Perfecto Desconocido

2498 Words
Los latidos de mi corazón son lentos, pero fuertes, retumbando en mi pecho, zumbando en mis oídos con fuerza. El dolor se esparce por todas partes, al punto que hasta el simple hecho de respirar resulta casi una tortura, es una sensación parecida a mil agujas hincando tus costillas cada vez que inhalas un poco de aire. Tengo que irme antes de que empeore y este chico se dé cuenta de lo que está pasando, debo llegar a casa.  Me pongo de pie y camino rápidamente hacia la puerta, dispuesta a irme. -       ¿Estás enojada? – pregunta confundido - ¿te irás como si nada? – en menos de un minuto lo tengo frente a mí - ¿acaso el ratón te comió la lengua? – bromea, pero decido ignorarlo, prefiero que crea que soy grosera a que me vea como un fenómeno - ¿me vas a decir lo que te pasa o me harás averiguarlo? – intenta tocarme y me sobresalto, no lo dejo hacerlo. -       T-tengo que irme – digo intentando no ahogarme con mis palabras. Con mi mano izquierda rebusco en el bolsillo de mi pantalón, fumar puede calmarme hasta que llegue a casa, pero, como es típico en mí, la mala suerte está de mi lado y junto con la cajetilla caen algunos de los papeles de fotografía rotos. Todo es un desastre.  Incluso en las labores más mínimas fallo. Mírate, no puedes hacer nada bien. No. Respira. No. Te. Dejes. Vencer. Jalo mi cabello con fuerza y respiro pesadamente. -       Todo está mal, todo está absolutamente mal, tengo que irme – repito y el extraño sostiene con seguridad mis hombros, su mano se dirige hacia las mías, quitándolas con cuidado de mi cabello, tomándolas como si fueran lo más delicado que sus manos han tocado alguna vez. -       Tranquila – susurra de una forma tan dulce que me hace recordar al ronroneo de un gato casero – Respira conmigo – me pide iniciando los ejercicios de respiración que sé de memoria. -       No quiero que me veas así, puedo estar sola – digo rechazando su petición, aunque él tampoco parece estar dispuesto a dar su brazo a torcer, pues ahora toma mi rostro con ambas manos. -       No lo dudo. Tú puedes estar sola, pero no quieres estarlo. Ahora mismo necesitas a alguien y aquí estoy. Déjame ayudarte – con su pulgar limpia algunas lágrimas que cayeron de mi rostro – Tranquila, no te dejaré sola, respiremos juntos ¿sí? Todo va estar bien. Me concentro en mis respiraciones, él dirige el ritmo de los tiempos entre la inhalación, retención y exhalación. Parece que este chico tiene experiencia en técnicas de relajación, aunque no parece tener ansiedad, quizá lo jugué mal. Entonces, por primera vez en diecinueve años ocurrió algo distinto dentro de mis momentos de crisis. Solía aferrarme a mí misma, en un intento desesperado de controlar mis emociones, pero hoy descubrí que él tenía razón: necesitaba a alguien. Rodeó mi cuerpo con sus brazos, a pesar de mis débiles intentos de resistirme, hasta que terminé cediendo, e incluso me animé a corresponder a su abrazo. Él me estaba consolando en medio de mi ataque de pánico. Y estaba funcionando. -       Sólo respira y recuerda que no estás sola, estoy aquí contigo – habla en voz baja, pero firme, haciéndome sentir su compañía, me hizo sentir segura, a salvo – te daré rivotril para que te ayude a calmarte. ¿Te parece bien? -       Qué vergüenza me da todo esto – digo sentándome en su cama y cubriendo mi rostro. -       Oye – dice separando mis manos y levantando mi rostro, pone la píldora entre mis labios, la coloco debajo de mi lengua esperando que pronto haga efecto en mi organismo – no es algo de lo que debas avergonzarte, todos tenemos demonios a los que nos enfrentamos día tras día. -       ¿Por qué estás haciendo todo esto? – pregunto sin entender, un extraño me está apoyando muchísimo más de lo que lo ha hecho alguien de mi propia familia. -       Porque, querida extraña, nadie merece estar solo en su peor momento, y mucho menos alguien tan linda como tú – responde con naturalidad. -       ¿Y qué hacías por ese barrio? – pregunto desviando el tema. Pensar en otras cosas distintas a mi familia o lo que acaba de ocurrir me ayudará a sentirme bien. -       ¿Son celos? – se burla con una media sonrisa arrogante – Tenía que hacer unas entregas por esa zona, ¿puedo saber lo que hizo la persona a la que le destrozaste la entrada de su casa? -       ¿Intentas controlar mi círculo social? – intento devolverle la broma – Intuyo que ya te diste cuenta de que tuve un día complicado – suspiro y decido contarle el desastre en el que consistió mi mañana, no veo el sentido de mentirle ahora, a fin de cuentas tenía razón, hablar