Todo en la vida debe ser cuidado, porque ello, en cada pequeño rincón residen las emociones de cada persona, recipientes que guardan recuerdos, anécdotas tristes o felices que son partes de nuestra vida, de los altos y bajos, de cada paso seguro que hemos dado y las caídas que nos ha tocado soportar, por ello, los sentimientos son como la tierra, cultivables, deben ser cuidados y reforzados con dedicación y entusiasmo para que terminen y den frutos, por años uno de los mayores errores es dar por sentado el hecho de que plantar la semilla brindará con seguridad fruto, y he ahí el problema, ahora, con años de descuido a su corazones, sentimientos y propia valía.
Alex está descubriendo que sus campos se han vuelto áridos y sus flores marchitas, se decidió tanto, en cuerpo y alma al jardín y frutos de otro que descuidó los suyos al punto de ahora no saber con el páramo que se le presenta, su vida podría ser descrita como el despecho de un huracán y la furia de un terremoto juntos, dejando sólo devastación a su paso, dolor, angustia y sobre todo pérdida, la pérdida lacerante que no se calma con nada, el sentimiento de abandono que no le abandonará por un tiempo, incluso las lágrimas de duelo, porque más que perder a cualquier persona o cosa, nada como el dolor y desdicha de perderse a sí mismo, de saber que incluso cuando otros quisieron herirte, que clavaron sus cuchillos en tu pecho y quemaron el jardín de tu alma, la culpa, de que fuiste sólo tú quien lo permitió te comerá vivo, logrará roer desde lo profundo, levantarás una muralla para protegerte y, finalmente te darás cuenta que todo está perdido.
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PÁRAMO:
La oscuridad parecía demasiada, el apartamento lúgubre y la luz en falta, la tarde cae sobre Londres, y la nieve amenaza con caer, abre los ojos y mira hacia la nada, el incesante sonido proveniente de la cocina, donde la llave del fregadero mal cerrada dejaba escapar un gota de agua que hacía eco por el lugar, recordando lo solitaria que era su vida en estos momentos.
La punzada llega con la misma fuerza que hace una semana atrás, Alex aún no lograba salir del completo estupor, parecía que el hecho de comprender era difícil.
«Demasiado», pensó.
Había salido hace quince días del hospital, directo a su departamento y encerrado como si de una fortaleza se tratara y la única capaz de mantenerlo a salvo, no quiso hablar con nadie, no escuchó palabra, una vez Vincent había sido conducido fuera de su habitación de hospital, se encerró dentro de sí mismo y su mente pareció quedarse en blanco sin razón aparente, método de defensa, le dicen algunos, Alex no quería pensar, porque dolía, no quería recordar, porque quemaba, no quería sentir, porque podría morir, realmente podría, todo esto hasta que llegó a su departamento, para ese entonces parecía que estaba pasando por alguna etapa de duelo, Alex transitó con total amargura y cayéndose a pedazos, el dolor, la culpa, incluso llegando a meterse de cabeza contra la pared llamándose idiota y llorando.
Alex mantenía su expresión estoica, envuelto entre suéteres y mantas que apaciguaron el frío que sentía, no es el cuerpo, sino el alma, le había dicho una vez su madre mientras le acariciaba el cabello y le explicaba porque la señora Rosbelt, su vecina, parecía no tener ganas de nada después de que el señor Rosbelt se fue al cielo, Alex era pequeño en aquel entonces, y con total inocencia intentó hacer sonreír a la señora Ros, como le decía de cariño, esta le había mirado a lo ojos y puesto a su altura dejando un beso en su frente, con manos arrugadas acarició el pequeño rostro y se fue, Alex supo un mes después de que la señora Kim se había ido al cielo, tantos años junto al señor Rosbelt y su muerte, no fueron fáciles de llevar.
