2

1038 Words
¿Qué le pasa a este chico? Ni siquiera tenía algo coherente que responder cuando un silencio incómodo nos envolvió. ¿Qué podía decirle? ¿Que había sido una completa estúpida que había confiado en un hombre cuando tantas veces me lo prohibí? ¿Que aunque vi todas las señales nunca quise aceptarlo porque el temor a estar sola era más fuerte que saber que estaba siendo engañada? ¿Que no sé cómo estar bien? ¿Que ni siquiera me siento mal por ser una cuernuda delante de toda la escuela sino por no saber cómo estar bien conmigo misma? No le iba a decir nada de eso porque claramente no le interesaba. Pero sus palabras causaron que todos los recuerdos de aquel día llegaron a mi mente como un torbellino. — Vamos a buscar a Mitch, necesito verlo —mi voz salía entrecortada por la falta de aire a causa de la agitación. A mi lado Amaia solo rodaba los ojos y corría junto a mi. El cuarto de cambio de los chicos estaba en la otra punta del colegio pero no podía esperar más para decirle a Mitch como había conseguido dos entradas para ese concierto al que tanto él quería ir. — Espera — me detuvo Amaia cuando estabamos a unos pasos de mi destino. El ruido que provenía de los baños era atronador. Jalé del brazo a mi mejor amiga y nos dirigí hacia allí. — ¿Qué pasa? — preguntó Amaia viendo el tumulto de estudiantes parados frente a la puerta impidiendo el paso. Nadie respondió, nadie sabía lo que pasaba, o tal vez nadie quería decírmelo a mi. Un mal presentimiento inundó mi pecho y algo me decía que saliera de allí pero mi cuerpo no se movía, quería no, necesitaba saber que estaba pasando, o quizás, solo quería confirmar lo que ya sabía. Las voces se apagaron cuando la puerta fue abierta y dejó ver lo que tanto alababan los chicos de afuera. Mitchell salió con una sonrisa perfecta, esa que me daba a mí cada vez que terminábamos de hacer el amor, esa que me regalaba cuando estábamos cenando con su familia, esa con la que me decía que me quería y que era la niña de sus sueños. Tras él una chica rubia completamente ruborizada salía arreglándose el uniforme con cara de vergüenza. Amaia tiró de mi brazo para retroceder pero mi cuerpo no reaccionaba, no podía moverme, no lo podía asimilar. No me dolía, no dolía nada porque muy en el fondo lo sabía. Sólo tenía una pequeña molestia y esa pregunta que me había atormentado desde el comienzo de nuestra relación que me gritaba a voces que ¿Qué iba a hacer yo sin él? Y no era que lo necesitase para respirar, simplemente es que no sabía quién era sin él, no sabía cómo estar sola, no sabía cómo afrontar otra perdida, otro abandono. No quería pasar por eso de nuevo. Hasta que su mirada me encontró y la alegría que emanaba desapareció para sentir culpa, una culpa que yo no necesitaba ni quería, una culpa con la que se podía quedar porque sabía que realmente no la sentía. — Shiloh — fue lo único que dijo antes de caminar hacia mí. Esta vez no me quedé inmóvil, me dejé arrastrar por Amaia hasta estar fuera de la escuela. Observé por última vez al chico frente a mi que todavía me miraba sin expresión y con su cigarrillo antes de levantarme y dirigirme a Amaia. — Dame las llaves — ella negó pero yo fui más insistente — Dame las llaves. Cuando finalmente las tenía en mis manos caminé hacia el coche de mi amiga sin molestarme en despedirme o mirar atrás. Encendí el auto y fui al único lugar donde podría calmar el remolino de emociones que estaba corriendo dentro de mí. Tal vez estaba huyendo. Quizás era lo que más hacía, pero no iba a quedarme a presenciar como un completo extraño me humillaba. Esto no comenzó con Mitchell engañandome por más de un año, no, comenzó mucho antes, cuando sólo tenía diez años, cuando otro hombre me engañó y me dejó sin más, comenzó desde ese momento. Comenzó cuando dejaron abandonada a una niña. Una niña que no comprendía lo que sucedía, una niña que ha día de hoy sigue sufriendo por esa pérdida. Parqueo el coche frente al lago que tantas lágrimas mías había presenciado y corro hasta su final dejando la pequeña cabaña abandonada atrás. Me acuesto en el final del pequeño puente dejando mis pies desnudos para que el agua los envuelva y me permito precenciar la magia del hermoso cielo encima de mí. Observo todas las estrellas que bañan el cielo y respiro profundo sintiendo el aire que va entrando en mi pulmones. Nadie sabe que siempre vengo aquí, no creo que a mamá le haga mucha gracia saber que su hija está en un lugar abandonado en medio de un bosque, pero es el único lugar donde puedo tener esa paz interior. No odio la vida, ni a las personas. Cada ser humano es complejo y tiene su forma de aceptar y vivir su vida. Algunos golpean, otro ofenden, otros discuten y mucho ignoran, eso es lo que hago yo, ignoro a todo aquel que me quiera hacer daño. Muchas personas no saben estar bien consigo misma y eso está bien, lo entiendo, sé de primera mano que no es fácil encontrarse, encontrar tu ser y quién eres realmente, por lo que lo dejo estar, dejó que las cosas tomen su cauce sin forzar nada, de nada servía discutir con aquel chico sabiendo que muy en el fondo tenía la razón. Me paso al rededor de una hora mojando mis pies y respirando el aire fresco antes de adentrarme en el aterrador mundo real que me espera. Mamá no dice nada cuando me ve llegando sola a casa y en lo profundo se lo agradezco. - Me alegra que estés comiendo - la sonrisa sincera de mi madre me hace devolverle una idéntica cuando terminó mi Sandwich. Mañana será lunes, otro día, otro infierno personal que vivir en la escuela, y no sé si estoy preparada para eso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD