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1021 Words
Logré dormirme una hora después. Mi cabeza no dejaba de darle vueltas a lo que había sucedido con Damián. No había respondido más, no sabía que decirle, no tenía palabras y no podía evitar la molesta sonrisa que no desaparecía de mi rostro. — Buenos días mamá — saludé al acercame a la cocina. — Buenos días, ¿Se puede saber que causa tanta alegría? — pasé por su lado para recoger mis mis cereales favoritos. — Nada — mentí. — Si no me lo quieres contar está bien, pero no me mientas — le regalé mi mejor sonrisa y salí rumbo a la escuela. ¿Ya había dicho que el camino era largo? Pues ir en bicicleta solucionaba todos mis problemas. No era un Ferrari pero me hacía llegar a tiempo. — Miren quién llegó — la voz de Amaia me hizo detenerme. — Chicos — saludé. — ¿Soy yo o estás sonriente? — susurró Amaia alejándonos de los demás. — Ilusión tuya. Caminamos todos juntos y aunque traté de evitar buscar a Damián con la mirada fue imposible. Quería preguntar dónde estaba pero ¿Por qué razón iba a hacerlo? —¿Piglet eres tú? — una voz me sobresaltó cuando me acomodé en mi silla. — Joder Damián, ¿De dónde saliste? — De un armario mágico. « ¿Nunca dejaría de ser tan molesto? » — Si viniste a molestar te puedes ir con el mismo impulso. — Que agresiva Piglet, que agresiva. — No me digas así, deja de burlarte — acusé. Iba a decir algo cuando el profesor de Matemáticas apareció pidiendo los trabajos. — Señorita Bennett, espero que lo hayas realizado. — Claro que sí Señor, siempre lo hago — se lo entregué con la mejor de las sonrisa ignorando su mirada de desprecio. — Bien. La clase culminó después de varios minutos de tortura y no volví a cruzarme con Damián en todo el día. ??? El día escolar culminó y me dediqué a buscar mi bici para para marchar a casa. — Shiloh, vamos al café — pidió Amaia por tercera vez antes de largarse en su coche. — Que no — repetí —. Debo hacer unas cosas. Ella asintió después de protestar dos veces más y finalmente se marchó. Coloqué mis audífonos y dejé que la música envolviera todos mis sistemas antes de emprender camino a casa. Justo iba a subirme en la bicicleta cuando un auto n***o freno frente a mi. « ¿Qué carajos? » Podía haber esperado cualquier cosa, un secuestro, un ladrón, un asesino, cualquier cosa menos el hombre que se bajó del auto. — Shiloh — fue lo único que necesite escuchar antes de subirme a la bici y desaparecer de ese lugar. Pensé que estaría a salvo lejos de él pero parece que el destino no pensaba lo mismo. No había avanzado casi nada cuando una de las ruedas de la bicicleta fue pinchada. El susto me invadió haciéndome perder el equilibrio y caer al suelo. — Mierda — grité. « ¿Es que no podía huir como la cobarde que era y ya? » — Shiloh — otra voz llegó hasta mis oídos y agradecí que no fuese la de minutos antes —. ¿Pero que te ha pasado? Damián bajó de su moto con rapidez y yo levanté mi cuerpo del sucio piso. — Estaba besando el suelo — respondí —. Estaba aburrida y decidí saludar el sucio piso. — No seas tonta... — su voz se disipó en mi mente cuando el auto del que huía volvió a estar en mi campo de visión. — Llevame a un lugar — pedí —. Ahora Damián — grité cuando él no se movía. Subí a su moto tras su asentimiento y desaparecimos del lugar. Ya buscaría luego la bicicleta. — ¿A dónde? — Fuera del pueblo... al lago. El camino transcurrió en silencio y después de unos siete minutos ya habíamos llegado ami destino. No quería explicarle nada, no quería que supiese nada y rezaba para mis adentros que no sé hubiese dado cuenta de lo que había echo. — Shiloh — su voz más que de curiosidad era acusatoria —. Detente. No detuve el paso hasta que estuve al final del puente. — Te estoy hablando. — Y yo te estoy escuchando — solté. Un minuto pasó en silencio hasta que sentí su cuerpo en movimiento tras de mí. —¿Qué haces? — intenté formular pero ya su cuerpo estaba sumergido en el agua — ¿Acabas de lanzarte al lago con lo frío que está? ¿Te has vuelto loco? — Tal vez, ¿Por que no pruebas? — su cuerpo nadó hacia atrás alejándose a cada rato de mi. Mire su ropa a mi lado y efectivamente se había quitado todo menos el boxer. « Oh dios » — Nunca, está congelado. — Eres una miedosa Piglet. — No soy ninguna miedosa, solo cuidó mi salud — me defendí —. Cosa que veo no sabes hacer. — ¿A que le tienes miedo Piglet? — preguntó — ¿Al agua? ¿O a mi? Sabía lo que estaba haciendo. Me estaba provocando, me estaba retando y sabía que yo caería. — A la mierda — susurré antes de quitarme la ropa y quedar solo con la interior. Salté al agua hundiendo mi cuerpo para que el impacto fuese una sola vez. — Ves — murmuré acercándome —. Ni a ti, ni al agua. —¿Qué dices? No te escucho desde aquí. Todos sabíamos que era una mentira, más ninguno lo corrigió. — No te tengo miedo a ti — repetí cuando estuvo a centímetro de su rostro —, ni al agua — mi respiración se entrecortó pero no me detuve —. ¿Así? ¿O más cerca? — Más cerca diría yo — acercó su cuerpo debajo del agua al mío hasta envolverme entre sus brazos. Mi corazón se aceleró y sentí el rubor viajando hasta mis mejillas. « ¿Qué carajos estaba haciendo con este chico bipolar?»
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