Más que palabras

2363 Words
Es un apartamento pequeño, apenas un ambiente funcional dividido entre todas las partes que se supone toda casa debe tener, no obstante, me siento feliz, y ella también, ha recuperado su radiante sonrisa. La música de Abba y bailes nunca faltan aquí. Caminamos hacia lo que parece un jardín de niños, una maestra me recibe sonriente, y me entretengo dibujando y escribiendo. Son apenas unos segundos, cuando la campana suena anunciando el fin de las clases. Y mi cerebro tenía muchas preguntas. ¿Por qué a muchos niños los recogían un hombre? Un padre. ¿Dónde está el mío? ¿Tengo uno? ¿Noah se encuentra bien? Finalmente el rostro de la mujer de mis sueños es rebelado en su totalidad, sus ojos azules me miran como si fuese lo mejor que le he ocurrido en la vida. Ese cabello oscuro, es idéntica a la fotografía. Es Lizzie, mi madre. Pese a la confusión que siento corro a abrazarla y sonrío, ¿qué diablos está ocurriendo? Es como si alguien más guiara mi comportamiento, o limitara mis acciones. Me carga unos instantes mientras conversa con la maestra, y después caminamos hacia la que parece ser nuestra casa. Terminando de comer me armo de valor para hablar con ella. -       Mami, ¿por qué estamos solas? – pregunto. -       No estamos solas, Ellie, hay muchas personas que se preocupan por nosotras, pero ahora están lejos. -       ¿Personas como Noah? -       Sí, como Noah – responde tardando unos segundos, creo que la estoy incomodando. -       En la escuela he visto que algunos padres van a recoger a mis amigos, ¿yo tengo un padre? -       Sí, lo tienes. -       ¿Noah es mi papá? – Lizzie sólo asiente y bebe un poco de agua - ¿Por qué le disparaste entonces? ¿Está muerto? -       Estás haciendo muchas preguntas, Noelle – responde frotando sus cienes – Noah es tu padre, y sí, está vivo. -       ¿Él regresará? -       No, mírame – se levanta de su silla para ponerse a una altura similar a la mía – imagino lo confundida que estás ahora, pero créeme que es lo mejor para ambas, intento hacerlo lo mejor que puedo Ellie. Y sé que lo extrañas, es lógico, a pesar de todo es tu papá. -       Noah no deje que lo llame así. -       Noelle, ahora eres muy pequeña para entenderlo, tu papá no es malo, él está enfermo, y mientras sana necesita estar solo. La persona que te dijo eso no fue tu padre, sino su enfermedad, tu padre es ese hombre que te hace oír canciones de rock y dice que eres el ángel de su vida. ¿Prometes que no olvidarás eso? -       ¿Y tú lo extrañas? Es el amor de tu vida. -       ¿”Amor de tu vida”? ¿Dónde escuchaste eso, Ellie? – se ríe – amo a tu padre, es cierto, pero no es el amor de mi vida, el amor de mi vida eres tú. -       Pero soy tu hija – respondo confundida. -       Vas a escuchar muchas veces que el amor de la vida de una persona es con quien se casará y tendrá hijos, pero no siempre es así, Ellie. El amor de tu vida no necesariamente debe ser la persona de la cual te enamores cuando crezcas, sino aquella persona que ames con toda el alma, puede ser un amigo, un hermano, o una hija, como en mi caso. -       Entonces tú eres el amor de mi vida, mami. -       Eres muy pequeña para saber eso. -       ¿Prometes que siempre estarás conmigo? -       En esta vida y las demás, mi cielo – responde – mira, hagamos algo divertido. Busca un marcador n***o y dibuja un corazón en su dedo anular, acto seguido dibuja uno en el mío. -       Juntas siempre – dice enseñando su corazón. Despierto sudada y confundida. Todos estos sueños, ¿puede que sean recuerdos? Odio no comprender nada de lo que fue la vida de mis padres, y detesto el hecho que no pueda comentárselo a nadie. ¿Mi papá estaba enfermo? ¿Por qué no me dejaba llamarlo papá? Suspiro y voy hacia el baño, mientras enjabono mi cuerpo observo mis tatuajes: el sol en la muñeca, las alas de ángel en la nuca, las estrellas en el tobillo, el corazón en el dedo anular, ¿es posible que haya una relación con mis padres? Pero ¿cómo puedo manifestar recuerdos a través de mis sueños? ¿Debería comentárselo a mis abuelos? La última vez que lo hiciste terminaste internada en un hospital psiquiátrico recibiendo terapias extrañas, si quieres volver a vivir todo eso, adelante, grítalo. Soplo delicadamente la taza para beber un sorbo de café, mi familia está hablando sobre algunos cambios