Becca El pánico por la demanda de Oliver no me rompió; me enfocó. El Rey Licántropo había calculado mal: pensó que la amenaza a mis hijos me haría ceder; en cambio, encendió la abogada protectora que era más peligrosa que cualquier loba de linaje puro. —El Rey no ataca a ciegas. Oliver es una pieza de ajedrez movida por la Bruja Real o por los contactos del Rey —dije, mirando a Aaron. Estábamos de pie en el gran salón de nuestra suite real, la tensión palpable. —Silas es leal al Rey, Luna. Pero te teme más a ti que al Rey. Su lealtad es forzada —advirtió Aaron, su mano firme en mi cintura. —Exacto. Y ahora, él es mi recurso humano. Me giré hacia Silas, quien esperaba con una incomodidad palpable. —Silas. El Rey me dio una semana para probar el valor de mi compañero. Esa semana está s

