3. Pedazo a Pedazo.

1749 Words
Me quedo parada en medio del estudio, sintiendo que el aire se vuelve más denso, más difícil de respirar. David está de espaldas, mirando por la ventana hacia la calle oscura. El peso de sus palabras, de mi decisión, nos rodea como una niebla espesa. Me giro lentamente hacia la puerta, sabiendo que este es el momento en que todo termina. Cada paso que doy hacia la salida se siente como un golpe de martillo en mi pecho. Cuando llego al umbral, escucho un leve suspiro detrás de mí, casi inaudible. Algo en su tono, en su dolor, me detiene. Me doy la vuelta y lo veo; no el abogado frío y calculador, sino el hombre con el que compartí mi vida. La persona que aún, de alguna manera retorcida y complicada, amo. —Ada, espera —dice, girándose hacia mí. Su voz es baja, temblorosa, como si estuviera a punto de romperse. Lo miro, con mi mano aún en el pomo de la puerta. Sus ojos están llenos de una lucha interna que nunca antes había visto en él, una batalla entre el orgullo y el amor. Mi corazón se acelera. Esta es la última vez. Lo sé. Siento que mi cuerpo entero está listo para irse, pero hay algo en él que me hace detenerme. Una pequeña chispa de esperanza. —No puedo vivir sin ti —suelta de repente, y sus palabras caen como un mazazo en el silencio—. No quiero perderte, Ada. No quiero que te vayas. Un nudo se forma en mi garganta. Me duele escucharlo. Me duele más de lo que imaginé. Quiero que diga algo más, que me dé una razón para quedarme, pero sé que cualquier promesa fácil sería una mentira. Así que espero, le miro y veo cómo sus muros se derrumban. —Estoy dispuesto a hacer lo que sea..., a luchar contra mis celos, contra mi orgullo... contra todo lo que sea necesario, si eso significa que te quedes conmigo. —Su voz está cargada de una emoción cruda, real, que no puedo ignorar. —¿De verdad lo dices? —pregunto, sabiendo lo que eso implicaría. Sabiendo lo que estoy a punto de proponer. Su mirada me dice que lo sabe también. Él asiente, apretando los puños como si así pudiera contener todas las emociones que lo atraviesan. —Sí, lo digo en serio. Dime qué tengo que hacer, Ada. Respiro hondo. No quiero jugar con él, pero tampoco puedo retroceder ahora. —David, si quieres que me quede, tienes que aceptar a Carter. Tienes que aceptar que él es parte de mi vida, que yo lo amo de una manera diferente a la que te amo a ti. Veo cómo mis palabras le golpean, cómo le irrita por un momento. Su orgullo masculino, su ego herido, se derrumba frente a mis ojos. Pero David sigue de pie, inmóvil, sus ojos buscando algo en los míos. —¿Aceptar... tu relación con él? —repite, como si cada palabra fuera un clavo en su pecho. Asiento lentamente. —Sí, aceptar que amo a Carter también. No quiero mentirte, David. No puedo elegir entre ustedes dos porque ambos son parte de quien soy ahora. El silencio que sigue es insoportable. Puedo sentir su conflicto, la lucha en su interior. Pero luego, muy despacio, asiente. No es un movimiento firme, es más bien un gesto de derrota y de amor al mismo tiempo. —Está bien —dice al fin, con voz apenas audible—. Si eso es lo que hace falta para que te quedes, lo acepto. No sé cómo, no sé si podré manejarlo todos los días, pero estoy dispuesto a intentarlo. Porque prefiero tenerte a medias que no tenerte en absoluto. Mi corazón se contrae al escucharlo. Jamás pensé que podría llegar a este punto. Jamás imaginé que él llegaría a esto. Me acerco a él, mis lágrimas caen sin control. Tomo su rostro entre mis manos y veo la mezcla de dolor, amor y miedo en sus ojos. —¿De verdad, David? —pregunto de nuevo, buscando la verdad en su mirada—. ¿Estás seguro de esto? Porque una vez que aceptes, no habrá vuelta atrás. Esta es nuestra nueva realidad. —Sí —responde, cerrando los ojos un momento como si necesitara fortalecerse para pronunciar la siguiente palabra—. Te lo prometo, Ada. Estoy dispuesto a todo. Lo abrazo, sintiendo su respiración temblorosa contra mi cuello. Su abrazo es fuerte, desesperado, como si estuviera aferrándose a la última esperanza de salvar lo que una vez tuvimos. No sé cómo funcionará. No sé si estaremos bien o si esta decisión nos romperá aún más. Pero por ahora, lo que sé es que estamos dispuestos a intentarlo. Y en esta extraña mezcla de amor, celos y deseo de pertenencia, tal vez, solo tal vez, podamos encontrar un camino que no habíamos visto antes. Quizás, solo quizás, haya una manera de seguir adelante, juntos, aunque sea de esta forma inesperada y... complicada. El silencio en el estudio se disuelve en un instante cuando siento los brazos de David rodearme con una intensidad que no había sentido en años. Nos quedamos así, aferrados el uno al otro, como si el contacto pudiera curar todo el daño, como si pudieran sanar todas las heridas abiertas. Mi respiración es errática, y