Capítulo 4. Pasadizos y secretos.

2565 Words
-Helena Hawthorne- Miro a Ana con el pecho apretado y el aliento contenido. —¿Cómo…cómo te atreves? —jadeo de indignación cuando la escucho. No puede ser que ella me esté mencionando a Archer, no cuando todo este día ha sido una mierda imparable. —Helena, por favor… Su súplica no me interesa. Ella está de parte de los rebeldes. —¡Por favor, nada! ¿¡Cómo te atreves!? —grito, sin poder contenerme—. ¿Vas a matarme? ¿Es eso? ¿Tan rápido corren las órdenes? —Por favor, no es lo que crees. Yo soy más que una rebelde…y Archer… Que lo confirme lo vuelve peor. Y que diga su nombre con semejante irreverencia me deja sin paciencia- —No menciones su nombre con tanta familiaridad. ¡Ustedes lo mataron! ¿A dónde pretendes llevarme?, ¿a ver su puto cadáver? —Archer no está muerto. Escucharlo hace que retroceda dos pasos, como si hubiera golpeado una dura pared que me hizo detener todo. Los ojos se me llenan de lágrimas y la voz no me sale aunque trato de hablar. Me duele el pecho y las rodillas se me debilitan por milésima vez hoy. Ana me mira con desesperación. Junta sus manos ante mí y me mira con los ojos anegados en lágrimas también. —Archer no está muerto —repite—, está herido y está inconsciente, pero no muerto. La guardia personal lo sacó de la capilla antes de que la última explosión lo destruyera todo. Hace un tiempo te comenté que hay toda una red de pasadizos por toda la isla, uno de ellos está en la capilla y hay órdenes estrictas que seguir en este tipo de circunstancias, aunque nunca, hasta hoy, había sido necesario llevarlas a cabo. —No está muerto —digo, asimilando las palabras y obviando a conveniencia el resto de información que ahora no me interesa, no más que la confirmación primera. —La reina Clarissa siempre tuvo claro lo que algún día pasaría, no vivió lo suficiente para detener esto, pero lo preparó todo a la perfección. Entrecierro mis ojos sin poder evitarlo. Que hable de la reina Clarissa de esa forma me hace sospechar. Muchas cosas me pasan por la cabeza, pero ya no sé quién es amigo o enemigo. —La reina Clarissa —digo, a modo de afirmación. Ana asiente. —La red de espías de la reina es muy amplia. Ella sabía que este momento podría llegar. Por ello dejó indicaciones claras, para cuando intentaran hacer lo que hoy sucedió. —Tú eres una rebelde. Ana niega. —Yo soy parte de una corte diferente. La corte que lideraba mi reina y que ahora, puedo poner a tu disposición. Otro paso en retroceso. Froto mis ojos para ver si estoy soñando o esto es real. Miro a Ana, a la mujer que me dio su confianza y se ganó la mía, pero que es una completa desconocida, que manipuló todo lo que estaba sucediendo conmigo. En mi mente se repite cada momento que me hizo desconfiar, cada secreto que me dijo, cada ayuda que me ofreció. —No estoy entendiendo nada, Ana. Y cada vez quiero verte menos. Porque acepté sus consejos, me guié de sus recomendaciones y en parte, por ellas, me mantuve alejada de Archer, cuando todo pudo haber sido diferente entre los dos. —Soy una doble agente, me infiltré en el movimiento rebelde hace años, pero siempre fui leal a mi reina. Mi familia era servidora leal de los Hadsburg, Helena, tu familia…y aunque los Hawthorne llegaron al poder de manera irregular, Clarissa demostró, a mi ver, que respetaba lo que tantos años había pasado. Ella fue la que te encontró, la que supo de tu existencia. Por ella, el barón y el duque lanzaron su plan para ponerte en el trono, pero todo fue orquestado por la reina realmente. Me quedo sin aliento, no puedo creer todo esto. Qué no ha sido manipulado en mi vida, ¡por Dios! —¿Quién más sabe? —Archer solo supo tu verdadera identidad el día de la boda. El rey Evander sabía quién eras y lo que significabas para el reino, pero no estaba al tanto de las maquinaciones de su esposa. Me dejo caer en una de las butacas cuando no aguanto más el peso de mi cuerpo. Me abrazo a mi vientre y vuelvo a mirar a Ana. —La reina sabía que yo estaba embarazada, le dijiste. Eso no lo dudo. Y Ana no me miente, ella asiente. El amargo de la verdad me aprieta la garganta. —Confié en ti. —Y me ocupé de retribuir esa confianza, aunque ahora no lo creas. Nunca pude convencer a la reina de que eras de fiar, que no eras una más de ese movimiento que tanto mal ha traído, pero contuve sus intenciones. Archer y tú siempre han estado destinados, se conocieron antes de que todo se hiciera efectivo, pero ahí fue donde la reina comenzó a desconfiar. Yo le aclaré