Después de esa charla, algo parece cambiar en el ambiente. No es que todo esté resuelto, ni mucho menos, pero hay una sensación de alivio, como si un peso que llevábamos todos encima se hubiera hecho más ligero. David y Carter empiezan a tratarse de una manera más relajada. No son amigos, claro, pero el respeto mutuo está ahí, y eso es un buen punto de partida. Los días pasan, y lo que antes era una tensión constante entre los tres empieza a relajarse. Ahora David y Carter conversan de vez en cuando, y aunque sus charlas son superficiales la mayoría de las veces, están empezando una especie de relación que me sorprende y alivia al mismo tiempo. Una tarde, mientras estamos en la casa, David sugiere algo inesperado. —¿Qué les parece si cenamos juntos esta noche? —nos dice a ambos, mientra