Y ahora estaba recordando todo en el peor momento, porque le daba unas terribles ganas de llorar y echarse literalmente a morir cual damisela en época victoriana, mientras pensaba cómo podía haber sido tan idiota y cómo era posible que después de saber la amarga realidad de su amistad y el tipo de hombre que había amado por años, aún así, aún así no lograba odiarlo del todo
Miró a un lado, sentado en el sofá de la sala del apartamento, entre la oscuridad como hace exactamente tres horas atrás, a su lado uno de los sillones, cercano a la puerta del balcón, ese donde por años Vincent tomó como posesión personal y usó como santuario para fumar sus sagrados cigarros en momentos de estrés durante adolescencia, Alex vivía solo desde los quince, así que por un largo tiempo su vida se redujo a Eliott, Matt, Lucian, la universidad después el trabajo, y por encima de todas esa cosas, Vincent.
Alex quería creer haber llegado a un consenso consigo mismo, los primeros días después de salir del hospital, le tomó especial aprecio a tomar largos baños en la tina y respirar hondo mientras se hundía y volvía a salir tomando largas bocanada de aire, esperando pacientemente a que las frías aguas le brindaran escape y respuestas, Alex sintió como el frío calaba, su piel prácticamente se abría y las lágrimas caían sin parar mientras la única pregunta que podía formular su mente era.
¿Qué hice mal?.
La pregunta del millón, la que atormenta y te hace quedarte hasta altas horas de la madrugada llorando, la que ha puesto a mujeres y hombres a prácticamente rezar de rodillas para quien sea el culpable del estallido de emociones y la fragmentación del alma sea alejado de su camino, porque han sido tan maltratados, tan rotos que sólo quieren alejarse con el corazón temblando, rogando que sólo los dejen en paz, mientras los que no entienden se encargan de gritar que estás equivocado, que no es para tanto, que no debes sólo ponerte así por alguien que no te valora.
Pero piensa en que tú sí lo hiciste, lo valoraste a tal punto de darle tus sueños, incluirlo en tus metas, lo valoraste lo suficiente para querer hacerlo feliz.
¿Desde cuándo amar se convirtió en algo tan horrible?.
¿Desde cuándo el ser humano se volvió un ser lo suficiente despreciable para no importarle acabar con las esperanzas de alguien?.
Alex no lo sabe, pero entonces no podría culpar a alguien por ser desconfiado, por temer volver a querer, y que el resultado sea el mismo, él fue uno de ellos, recuerda juzgar a quienes decían sufrir por amor, algo hipócrita viniendo de alguien enamorado de su amigo hetero, pero él lo hacía por su cuenta y porque lo había elegido, pero, cuando el sufrimiento es causado por otro, por alguien que amas, la ecuación cambia, se tergiversa el resultado y todo parece morir.
El infierno se abre, las puertas dan paso a los peores demonios.
Estaba herido, dolía y quemaba, se sentía roto.
Todo mientras cientos, miles de recuerdos lo golpeaban con fuerza dejándolo terriblemente vulnerable. Por años fue de los que puso cualquier sentimiento ajeno sobre los propios, Alex vivió para otros, y se olvidó de sí mismo, durante su adolescencia y adultez.
«—Alex.»
Alex recuerda alzar la vista y mirarle a los ojos, bonitos y oscuros, de los que él simplemente nunca podía dejar de mirar y siempre buscaba no perder de vista, ladeó la cabeza instándolo a hablar, ese día Alex había llorado mucho, la esperanza de conocer un chico que le llevara si bien no a olvidar a Vincent si a apaciguar la amargura de no ser correspondido, pero el chico lo sabía, y le dijo a Alex que con él, o lo amaba o se alejaba, porque no era plato de segunda mesa ni premio de consolación para nadie.
Alex en ese momento estuvo lo suficiente molesto para creer que el chico era un idiota, insufrible, incluso creído, pero ahora, años después en soledad no estaba seguro.
«—No llores—había dicho Vincent después de que el rubio le contara que Mark le había terminado—No me gusta verte llorar—le abrazó—Estoy aquí Al...—le besó la frente—Al final del día, siempre estaré aquí, soy el único que nunca podría lastimarte»
—Maldito mentiroso—gruñó bajo, con la voz gruesa y la garganta dolorida de llorar.