puedo sentir su corazón latiendo tan rápido como el mío. David me mira fijamente, sus ojos son oscuros y llenos de un deseo que había olvidado que existía entre nosotros. De repente, todo lo que nos ha separado parece pequeño, distante, irrelevante frente a este momento. Sin pensarlo dos veces, nuestros labios se encuentran, primero con urgencia, luego con una lentitud desesperada, como si tratáramos de redescubrirnos el uno al otro, de explorar ese territorio perdido. Me toma por la cintura y me acerca más a él. Siento su cuerpo contra el mío, su calor, y una corriente eléctrica recorre mi piel. Me levanta ligeramente, y de un solo movimiento, me sienta sobre el borde del escritorio. Su boca baja por mi cuello, lenta, mientras sus manos recorren mi espalda, y el estudio, tan familiar, ahora se siente como un lugar completamente nuevo. Mis manos se enredan en su cabello, y mi cuerpo se arquea contra el suyo. —Te he echado tanto de menos... —susurra David contra mi piel, con una voz ronca que me hace estremecer. Y sonrío. —Yo también —respondo, aunque mi voz se quiebra un poco. Porque es verdad; a pesar de todo, lo he echado de menos. Lo he echado de menos así, sin barreras, sin el peso de las expectativas. David me besa de nuevo, esta vez más suave, más profundo, como si estuviera tratando de saborear cada segundo. Me tumba hacia atrás sobre la mesa, con papeles volando por todas partes, y no puedo evitar reírme por lo absurdo y maravilloso del momento. Es un caos, pero es nuestro caos. —Todavía me vuelves loco —dice con una media sonrisa, mirándome con esos ojos intensos que siempre han tenido el poder de derretirme por dentro. —Lo sé... —contesto, y suelto una carcajada cuando él me besa nuevamente, más feroz, más decidido. Sus manos encuentran su camino bajo mi blusa, recorriendo mi piel, enviando escalofríos por todo mi cuerpo. Las horas se desvanecen. Lo que antes era distancia se convierte en cercanía, lo que era frío se torna en calor. David me toma con una pasión que pensaba que habíamos perdido, y yo me entrego a él, sin pensar, sin preocuparme por lo que vendrá después. Sus labios siguen el camino por mi piel, explorando, marcando, reclamando. Nos movemos hacia el sofá del estudio, y el aire se vuelve denso con cada respiración entrecortada, con cada susurro cargado de deseo. Es como si estuviéramos redescubriendo algo olvidado, como si el fuego que alguna vez ardió entre nosotros hubiera vuelto a prenderse. Él me tumba con cuidado y se inclina sobre mí. Su mirada es tan intensa que me hace olvidar cualquier otra cosa. David recorre mi rostro con las yemas de los dedos, como si estuviera tratando de memorizar cada detalle, cada línea. —Eres tan hermosa, Ada —dice, con un tono de voz que no había escuchado en años. Es como si todo el dolor, toda la rabia, se hubiera transformado en pura necesidad. Lo atraigo hacia mí, y nuestros cuerpos se encuentran de nuevo en un abrazo ardiente. Mis manos exploran su espalda, su pecho, como la primera vez. Hay un hambre en sus ojos que me recuerda a la primera vez que nos besamos, a la primera vez que nos encontramos en ese pequeño departamento donde comenzamos todo. Y es ahí donde siento que, a pesar de todo, algo entre nosotros sigue siendo igual. La noche avanza, y nos encontramos una y otra vez, perdiéndonos en el otro. David me susurra cosas que nunca pensé que volvería a escuchar, y yo respondo con una urgencia que hace que mi vlz se quiebra. Es un baile de redención y de pérdida, de amor y de deseo, de arrepentimiento y de esperanza. Cuando finalmente descansamos, envueltos en una manta en el sofá, el estudio es un desastre de ropa desparramada y papeles esparcidos por todos lados. Mis dedos juegan con su cabello, y sus manos recorren mi espalda en círculos lentos, relajantes. —Esto es lo que necesitábamos, ¿no? —pregunta David, su voz baja y tranquila, sus labios rozando mi frente. —Sí… esto y mucho más —respondo, apoyando mi cabeza contra su pecho. Escucho el ritmo de su corazón, más calmado ahora, y me doy cuenta de que, aunque todo está lejos de ser perfecto, hay una nueva chispa en nosotros, una que no estaba antes. —No sé cómo voy a manejar esto de Carter… —admite, con un suspiro—, pero quiero intentarlo. Quiero entenderte, Ada. Quiero ser parte de todo lo que eres, incluso si eso significa compartirte de alguna forma. —Gracias por intentarlo, cariño. —Levanto la cabeza y lo miro, sintiendo ternura por él—. No sé qué pasará mañana, pero esta noche... esta noche me has devuelto algo que pensé que habíamos perdido. David me besa con suavidad, como si fuera una promesa. Aquí, en este momento, el mundo ds afuera se desvanece, y solo quedamos nosotros dos, dispuestos a reconstruir nuestro amor, pedazo a pedazo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD