Luana lo miraba mordiéndose el labio; le parecía cada día más atractivo. —¿Adónde vamos? —le preguntó mirándolo con ojos brillantes y recostando la cabeza de lado para observarlo. —Debes ir a un interrogatorio —Marcos mantenía la vista en la carretera mientras conducía. —¿De nuevo? La última vez me acusaron de un crimen pasional —suspiró ella, acomodando la falda de su vestido. —No debes responder nada, deja que hable por ti; soy tu abogado —la miró y le guiñó un ojo—. No tienen pruebas para acusarte ni motivo —colocó la mano sobre su pierna y masajeó su rodilla. A Luana se le aflojaron las piernas y trató de distraerse con otra cosa. Marcos retiró la mano para no desconcentrarse. —Tú conociste a Alex... ¿piensas que tenía una amante? —recordó la suposición del agente Pérez y, como e

