5. Entonces... somos un trío.

1694 Words
Mi cuerpo, atrapado entre David y Carter, dos fuerzas opuestas pero igualmente poderosas, y cada fibra de mi ser se encuentra alerta, consciente del giro en nuestras vidas. Los tres estamos en este momento, enredados en un torbellino de emociones, y sé que no hay vuelta atrás. David me mira con esos ojos oscuros y llenos de deseo, puedo sentir la urgencia en su mirada, la lucha interna entre sus celos y su creciente aceptación de lo que está pasando. Carter, siempre tan seguro, mantiene su mano sobre la mía, su toque suave pero lleno de promesas. La tensión entre nosotros tres se vuelve insoportable, como si estuviéramos caminando sobre una cuerda floja, donde un solo paso en falso podría hacer que todo se desmorone. David se acerca más, y siento su calor contra mí, su aliento sobre mi cuello. Me rodea con sus brazos, posesivo, como si quisiera asegurar su lugar en mi vida, en mi corazón. Pero esta vez hay algo diferente en su toque; no es un reclamo, es una rendición. Él está cediendo a la idea de compartir, de abrirse a esta posibilidad que nunca antes habría considerado. —No puedo perderte, Ada —susurra en mi oído, con una mezcla de anhelo y angustia—. No importa lo que tenga que hacer. Me giro hacia él, y nuestros labios se encuentran de nuevo, pero esta vez el beso es diferente. Es más profundo, más tierno, como si estuviéramos sellando un pacto silencioso. Siento su mano deslizarse por mi espalda, su tacto firme y lleno de una pasión que había temido perder para siempre. De repente, siento la presencia de Carter detrás de mí. Su mano acaricia suavemente mi brazo, y el contraste entre sus dos toques me envuelve. Mi corazón late desbocado, incapaz de procesar la intensidad de lo que está sucediendo. Estoy atrapada entre ellos, y sin embargo, no quiero escapar. En lugar de eso, quiero sumergirme más, dejarme llevar por mis ansias. David se separa ligeramente de mí, pero sus ojos siguen clavados en los míos, mientras Carter da un paso más cerca, colocándose a mi lado. David lo observa con una mezcla de desafío y aceptación, como si estuviera decidido a mantener su lugar a mi lado, pero dispuesto a compartir ese espacio con él. —Esto es nuevo para los tres —dice Carter, rompiendo el silencio con su voz calmada y segura—. Pero si es lo que Ada quiere, estoy dispuesto a aceptarlo. Siempre lo he estado. Sus palabras me llegan, y siento una oleada de emociones atravesarme. Es lo que quiero. He soñado con este momento, con la posibilidad de no tener que elegir, de poder amar a ambos, de tener lo mejor de dos mundos sin tener que renunciar a ninguno. Pero aun así, el peso de todo esto es real, y me pregunto si va a funcionar David, con sus ojos todavía ardiendo de deseo y algo más oscuro, extiende su mano hacia Carter. La tensión es palpable, pero cuando Carter la toma, siento un alivio que no esperaba. Este es el comienzo de algo nuevo, algo arriesgado complejo, y lleno de posibilidades. David me jala hacia él, y Carter hace lo mismo desde el otro lado. Estoy entre ellos dos, sus cuerpos tan cercanos al mío, y el deseo que siento se convierte en una ola abrumadora. David me besa de nuevo, más profundo, más desesperado, y cuando nos separamos, veo a Carter mirándonos con una sonrisa suave, pero cargada de deseo. —Entonces, somos un trío, ahora —dice David, con una voz baja y ronca, mientras me sostiene con firmeza. No puedo hablar. Mi cuerpo arde, mi mente gira en mil direcciones, y siento que estoy al borde de algo que nunca antes había experimentado. Carter acaricia mi mejilla y, sin dudarlo, inclina su cabeza para besarme también, sus labios son suaves y lentos, en contraste con la urgencia de David. Mis manos recorren el cuerpo de David, mientras mis labios responden al beso de Carter. Es una sensación completamente nueva estar conectada con ambos, sentirme deseada y amada por dos hombres que, de maneras distintas, llenan partes de mí que creía que jamás podrían coexistir. Es como si todas las piezas del rompecabezas encajaran finalmente. David nos mira, y puedo ver que sus ojos están llenos de una intensidad salvaje, como si el deseo lo consumiera. Observa, pero no desde la distancia, sino siendo parte de esto. Cuando finalmente nuestros labios se separan, el silencio que queda está lleno de promesas no dichas, de pasiones encendidas. —No sé cómo lo haremos, amor—murmura David, pasando su mano por mi cintura—, pero estoy dispuesto a intentarlo, por ti. —Yo también —responde Carter, su mano descansando en mi espalda, su cercanía tan reconfortante como siempre. —Y yo —digo, con mi voz temblorosa pero firme—. Esto es lo que quiero. Los quiero a los dos. David sonríe, es una sonrisa llena de desafío. Carter