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1247 Words
Trato de evitar las miradas que me lanzan todos los estudiantes y me concentro en llegar a mi salón de clases. Me despido de mis amigos me adentro al salón sentandome en la última fila junto a la ventana. ¿Qué puedo decir? No entiendo nada de lo que dice el profesor de matemáticas y mi único escape es observar las afueras. — Buenos días muchachos, hoy se incorpora con nosotros un nuevo estudiante — el profesor Wood acomoda todas sus cosas en su mesa sujetando por el hombro al primo de Daryl —. Les presento a Damián Lennox, espero que lo hagan sentir bien. Si claro, ¿Cómo no? Debería ser al revés. Vuelvo a dirigir mi mirada hacia la ventana hasta que siento un movimiento a mi lado. «NO PUEDE SER» — grité para mis adentros — «ESTO NO ME ESTÁ PASANDO» Damián ni siquiera se molestó en saludar cuando se posicionó a mi lado. — Señorita Bennett si no le interesa mi clase puede salir — dejé de mirar el pájaro que caminaba afuera para observar al profesor Wood. — ¿Qué? — Que si mi clase le parece lo suficientemente aburrida puede salir. Nunca había sido una chica maleducada, nunca le había faltado al respeto a ningún profesor, es que realmente a nadie, ¿Pero hoy que importaba? No tenía ganas de estar en esta clase y menos de escuchar al profesor Wood decir cosas que mi cerebro no procesaba. Así que sin más me levanté lista para marcharme cuando me fijé que en uno de los bolsillos de la mochila de Damián había un paquete de cigarros, lo agarré aprovechando que el profesor seguía hablando y él parecía lo bastante entretenido con su vómito matemático como para prestarme atención. — Disculpe profesor, no es usted, es su horrible materia — justifiqué antes de dejar atrás el salón y la cara de espanto del profesor Wood . Entré al segundo salón donde sabía que iba a estar Daryl con Amaia y pidiéndole permiso a la profesora que estaba ante el aula cogí el encendedor que le había pedido a Daryl por mensaje. Corrí escaleras arriba hasta llegar a la azotea abriendo el candado con una de mis presillas. Este lugar lo habíamos descubierto Amaia y yo de pequeñas, no es que estuviese oculto, era que la entrada estaba prohibida para los estudiantes. Caminé hacia un costado, el que más alejado estaba y donde no daba el sol para prender un cigarrillo. No fumaba, había aprendido en una fiesta y solo lo había vuelto a repetir dos veces más ante los nervios de los exámenes finales. Pero ese sentimiento asfixiante dentro de mí pecho a cada rato se hacía más molesto. La vida a veces podía ser una mierda, pero nunca dejaría de ser bella. Tenía planes de graduarme, ya había escrito mi solicitud para la universidad de Oxford ese era mi sueño, estudiar allí y convertirme en una gran historiadora de arte. Sabía que tendría que dejar a mi mamá para irme al otro lado del mundo pero... ¿Era mi sueño no? Observé el cielo y aunque no pude mirar mucho debido al sol sentí ese sentimiento de paz en mi interior. —¿Se puede saber que mierdas haces con mis cigarrillos? — una voz aguda me sobresaltó haciendo que soltara el cigarro que segundos antes tenía en la boca. La figura de Damián apareció ante mí dejando ver la molestia que desprendía su cuerpo. — Que susto me has dado, ¿Por qué tienes que aparecer en silencio? — él ni siquiera respondió tratando de destruir mi existencia con su mirada —. Si quieres te compro un nuevo paquete, ya me fumé dos cariño, queda uno solo - contesté con toda la calma que logré encontrar. — No sabía que eras una ladrona. — Más claro, no sabes nada de mi — aseguré. — Deja de mostrarte tan sufrida y dolida, eres patética a nadie le interesa tu supuesto dolor — sus palabras ni siquiera causaban rabia en mi, no me interesaban en lo más mínimo. — ¿Eso mismo te escuché decir ayer o es ilusión mía? — recordé —. Para que a nadie le interese mi supuesto dolor estás muy enfocado en que no lo deje ver al mundo. — Solo quiero que veas lo patética que te ves — dió un paso hacia mí y agarro lo que quedaba de la caja de cigarros. — Es ahí donde te pregunto ¿Qué te importa? — Me dan asco las personas que les gusta dar lástima — una carcajada brotó de mí dejando su cara como un poema. — Yo no le quiero dar lastima a nadie, y ya que es de tu interés, no estoy fingiendo nada simplemente soy así — caminé hacia él —. Me alegra saber que albergas en tu muy solidario corazón algún sentimiento por mi — le di la espalda para largarme y terminar con esta estupidez pero me detuvo. — El profesor Wood quiere que hagamos un trabajo qué juntos, pásame tu número y te envío tu parte, no es necesario volvernos a ver. — No, pues gracias - ironicé tendiéndole mi móvil. — Escríbeme — y sin más desapareció. ??? Llevaba todo el día sentada en el mismo lugar. Después de largarse Damián volví a mi sitio y no me moví hasta la hora de marcharse. No tenía miedo a enfrentar el mundo que me esperaba abajo, pero sentía un cansancio que no sabía cómo explicar. Así que cuando finalmente el timbre sonó y todos comenzaron a marchar a sus casas decidí bajar de mi escondite. Los pasillos estaban vacíos y lo agradecí. Afuera me esperaban algunos truenos y me fijé en lo negras que se veían las nubes, ¿Cómo antes no me había dado cuenta? Iba a llover y ni siquiera tenía paraguas, le había enviando un mensaje a Amaia diciéndole que se podía ir que ya estaba en casa solo para evitar preguntas y ahora un torrencial de agua me iba a caer encima. Comencé a caminar lo más rápido que pude cuando las primera gotas comenzaron a mojar mi ropa y empañar mi vista. «Mierda» - si había algo que odiaba es que lloviera cuando estaba fuera de mi casa. A cada segundo que pasaba la lluvia iba aumentando su fuerza y en menos de un minuto estaba completamente empapada y no iba ni por la mitad del camino a casa. — Sube — una voz a mi lado me hizo brincar y gritar a la vez. — ¿Qué te pasa con eso de andar asustando a las personas ?— le grité a Damián cuando llegó a mi lado en una moto negra. — Sube — demandó de nuevo —. O puedes irte mojando igual, como prefieras. Me quedé inmóvil en mi lugar por su brusquedad, ¿Por qué era tan cortante? ¿Acaso era así con todo el mundo o solo era algo reservado para mí? Él me observó un minuto más y arrancó su moto dejándome bajo tanta agua. —¡ ESPERA !— logré gritar antes de que desapareciera. Él me tendió un casco sin mediar palabra y yo me lo puse sin rechistar, no estaba en condiciones de recalcar lo horrible que era su comportamiento. — Agarrate fuerte — fue lo único que tuvo que decir para que lo abrazara con toda la fuerza del mundo.
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