inesperados en la compañía, al parecer un idiota a cargo de la supervisión de los medicamentos lanzó al mercado antes de tiempo un fármaco que prometía aliviar los efectos secundarios que causan las pastillas para tratamientos de enfermedades crónicas y/o autoinmunes, y tras un mes de consumo los pacientes han manifestado sentirse peor, incluso uno de ellos se encuentra internado en la unidad de cuidados intensivos en el hospital. Mientras Nonna se preocupa por la salud de aquellas personas, mi abuelo intenta calcular la suma de dinero que le dará a cada uno de ellos por compensación de daños. El dinero ayuda mucho, pero hay cosas que no puede comprar. -       Bueno, cambiemos de tema que no tenemos el placer de estar juntos mucho tiempo durante el día, Noelle ¿cómo te has sentido últimamente? – sostengo con ambas manos mi taza, del asombro casi se me cae, ¿es este sujeto mi abuelo realmente? -       Bien, nada nuevo, y en la universidad todo está en orden, sé que en estadística bajé un poco el promedio, pero voy a esforzarme más – respondo. -       Sé que estás poniendo tu mejor esfuerzo, pero me preocupo por ti, no por tus estudios, tontita – dice y comienza a asustarme. -       Me siento con más energía – miento para que deje de actuar tan extraño – incluso ayer dormí con todo apagado. -       Oh Ellie, esa es una excelente noticia – exclama Nonna. -       Y… ¿pudiste dormir bien así? Digo, hace mucho que no nos cuentas sobre tus sueños, tampoco se los dices a Eric. -       Porque no los tengo – vuelvo a mentir – al parecer la nueva medicación me está ayudando a canalizar mi ansiedad y eso hace que mis sueños sean más tranquilos, obtengo un mejor descanso y amanezco con mucha más energía, como ahora – agradezco tantos años de tratamiento con Eric para aprender a mentir con “bases científicas”. -       Bueno, me alegra oírlo – contesta antes de terminar su café. Mi abuelo está actuando muy extraño, será mejor que me vaya de casa y regrese después de la cena. Aunque no todo tiene que ser una mentira, una forma de evitar pensar en mis sueños y mis padres sería prestando atención a las clases, el dinero no falta en casa, sin embargo, el abuelo gasta mucho dinero en mi educación, odio mi carrera, pero valoro el esfuerzo y dinero que ha puesto en mí. Hoy será diferente. Rascal Flatts me acompaña durante el trayecto con What hurt the most, haciendo mi camino menos solo. Por más empeño que le pongo a las clases no logro atenderlas en su totalidad, me distraigo cada cinco minutos con cualquier cosa, aunque después de la gran discusión con el profesor Young decidí no volver a sacar mi teléfono mientras algún maestro explica la clase. La maestra Knight se explaya hablando sobre el psicoanálisis y el gran impacto que tuvo en la historia de la psicología, pues reconocía que había parte de la mente humana de la que el hombre no puede explicar: el inconsciente, un área mental en la que, según Freud, almacenamos traumas, recuerdos dolorosos que reprimimos, y una serie de factores que intervienen en nuestra personalidad sin que nos demos cuenta. He escuchado sobre esto antes, Eric es un gran fan de Freud, sin embargo, presto atención cuando menciona que muchas veces, los traumas o recuerdos reprimidos pueden volver a la consciencia a través de los sueños. Los sueños. Mamá y papá. El abuelo actuando de manera sospechosa. No puede tratarse de una simple coincidencia, pero antes de hablar y que crean que soy una lunática debo aclarar mis ideas, y comprender lo que está ocurriendo, mejor dicho, lo que ocurrió. Y tener mucho cuidado con disimular. Sea lo que sea, percibo que no es nada bueno. Una vez transcurridas las clases voy a la biblioteca, y busco todo tipo de información sobre la interpretación de los sueños y la hipnosis. Nunca fui una gran fan de Freud, sus teorías se basan en orígenes sexuales y tenía pensamientos sumamente machistas, sin embargo, parece que este hombre es mi única solución. ¿Podré hallar a algún psicoterapeuta experto en hipnosis dispuesto a ayudarme sin que el poderoso Nicholas Jennings se entere? ¿Hipnosis? ¿En serio Noelle? ¿No crees que estás yendo demasiado lejos? Mejor relájate, y anda a tomar un café con Emma. Los gritos de Chelsea, una de mis compañeras de curso me trae de vuelta a la realidad, todos se encuentran alterados, y el