asiente, sus ojos brillan con esa calma que siempre me ha dado seguridad. En este momento, sé que hemos cruzado una línea y que no hay retorno. He encontrado algo único, algo que pocos podrían entender pero que para mí, tiene sentido. Nos quedamos aquí, los tres entrelazados, compartiendo no solo el espacio, sino también los deseos, los miedos, y la ansiedad de lo que está por venir. El fuego de la pasión sigue ardiendo, también el amor, fuerte y persistente. La tarde avanza lentamente, y el sol se mete a través de las cortinas del dormitorio, bañándonos con una luz suave que parece hacer el momento aún más irreal. Estoy sentada entre David y Carter, los dos hombres que llenan mi vida de maneras tan diferentes. Mi mente sigue dando vueltas, pero mi cuerpo está en calma, envuelto en la calidez de sus presencias. David, aún con una intensidad que no había visto en años, me mira como si estuviera reconociendo algo en mí por primera vez. Su mano recorre mi muslo, y siento su tacto firme, seguro, pero también un poco más suave, como si estuviera aceptando lo que está pasando. Por otro lado, Carter, siempre tan tranquilo, se inclina hacia mí, su brazo alrededor de mi cintura, como si estuviera dispuesto a ser parte de esto. —¿Estás bien? —me susurra David, con su voz baja, tan cerca de mi oído que me hace estremecer. Lo miro, y le sonrío, aunque por dentro siento una mezcla de sensaciones difíciles de poner en palabras. —Sí, estoy bien —respondo—. Sólo me cuesta creer que esto esté pasando. David asiente, como si compartiera el mismo sentimiento. A su lado, Carter me mira con esa tranquilidad que siempre me da paz, pero también con un brillo en sus ojos que me recuerda que él es parte de este caos controlado. El deseo que siento por ambos está presente, pero ahora, en lugar de luchar contra él, lo acepto, y siento una oleada de libertad que nunca antes había experimentado. David, siempre el primero en dar la iniciativa, se inclina hacia mí y me besa. Es un beso lleno de urgencia, de pasión. Siento el fuego en su interior, el mismo que pensé que se había apagado hace tiempo. Mi cuerpo responde al instante, mis manos recorren su pecho mientras nuestros labios se encuentran una y otra vez. Es como si después de tanto tiempo, hubiéramos encontrado una nueva forma de conectarnos. Siento la presencia de Carter detrás de mí, su mano acariciando suavemente mi espalda mientras me inclino hacia David. El contraste entre sus toques me envuelve por completo, como si estuviera entre dos mundos que al fin se han unido. Carter, siempre tan relajado, me besa el cuello, lento, tomándose su tiempo, y mi cuerpo responde a ambos, al calor de David, a la suavidad de Carter. El deseo crece, y me dejo llevar. Los labios de David en los míos, el aliento de Carter en mi piel, la manera en que me tocan, me hacen sentir como si fuera la pieza central de un delicado equilibrio. David se separa un momento, sus ojos brillan con una intensidad feroz. Me mira como si quisiera memorizar cada parte de mí, como si este momento fuera demasiado importante para dejarlo pasar sin sentirlo por completo. —Te amo, Ada. Sus palabras me llegan, siento una mezcla de amor y culpa. Amo a David. Siempre lo he amado. Pero lo que siento por Carter es diferente, igual de poderoso, aunque en otra frecuencia. Carter, que ha estado observando en silencio, me toma de la mano y la aprieta suavemente. —Yo también te amo —dice, con esa serenidad que siempre lo ha definido—. Y sé que esto es complicado, pero... también sé que no quiero perder lo que tenemos. Los miro a ambos, y por un momento, me siento abrumada por la realidad. Dos amores. Dos hombres. Buscando la manera de hacer que funcione. David me toma de la cintura y me atrae hacia él nuevamente, me besa más suave esta vez, más lento, como si quisiera mostrarme que no todo es urgencia. Mis manos se enredan en su cabello, y siento el calor de Carter cerca, su mano acariciando mi brazo con una ternura que me hace estremecer. El deseo que siento por ambos es innegable, pero más allá de eso, hay algo más profundo. Es una conexión única. Porque en el fondo, ninguno de los tres quiere perder lo que tenemos. Cuando nos separamos, el silencio en la sala es cómodo, procesamos lo que acaba de suceder. David me mira, su respiración aún agitada, pero sus ojos llenos de seguridad. Carter, a mi lado, me acaricia el rostro, su mirada tranquila, pero igual de comprometida. —Esto ha sido genial —digo, rompiendo el silencio con una sonrisa pequeña pero sincera. David asiente, y por primera vez, veo una sonrisa en su rostro. No es la sonrisa de alguien que ha ganado o perdido, sino la de alguien que está dispuesto a todo por amor.
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