que no tenías idea, que estabas ajena a todo. La reina no me quería, eso era evidente para mí. —Intentó mantener a raya los sentimientos de Archer, pero eso no fue posible. Y el día de la boda, una hora antes de la tragedia, me dijo que se había equivocado al decirle a su hijo que tú eras el enemigo; solo que no le dio tiempo retractarse. Pienso en Archer y nuestra conexión en ese barco, antes de que nos dieran la noticia del desastre y nos alejáramos una vez más. Me recorre un escalofrío cuando recuerdo sus ojos, su mirada, su calor que me arropó de maneras sorprendentes y aliviaron ese dolor persistente en mi corazón por el miedo al rechazo. —Pero tú sabías que esto pasaría —le recuerdo, porque cuando me dijo que no confiara en Archer me lo advirtió. Ella niega. —Sabía que existía un plan más ambicioso, pero no tenía detalles. Cuando los reyes murieron nuestra red se movilizó y solo por eso, por las indicaciones ya dispuestas, pudimos rescatar a Archer. Tenemos una ventaja que nadie sabe. Y por eso estoy aquí, para que tú lo sepas, para que formes parte y para que nos guíes. —¿Guiarlos? Asiente. —Eres la reina. La reina verdadera. La legítima heredera del trono de Astley y llevas contigo el hijo de Archer Hawthorne. Nadie más que tú debe ocupar ese lugar y el movimiento rebelde no se quedará tranquilo hasta salirse con la suya. Mucho más si llegan a saber que estás embarazada. Mis dedos se aferran a mi vientre plano. Me aterra lo que pueda pasar una vez se sepa todo esto. No puedo con tanta información, me abruma, pero lo hace mucho más el hecho de que Archer no esté muerto y que Ana pueda llevarme con él. —¿Cuántos son los espías como tú? —Más de lo que crees. Y en cada rincón de esta isla. —¿Quiénes son el enemigo? Además de los que ya reconozco. Ana baja un poco la cabeza. —El movimiento rebelde tiene una estructura celular. Cada célula se subordina a un nivel superior, pero no se conocen entre ellas. Yo soy parte de una, junto conmigo, Diana y Bruno, pero poco más sé. Bruno, ¿el chofer? Diana, ¿la otra chica que me ayudaba en la casa? ¿En algún momento no estuve rodeada? Pienso en todas las personas que conocí este tiempo. El conde y el marqués, por supuesto, también están implicados. —Necesito saber quiénes son mis enemigos dentro de este palacio. —Eso lo haremos, confía en mí. La miro sin saber qué decirle, no puedo afirmar, no puedo negar. No puedo confiar. —¿Dónde está Archer? —pregunto al fin, entendiendo que hoy y ahora mi prioridad es él. Cuando esté a su lado, cuando lo vea con mis propios ojos, valoraré mis opciones, lo que debo hacer y lo que es mejor para mí y mi hijo. —Puede acompañarme. Me dedica una sonrisa y no toma rumbo a la puerta, va hasta el vestidor. En esta habitación, que es la de Archer, su vestidor pega con el mío, pared con pared. Entonces recuerdo algo. —¿Cómo entraste? Le dije a Briar que no quería a nadie aquí. Ana se gira y me mira por encima del hombro. —No por la puerta principal. Sonríe y se mete en el vestidor. La sigo con cautela. —Estas dos habitaciones se comunican por aquí, pero solo unos pocos conocen el lugar exacto y lo que hay en medio. Toca al fondo del vestidor, una placa de material liviano. Se hunde un poco y luego abre la pequeña puerta. Está oscuro y se ve que a cuatro pasos hay otra pared. Ana entra y lo señala. —Este es el acceso al vestidor de la habitación contigua. Recuerdo el día que entré a la habitación y la vi a ella en el vestidor, sé que me resultó raro, pero no vi nada en ese momento. Ahora entiendo todo. Llego al límite de la compuerta. Frente a Ana hay un pasadizo, uno que está en medio de los dos vestidores. —Esta es la salida más segura que existe en esta ala, la otra está en los aposentos de la reina y el pasadizo va directo al puerto. Este lleva hasta el centro de las conexiones y luego tiene tres caminos. Uno de ellos lo conocerá hoy. Sus ojos brillan con algo de emoción, pero también nostalgia. —¿Dónde está Archer? —repito, porque quiero detalles específicos. —En una casa segura que la reina habilitó poco antes de morir. Nadie tiene conocimiento de ello, solo la guardia más personal del rey Archer y, bueno, yo… Asiento, todo esto me parece irreal y quizás estoy yendo a mi maldita muerte, pero no voy a quedarme con las dudas. —¿Nos vamos? —pregunta mientras saca una linterna de una bolsa pequeña que lleva con ella. Miro mi vestido, que todavía llevo. Pesa demasiado y sé que solo me dará problemas, pero no me interesa, prefiero ver a Archer