estridente sonido de una alarma se hace presente, no sabía que hoy teníamos un simulacro de incendio. La bibliotecaria nos pide calma y que salgamos con cuidado y orden de aquí. - ¿Qué está ocurriendo? – pregunto. - Llamaron de un teléfono desconocido amenazando con que habían puesto una bomba en la biblioteca, tenemos quince minutos para abandonar este piso. Gritos, llantos, lloriqueos se hicieron presentes, imagino que querrán verificar que sea información verídica, sin arriesgar la vida de nadie, por lo que nos ordenamos para salir hacia fuera de la universidad con la mayor calma posible, dadas las circunstancias. Imagino que suspenderán el resto de clases, es mejor que vuelva a casa. Camino hacia la estación de tren y me detengo un momento para sacar un cigarro de la cajetilla. - ¿Te vas tan rápido? - pregunta antes de quitarme mi cigarro de las manos. - ¿Qué mierda haces aquí, Ethan? – respondo enojada por su presencia. - Alguien estaba enojada conmigo, bueno, aún lo estás y creo que necesitamos hablar sobre lo que pasó ayer – me pide e inmediatamente muerde el piercing que tiene en su labio, parece que además de tonto, está nervioso. - No tenemos nada de qué hablar – digo cortando la conversación. - Es comprensible, aunque debo decir que será muy incómodo tener una cita con alguien que no habla. Intentaré verlo por el lado positivo, seremos mimos – contesta caminando a mi lado. - ¿Qué? - Dijiste que querías una cita... ¿No es eso lo que deseas? – pregunta mirándome a los ojos. - Sí, pero... - Estuve pensando sobre todo lo que pasó, y no tenía idea de que te sentías así, nunca quise herirte. Todo esto es nuevo para mí también. Soy un idiota y quiero compensarte – dice con pesar en su voz. - Buen intento, pero ese discurso lo hizo Emma – enarco mi ceja y bufo, incluso su manera de pedir disculpas es falsa. - En mi defensa debo acotar que ella es mejor que yo hablando – se justifica. - ¿Te das cuenta? Te importo tan poco que ni siquiera eres capaz de utilizar tus propias palabras para disculparte conmigo. - Practiqué muchas veces, no seas tan dura conmigo, sí me esforcé – dice como si fuera un niño pequeño defendiendo su tarea ante su maestra. - Yo no quiero palabras perfectas, sólo quería tus palabras, Ethan, todavía no lo entiendes, y dudo mucho que lo hagas. Olvida lo de la cita, sería en vano – me resigno a la idea de que él simplemente no es capaz de darme lo que le pido. - Vamos cariño, fue muy difícil hacer que lo de la bomba sea creíble – me detengo tras oír sus palabras. No es posible, no puede serlo. - Ethan... Dime que no... - Sólo hice una llamada, necesitaba que salieras de la universidad, ¿en qué momento te volviste tan estudiosa, babygirl? Todo el plan que tuve que armar para que salieras de la biblioteca. ¿No es romántico? Incluso es una historia que podríamos contarle esta historia a nuestros hijos – comenta mientras continúa caminando a mi lado. - Estás demente. - No lo dudo, pero quiero que las cosas vuelvan a ser como antes, ¿recuerdas lo genial que era hablar bajo las estrellas mientras escuchamos música? Extraño eso… Te extraño – dice levantando su mirada después de hablar, me da la sensación que en verdad le costó decirlo. - Son palabras muy lindas, y es bueno que hables sobre lo que sientes, pero no te creo Ethan. ¿Qué pasará cuando ese tal Derek u otro amigo tuyo nos vea? No me extrañas a mí, simplemente no quieres estar solo en las noches. Deberías buscar a alguien más. Adiós, Ethan – me despido y miro el horario de los trenes, gruño al notar que es un afiche antiguo, igual espero que no demore mucho. - ¿Qué tengo que hacer para que me creas? – pregunta. - No lo sé – contesto suspirando – en verdad no lo sé. Olvídalo, supongo que no es tan importante después de todo. - O´Connor – murmura. - ¿Disculpa? - Mi nombre es Ethan O´Connor, tengo 23 años, mi cumpleaños es el 16 de noviembre, odio el sushi. ¿Algo más que quieras saber? – pregunta jugando con sus dedos. - ¿Por qué? – contesto con otra pregunta. - Porque sólo es pescado crudo con un nombre elegante y no me gusta la comida cruda, acepté comerlo contigo únicamente porque parecías emocionada – contesta con una sonrisa adorable. - No me refería a eso… ¿Por qué me dices todo eso? - Porque realmente me importas, Noelle. 
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