con extraños resulta… fácil y liberador. -       No soy experto en lo relacionado a relaciones interpersonales, pero dudo que destruyendo la fachada de la lujosa casa de tu psiquiatra haga que te recete nuevamente rivotril – sonríe de una forma divertida, haciéndome saber que está bromeando conmigo. -       Lo sé, estaba muy enojada con él y con el mundo, me dejé llevar y no pensé en las consecuencias que podría traer. Estoy jodida – suspiro y vuelvo a caminar hasta el lugar donde se encuentran mis pertenencias en el suelo, guardando la fotografía y sacando dos cigarrillos de la cajetilla, le ofrezco uno, el cual acepta gustoso. -       ¿En verdad te ayuda? – pregunta con curiosidad. -       Pues claro, si no ayudara dudo que hubiese tantas personas adictas a esto – respondo señalando el cigarro – aunque claro, tampoco es que me enorgullezca. -       No me refería a eso, sino a tu psiquiatra, ¿sientes que has mejorado desde que iniciaste tus sesiones con él? – demonios, ¿es posible que este individuo se preocupe más por mí que las personas con las que comparto lazos de sangre? Mi abuelo jamás me ha preguntado algo así, simplemente lo que Eric diga es ley y debe obedecerse sin cuestionamiento alguno. -       Hablando con toda la honestidad del mundo, no realmente, es muy rutinario todo, las mismas preguntas, el mismo discurso de siempre, aunque distintas medicinas – respondo y doy otra calada a mi cigarro. -       Ustedes los ricos son muy graciosos – opina riendo - ¿le sigues pagando a un idiota que no puede hacer bien su trabajo? -       No es tan sencillo como suena – le explico – en realidad es algo complicado. -       Me gusta lo complicado - responde - mira, no te obligaré a que me cuentes tus problemas, pero no te sientas avergonzada con un vendedor de drogas juvenil. -       No, no es eso – niego con mi cabeza – soy la marioneta de mi familia, dependo de mi abuelo para todo y … la verdad no me importa. O no lo sé, nunca me he puesto a pensar en ello realmente. -       Es una suerte que sea un extraño y tenga tiempo – exclama fingiendo sorpresa – dispara. Bueno, ¿qué puedo perder? Suspiro y doy una respiración profunda. -       Tengo miedo. Creo que es un excelente resumen. Y en palabras largas: temo estar perdiendo mis mejores años de vida, tengo miedo de no ser feliz nunca, me aterra la idea de quedarme sola y estancada; ver cómo los demás crecen y continúan con su vida… quizá casarse y tener hijos, y yo no sé lo que quiero, ni siquiera sé quién soy… ¿Por qué me miras así? – me detengo al notar que el castaño no quita su mirada de mí, aunque no logro descifrar su rostro. -       Perdona, no deseo sonar arrogante… En mi vida he conocido a muchas chicas, en general a muchas personas, pero nunca he visto a alguien que se parezca tanto a mí – dice sin poder reprimir su alegría - Es jodidamente aterrador pensar que quizá este es el mejor momento de nuestra vida y no lo estamos aprovechando como deberíamos, o que mañana podemos morir y no tendremos ningún buen recuerdo. -       O que podemos morir mañana y nadie lloraría en nuestro funeral – prosigo dudando en si quizá mis pensamientos se convirtieron en ideas muy turbias. -       Yo lloraría en tu funeral – responde y fuma de su cigarro. Y dicen que ya no existen los caballeros. ¿Es posible que este chico sea la respuesta de Dios a mis súplicas de hace unas horas? No encuentro otra explicación, es decir, apareció en el momento exacto para evitar que termine de arruinar mi vida – y la fachada de la casa de Eric – me trajo a su casa, curó mis heridas y por último y no por eso menos importante, fue un gran apoyo ante mi ataque de pánico. Los ángeles existen. Me desconcierta de sobremanera que alguien como él, a quien apenas conozco, y no sabe nada de mí, ni siquiera a mi nombre o mi casa, haya sido capaz de ayudarme más que todos los miembros de mi familia en diecinueve años. Además, compartimos muchas ideas y pensamientos, algo que no sucede con mucha frecuencia. Quizá es pronto para decirlo, pero me interesa este chico, me hace sentir normal. El tiempo es un concepto que considero subjetivo y extraño, ¿no te ha pasado que mientras estás en clase tienes la percepción de que han pasado dos horas cuando apenas fueron cinco minutos? O al contrario, decides hacer una pausa al estudiar y decides jugar con tu celular treinta minutos, cuando chequeas el reloj pasaron cuatro horas, aunque tienes la sensación de que apenas fueron unos minutos. Increíble ¿no? Experimenté una situación similar hoy, al percatarme de que ya estaba oscureciendo y por mucho que quisiera