Ella asintió con un nudo en la garganta y sintiendo un pinchazo en el pecho. —Sí, quiero —respondió a esa propuesta de matrimonio irresistible. —Juro por todo lo que tengo que te voy a hacer la mujer más feliz del mundo, cariño. Marcos retiró el anillo de la caja, sujetó su muñeca pequeña y delicada y, con los dedos de ella extendidos, le deslizó la alianza en el anular. —Lo había enviado a ajustar para tu dedo. Tenés los dedos más finos que mis antepasados. —El anillo es precioso... —expresó toda emocionada. —Ahora sos oficialmente mi futura esposa —le dio un beso en el dorso de la mano y se acercó para besarla. Ella, con el deseo de un mes de espera, lo atrajo hacia sí. Marcos llevó sus manos al botón del pantalón de ella y le deslizó el cierre hacia abajo. Luego la desnudó de ar