Durante toda la primera semana Alex había recibido cientos de llamadas entre los chicos y...Vincent, primero eran sólo una al día, era como el tocado de timbre sutil para dejarle saber su presencia, una que con el paso de las horas y para el cuarto día había llegado a otro nivel, pasando de llamadas a mensajes de voz en la contestadora que él como total masoquista oía con la esperanza de que alguien, de que Vincent le dijera que todo había sido una falsa, una horrible puesta en escena, algo que nunca llegó, Vincent sólo le gritaba y culpaba de todo, no tomaba responsabilidad por mentir, ultrajar sus sentimientos y barrerlos por el lodo, Alex lloró en un rincón entre el odio, el dolor y la culpa.
Por que sabía que él le había dado ese poder, Alex le brindó las cartas a Vincent para destruirlo.
«—Ya pagará—había dicho Eliott entrando al balcón y tomando asiento a su lado hace dos días, el rubio había alzado la vista y mirado, con su bonita sonrisa tambaleante, su cuerpo delgado y esbelto abrazado por un pantalón oscuro y una camisa limón a juego con zapatos de vestir—Estarás bien.
Ahí estaba Eliott, a su lado sonriendo e intentando que no se rindiera y eso lo hizo sentir mal, triste, más de lo que ya estaba porque sabía que se estaba esforzando para acompañarlo en su dolor, sin embargo, Alex, él, sólo quería volver a llorar.
—No estoy seguro, Lio—susurró, Eliott respiró hondo intentando no volverse sólo un poco loco, y arremeter contra Alex que sólo era una víctima, pero es que no entiende, o no quiere entender la actitud de su amigo.
—Llevas días así, Alex—gruñó intentando no sonar duro, fracasando estrepitosamente—No comes, no duermes, pareces un jodido muerto.
—¿Y?—preguntó bajo, casi poco audible, Lio quiso gritar y llorar al ver los ojos de Alex volverse rojos y las lágrimas luchar por no salir, en momentos como esos quería ir a donde Vincent y golpearlo muy duro—¿Qué quieres que haga?—dijo Alex, parecía realmente curioso como si quisiera la respuesta, eso a Eliott no le gustó.
—Quiero que seas feliz.
Pero Alex no había tomado bien, sino como una imposición, y el dolor habló.
—No pienso sonreír y reír para complacerte.
—Nunca te he pedido eso.
—El hecho de que señales y critiques la forma en que me estoy comportando parece eso.»
Eliott se había ido, Alex había vuelto a su soledad, para cuando la noche cayó y sólo en ese entonces divisó el sobre sobre la mesa y dentro de este, boletos de avión.
Ahora, Alex suspiraba, "Deja de dramatizar y hablemos", " ¿Por qué no contestas?". "¿Acaso me culpas?". Alex, somos amigos", esto no es nada, sólo una estupidez, volvamos como antes.
—Estoy cansado.
Alex alzó la vista, encontrando el único retazo de luz en todo el lugar, ese tono anaranjado que irrumpía desde el balcón entre las puertas entrecerradas, Alex se levantó y respiró hondo, lento y fuerte dejando que su pequeña mano descansara sobre esta antes de que con el corazón latiendo a mil y una pequeña llama de decisión y valentía abriera la ventana para dejar que el viento y la luz dieran en su rostro.
Alex lloró, por lo hermoso que se veía el cielo, y porque pese al frío y pese al lúgubre clima, ahí estaba el sol, hermoso y dándole una última mirada a la tierra, para darle paso a la luna, la luz se va y la oscuridad cae, pero al final del día, la luz volverá a salir.
Creo que debes tomarte un respiro, comienza a vivir, había dicho Matt, conciso y corto en un mensaje de voz dejado después de miles de llamadas sin contestar.
Alex miró al cielo y se dijo a sí mismo que avanzar es difícil y aún imposible, pero mientras, podría sólo respirar.