desaparecer de la faz de la tierra, debía volver a casa, me puse de pie y se lo hice saber a mi nuevo amigo sin nombre, le agradecí por todo disponiéndome a salir de su apartamento rumbo a casa. -Puedo llevarte – dijo dirigiéndose hacia mí – antes que me olvide, puedo arreglar tu fotografía, si estás de acuerdo. - Allison lo volvió un desastre, pero no tengo nada que perder – respondo arriesgándome y le entrego los demás pedazos de papel. El camino de regreso es silencioso, pero no por eso incómodo, es extraña la forma en la que me siento a gusto estando junto a un completo desconocido, la manera peculiar en que aparentemente nos complementamos, y entendemos todo el uno sobre el otro. Mi corazón se hunde al reconocer las calles por las que pasamos. No quiero despedirme, ni llegar a casa, me gustaría quedarme junto a él, conversando sobre nuestras dudas existenciales hasta al amanecer, quiero conocer todo sobre él. -En verdad muchas gracias por todo lo que has hecho por mí - digo cuando se estaciona en mi casa, bajo de la moto y le entrego el casco - créeme que no lo olvidaré. - Ni yo, fue divertido - responde y camino hacia la entrada - ¿en serio piensas irte sin siquiera decirme tu nombre? -¿Disculpa? – digo confundida – tú fuiste el que propuso seguir con el juego del misterio. - Sí, pero también me encanta meterme en problemas, y eso implica romper ciertas reglas – guiña su ojo y me da una media sonrisa seductora - ¿qué opinas, extraña? Incluso en los programas de adicción dicen sus nombres y se supone que son anónimos. - Eres un tonto – no puedo evitar reír ante sus palabras, me gusta que tenga una apariencia tan ruda y seria, pero sea capaz de decir comentarios así – pues creo que sería justo que tú también me digas el tuyo. Rasca su nuca en señal de nerviosismo, lo cual intuyo que significa que no está de acuerdo. Suspiro y me dispongo a entrar a casa de una vez para lidiar con lo que sea que ocurra dentro, hasta que grita para llamarme. - Ethan… mi nombre es Ethan – dice con timidez. - Es un gusto conocerte Ethan, mi nombre es Noelle – respondo con una sonrisa, con la esperanza que sienta seguridad conmigo. -Entonces ¿hasta una próxima crisis existencial? – pregunta poniéndose su casco. - Cuenta con ello, todavía tengo tu número – respondo y entro a casa. La sonrisa se borra de rostro cuando me percato de la presencia de mi familia sentada en la sala, todas sus miradas se centran en mí apenas cierro la puerta. Mis nervios están a flor de piel, no cabe duda alguna que tendré muchísimos problemas. -       Nos tenías muy preocupados, Noelle – empieza a hablar Nonna con preocupación en su voz - ¿has visto la hora que es? -       Lo siento, necesitaba tomar un poco de aire – técnicamente no es una mentira, ¿no? -       Descuida, Alex nos explicó todo lo que ocurrió – continúa ella, Oh Dios, maldita sea, se supone que me ayudaría, no que terminaría de hundirme - ¿te lastimaste mucho, Ellie? -       Ehh… yo… - balbuceo y miro a Alex en señal de auxilio, no tengo la menor idea de lo que está ocurriendo. -       Nada que no se vaya a arreglar en un par de días – responde Alex – la peor parte se la llevó Ally, una suerte que hayan estado juntas cuando ocurrió el robo en la plaza ¿no lo crees, Ellie? -       Debo admitir que fue valiente de tu parte haber defendido a tu prima, Noelle – habla por primera vez mi abuelo – no suelo decirte esto, pero, comienzo a creer que tienes salvación. -       Gracias, disculpen por haberlos preocupado, pero afortunadamente todo está bien, ¿no es así, Ally? – la miro fijamente con sorna, todo se paga en esta vida, perra, incluso creo que no es un castigo suficiente para todo lo que me ha hecho, pero al menos quedé libre de culpas. Robo en la plaza y una Noelle heroica defendiendo a su prima, excelente historia Alex – me siento agotada, iré a descansar a mi habitación. -       ¿Sin cenar? – exclama Nonna como si le hubiesen dicho alguna ofensa. -       Vamos mujer, no exageres, deja que duerma si lo quiere – responde mi abuelo en un tono indiferente. Tomo un baño de agua caliente para relajarme y cambio de pijama, una sensación de placer invade mi cuerpo cuando mi piel toca las cómodas sábanas de mi cama, realizo mi rutina de todas las noches: apago las luces de la habitación, dejando únicamente encendida mi lámpara de lava y pongo mis audífonos para escuchar música hasta dormir. Oh, me olvidaba, añadí un elemento más esta noche. Busqué entre mis contactos a “Desconocido Disturbia” y modifiqué su nombre por “Ethan”. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD