan, soy Reichel Luchestember y mi hijo es Demian, tu compañero destinado por la Diosa Luna, te encuentras en perfecto estado de salud, te dejaremos a solas para que hablen, eres bienvenida en mi casa—dijo ella al final y pude escuchar como besaba a alguien. La puerta se cerró unos segundos después, sentí como el colchón se hundía a mi lado. Aleje la mano cuando alguien intentó tocarme. —Lo siento, no ha sido mi intención asustarte—dijo el hombre que me había golpeado con su auto. Demian Bleer Luchestember, un Príncipe el cual es mi compañero destinado.  ¿Saben lo que eso significa? —No soy digna de ti, entenderé si quieres romper tu unión conmigo—dije conteniendo unas lágrimas que se me intentaron escapar. —No sabes nada, el que no es digno de ti soy yo—dijo Demian y eso me sorprendió. —Tu eres un Príncipe, yo soy una simple humana, no soy nada especial—digo poniéndome de pie, agrandando la distancia entre ambos. El se acercó a mí y tomó mi mano. —No soy digno de ti, estoy maldito desde mi nacimiento—dijo Demian sin mover sus labios.  La voz de él llegó a mi cabeza causándome escalofríos.  Sus labios eran suaves, pero permanecieron inmóviles mientras su voz se escuchaba. —¿Cómo?—pregunté sin saber qué más decir. —Mi voz es destructiva, si digo una sola palabra lastimó a todos a mi alrededor—dijo él nuevamente sin mover los labios. —¿Cómo puedo escucharte?—pregunté intentando comprender cómo es posible que lo pueda escuchar. —Proyecto mis pensamientos a tu mente, para que así escuches una voz—dijo él a modo de explicación.  Moví mi mano por su rostro, atreviéndome a verlo aún cuando no le había pedido permiso. Tenía una cara cuadrada, con barba de algunos días, desprolija y abundante, la nariz tiene un tamaño adecuado para su rostro y cuando moví mi mano más allá del rostro lo escuche gruñir. El gruñido más sexy que escucharé en mi vida entera. Pase mi mano hasta su nuca y masajee la zona. —Creo que te equivocas, no estás maldito, solo prefieres callar y te gusta el silencio—dije pegando mis labios a los suyos. El beso inició suave, sus labios tomaron los míos con delicadeza. Cuando nos separamos desee ser más hermosa. Tener más busto, mejor cadera, una sonrisa especial. Era común, nada extravagante ni delicada o voluminosa, solo lo necesario para hacer saber que soy mujer. —Eres hermosa, dime ¿que debo hacer para que me des una oportunidad?—dijo él abrazándome repentinamente. Me puse nerviosa al sentir todo su cuerpo pegado al mío. Cada centímetro de él completamente trabajado, su cuerpo completamente listo para el sexo.  —Creo que no nos pondremos de acuerdo, yo creo que no soy hermosa y seria yo la que debo preguntar qué necesito para que me des una oportunidad—dije intentando abrazar su cuerpo, los brazos no me llegaban a tomar toda su espalda. —¿Evangelique serias mi esposa?—preguntó él repentinamente alejándose de mí. Quedé sorprendida por sus palabras e intenté dar un paso adelante buscándolo, pero él estaba ahí, arrodillado delante de mí. Me puse a su altura y comencé a besarlo. Primero torpemente porque no encontraba sus labios, pero luego él vio la urgencia que llevaba y subió de nivel las cosas. Me puso en la cama y me besó mientras recorría mi cuerpo con ambas manos. Yo no me quedé atrás y toque cada uno de los músculos que estaban en todo su cuerpo. —Eres mía—dijo Demian cuando acabamos de hacer el amor y al principio no lo entendí, pero al sentir el punzamiento en mi cuello lo supe. Demian Bleer Luchestember me había unido a él.  … Desperté acalorada. Sentía unos brazos sujetándome con firmeza desde atrás. —¿Demian?—pregunte bajo para no despertarlo repentinamente.  —¿Sientes dolor?—preguntó él acercándose a mí oído. La voz ronca que llegó a mi mente me hizo estremecer, pero no de miedo, sino de deseo. Hicimos el amor en esa posición. Me volví a quedar dormida entre sus brazos al acabar. Completamente segura que entre sus brazos estaría a salvo. … Estaba sola en la cama cuando desperté, intenté encontrar mi celular, pero no pude hallarlo.  Encontré el baño y lo usé. Al salir de allí me sentí mareada y unos segundos después Demian estaba a mi lado. —Perdón, me fui durante mucho tiempo—dijo él en mi mente. —Estoy bien, debe ser que tengo bajo el azúcar—dije intentando encontrar una explicación para mi mareo. —No es eso—dijo él acomodándose en la cama. —¿Qué es entonces?—pregunté con rapidez teniendo algunas ideas locas pasar por mi mente. No era posible que este embarazada, ¿o sí? ¿Los Lobos ya pueden sentir a sus hijos? Solo pasaron un par de horas. Yo no uso ningún método anticonceptivo y Demian tampoco lo uso, pero no estoy segura de que eso funcione en Lobos. —Hasta pasar tres o cuatro días de nuestra unión debemos permanecer juntos o ambos podríamos salir heridos—explicó Demian en mi mente, su voz llegaba calmada y serena. Eso hizo que mi cabeza deje de maquinar sobre pequeños bebés Lobos. Mientras me hablaba me daba besos en el cuello donde él antes me mordió uniéndome a él.  —Debo pedir unos días en el trabajo—dije al darme cuenta que serían unas mini vacaciones con él.  —Sería una buena idea, quiero preguntarte tantas cosas, conocerte mejor, los Lobos nos sentimos atraídos a nuestras compañeras destinadas por un olor, pero ese instinto es tan primitivo a veces que no nos damos tiempo de aprender del otro—dijo él en mi mente. No me cansaré de escuchar su voz de esa forma. —Yo también quiero conocerte, pero es increíble como sabiendo tu nombre solamente ya siento que se todo de ti—dije montandolo con cuidado. Él me ayudó y terminamos haciendo el amor.  Él es mío y yo soy suya, desde ahora y hasta el fin de sus días. 
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