y confirmar con mis propios ojos que él vive. Me meto del todo en el pasadizo entre los dos vestidores y veo la manera en que ella superpone de nuevo la placa para que ocupe su lugar. La oscuridad se hace presente y solo cuando enciende la lámpara, veo por dónde vamos. —Solo tomará unos minutos salir del palacio, el resto del camino no es tan largo. No digo nada, solo la sigo en silencio. Ignoro los latidos furiosos de mi corazón y el aliento que me falta por estar debajo de la tierra. Podría sentirme claustrofóbica si no fuera la razón por la que tomo este camino en primer lugar. Avanzamos con paso lento. Nuestros pasos resuenan como eco y el olor a humedad aquí debajo es casi asfixiante. —¿Desde cuándo no se usan estas cosas? —Este en particular no se usa desde hace mucho tiempo. Tenemos prohibido el acceso los que conocemos su existencia, porque iba directo al ala del príncipe Archer. Ahora cambian un poco las cosas, pero todo depende de ti si se usará más o no. —¿De mí? Ana se detiene un segundo y se gira para verme. La luz de la linterna se extiende a su alrededor y crea un halo fantasmagórico que me pone los pelos de punta. —Eres la reina ahora, eres nuestra vía para hacer justicia. Somos muchos los que lamentamos todo lo que ha estado sucediendo y queremos venganza. No te pediré hoy una respuesta, Helena, porque sé que no tienes cabeza para todo esto en este preciso momento. Pero cuando analices realmente lo que estará sucediendo en el exterior, comprenderás que hay que hacer algo. Y hay que hacerlo bien. Ella retoma el camino y yo me quedo repitiendo sus palabras una y otra vez en mi cabeza el resto del tiempo que nos toma llegar a nuestro destino. O nuestra primera parada, en realidad. El estrecho pasillo se abre en una cámara con tres puertas más. En el centro hay lo que parece una mesa de piedra y sobre ella, un mapa. Un mapa hecho a cincel. Ana pasa la mano por encima. —Estos son todos los pasadizos. Es un mapa que dibuja todos los accesos que hay en esta parte de la isla. O la mayoría de ellos, los más antiguos. Los recientes no han sido actualizados. Hace mucho que nadie pisa este lugar específico, así que tiene todo el sentido del mundo. No digo nada, me quedo viéndolo todo como si estuviera metida en un cuento de hadas, con fantasía medieval y sin saber qué mierda hacer con tanta información. Y supongo que Ana ve justo eso en mi expresión, porque sonríe un poco y vuelve a retomar su camino. Se dirige hasta la puerta del medio. —Esta isla hace muchos años era consideraba un puente importante de comercio entre ambos continentes. ¿Te suenan acaso los corsarios y piratas? Pues esta era la manera de mantener a salvo todo lo que fuera de valor en la isla. Mucho más en esta zona, donde atracaban muchos barcos y no se sabía quién era amigo o enemigo. Con el tiempo se les dio otro uso y, en la anterior monarquía, por aquí fue que el heredero de la familia real pudo escapar. —¿Heredero? Pensé que era una hija. —Eso fue lo que ella misma me dijo cuando me vio aquella vez con el relicario—. ¿Me mentiste en eso también? Ana me dirige una mirada arrepentida. —Lo siento. Tenía órdenes de decirte lo que sabía. —¿Y no es la verdad? —pregunto y ella niega. —No, no lo es. Eso es lo que cree el duque y toda su gente. La reina, sin embargo, supo perfectamente que a quien sacaron de aquí fue a otro heredero, un niño. Un niño que podría reclamar su trono algún día. —¿Qué se hizo ese niño? Sería mi abuelo, si no tengo mal entendidas las relaciones del árbol genealógico. —Lo sacaron al exilio. Lo mantuvieron oculto. Con los años tuvo una hija. Mi madre. Mis ojos se llenan de lágrimas y no entiendo bien el motivo. ¿Por qué lloraría?, ¿por algo que no conocí?, ¿por el amor que nunca me dieron? No quiero saber si me entregaron a conveniencia. Si lo hicieron para retornar el poder a un apellido que por años estuvo silenciado. Como sea, me tengo a mí misma. A este bebé que espero y a Archer, si es verdad que está vivo. No me hacen falta detalles de personas que me vieron solo como el medio para el fin. Soy más que un activo, ahora soy una reina. Y, aunque el objetivo siempre haya sido eliminar por completo el apellido Hawthorne de la familia real, por más que sea una Hadsburg, llevaré el nombre de mi esposo con orgullo. Y mi hijo o hija también. No se me perdió nada cumpliendo los caprichos de una partida de gente interesada que me entregó cuando era solo un bebé indefenso.
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