N. Omnisciente. Se sentó en su lugar, con el aire acondicionado pegándole directamente en el rostro y con una vista espectacular al lado de la ventana. No quería irse, o más bien no quería volver a ese sitio en donde los recuerdos revoloteaban como millones de mariposas negras en el centro de su memoria. Pero era su trabajo, y era una orden, porque aunque para todos él era el jefe, habían cargos más altos que lo manejaban, y por agradecimiento o más bien por cariño, le había tocado aceptar. Durante el vuelo en primera clase, una de las azafatas que era la que lo atendía especialmente a él, se inclinó hacia delante y le sonrió con coquetería, mientras le servía un trago de vino blanco y relamió sus labios repetidas veces, y bueno, para él era imposible de ignorar cada uno de los detalle

