Por otro lado, Marcos se encontraba en una tensa reunión con los directivos del hospital, salvándole las papas del fuego a Luana. Tenía la intención de llevarla, pero, en el estado de shock en el que se encontraba, sabía que no tendría el ánimo para enfrentar a un grupo de hombres mayores y enojados. —La señorita Todorov se encuentra mal de salud. Este mismo sábado recibió una transfusión de sangre, así que me pidió que me presentara en su representación —dictaminó, sentándose con total naturalidad en la cabecera de la mesa, el lugar reservado para el director. —¡Por favor! En veinticuatro horas ya estaría recuperada y con las energías suficientes para venir... Si ella no es responsable, que renuncie y que administre todo por su cuenta —gritó uno de los directivos, golpeando la mesa de c

