No odiaba las motos, de echo me gustaban un montón, pero bajo esta lluvia manejar era algo sumamente peligroso y yo todavía no estaba preparada como para perder la vida.
— Una cuadra antes que la de Daryl —mencioné ya que él no preguntaba.
Todo el trayecto fue en silencio. No había mucho que decir y la tensión de su cuerpo no dejaba mucho que desear.
Él no quería esto, solo lo hacía yo que sé ¿Por educación?
Ya había entendido que yo no le gustaba.
Moví un poco mi mano derecha hacia bajo y un estremecimiento me recorrió todo el cuerpo cuando sentí su piel desnuda bajo mi tacto.
Le había subido el pullover tratando de agarralo fuerte y ni siquiera me había dado cuenta.
Quité mis dos manos de él y eso hizo que mi cuerpo se desestabilizara un poco haciéndome tambalear.
— NO TE SUELTES — el grito de Damián pudo haber levantado a todo el vecindario y mis músculos se tensaron por el susto —. Agarrate o te caes — no lo pensé dos veces y volví a color mis manos en su cintura.
«Mierda»
— Aquí — anuncié cuando llegamos a mi hogar — Eeeh — traté de formular algo coherente cuando pero él solo se acercó demasiado como para que mi corazón ya acelerado latiera a millones por segundos —Gracias — logré decir cuando salí de mi bálsamo pero él ya se había largado.
«¡ Que grosero !» — quería gritarselo, ¿Pero quién me escucharía?
— Shiloh cariño — gritó mamá apenas entré —. Dios mi amor mira cómo estás , vas a coger un resfriado —pasé junto a su lado dándole palabras tranquilizadoras solo para poder llegar a mi habitación y desacerme de esta ropa que me asfixiaba.
Me di una ducha larga con el agua super caliente tratando de quitar el frío que me carcomía los huesos.
— Shiloh — mi madre estaba sentada en mi cama cuando salí del cuarto de baño.
— ¿Qué pasa?
—¿Quién era ese chico que te trajo? Se veía guapo— conocía a mi madre tan bien que sabía cuándo me mentía o lo que buscaba con sus palabras.
— Es solo un conocido de la escuela que se brindó a tráeme cuando me vio despavorida en medio de este aguacero, sabes cuánto odio que llueva cuando no estoy en casa — expliqué sin más restándole importancia.
Ella asintió y después de darme veinte sermones sobre la alimentación me dejó sola en la habitación con el recado de que Amaia me había llamado más de tres veces.
—¿Qué pasa chica?- pregunté cuando mi mejor amiga respondió su celular después de tres timbres.
— Joder Shiloh, odio cuando desapareces de esa forma, me vas a matar del susto — si había alguien dramático en esta vida esa era obviamente Amaia.
— Solo estaba cansada Ama, todo está bien.
— Bueno, ¿Sabes quién pregunto por ti?
— Si fuese adivina sería millonaria Amaia, desembucha y deja la intriga.
— Damián — un silencio se acomodó entre las líneas y mi corazón calando volvió a desenfrenarse —. Le preguntó a Daryl por ti.
—¿Qué hizo que?— fingí inocencia — Si es de lo más grosero conmigo, seguro le sacó información a Daryl para seguir torturandome con su existencia.— evité contarle que me había facilitado el camino hasta casa y el encuentro de la mañana.
Después de diez minutos de charla colgué el teléfono y abrí el chat de Damián. Ni siquiera tenía foto de perfil en el w******p. Era un jodido extraño.
Shiloh: Hey
No sabía que esperar, no estaba segura de si iba a responder así que cuando iba a dejar mi celular de lado oí el sonido de una notificación.
Damián: ¿Te podías tardar más?
«¿Qué? ¿Estaba esperando a que le escribiera o que le pasaba?»
Shiloh: No estoy de humor para tus malos tratos, envíame la tarea e ignoremonos de nuevo.
Damián: Nunca nos hemos ignorado.
Shiloh: Verdad, que tú no me ignoras, me humillas.
Damián: Decirte verdades no es humillarte.
Shiloh: Lo que sea, el documento.
Segundos después vi como llegaba un archivo en PDF y me dediqué a leerlo sin entender absolutamente nada.
Shiloh: ¿Qué se supone que tengo que hacer? No entiendo nada.
Damián: Si no te hubiese ido como una rebelde de la clase entenderías.
Shiloh: Si no fueses tan imbécil y me explicaras entendería.
Espere unos minutos más pero él no escribía, me había dejado en visto y sin ninguna explicación. Genial, desaprobaria una tarea insignificante de matemáticas.
Coloque una película hasta que lograse conciliar el sueño pero lo único que invadió mi cuerpo fue un hambre voraz.
El mejor Sandwich de la vida me lo acaba de preparar cuando una notificación llegó a mi teléfono.
Damián: Ábreme, estoy afuera.
«¿Qué? Espera... ¿QUÉ?
¿Es que se volvió loco?
Además, seguía lloviendo a cántaros. »
Damián: Me vas a abrir o me vas a dejar mojandome.
Corrí hacia la puerta con la esperanza de que fuese una broma pero ahí estaba él, frente a mi completamente empapado con su cabello cubriéndole los ojos, se veía tan sexy... si no fuese tan odioso!!!!
- ¿Me dejas pasar?
«¿Es que no podía dejar de ser tan grosero?— casi se lo digo pero me arrepentí, no necesitaba más discusiones este día.
—¿Qué te hace pensar que te dejaré entrar a mi casa a estas horas de la noche? - pregunté.
— No vine a verte Shiloh, te vine a enseñar.
— ¿Enseñar qué? — tal vez estaba sonando como una estúpida pero su aparición todavía me tenía impactada y su voz dejaba volando a mi imaginación.
— Los ejercicios de Matemáticas — recordó.
— Aaah, sí, claro, eso — era una estúpida por dejar que mi cerebro pensase otra cosa.
— ¿Dónde está tu habitación? Quiero quitarme la ropa — sonrió de lado dejándome más confusa y dándome a entender que sabía perfectamente lo que había pensado.
— ¿Qué? ¿Te has vuelto loco? Mi madre está durmiendo justo allá arriba si te encuentra aquí a estas horas solo Dios sabe el lío que me voy a buscar — traté de llevarlo a la salida de nuevo pero ni siquiera se movió —. Sé que no lo entiendes, tienes pinta de esos malotes que andan en motos y que no le importa una mierda nada, seguro no tienes que dar explicaciones, pero yo sí cariño así que por favor. - señalé la puerta pero él solo me observó.
— Lindo pijama y qué lindo que me digas cariño — se estaba burlando de mí y a su vez estaba ignorando mis peticiones —. Si me vas a recibir así cada vez que venga a estas horas mejor me aparezco todos los días.
Traté de reclamar de nuevo pero fue imposible.
— Tu habitación — exigió —. Necesito quitarme esta camisa, me está asfixiando.
Y aunque una parte de mi gritaba que me metería en graves problemas y que no dejaba de ser un completo desconocido por ser sexy accedí.