Marcos estaba sentado sobre el sofá del living con los brazos sobre los apoyabrazos y, sobre su rodilla izquierda, apoyaba su pie derecho. Tenía unas sombras por debajo de sus ojos, aunque su ropa estaba impecable: un elegante traje azul marino con camisa celeste abierta en el cuello, una bufanda que caía abierta a los lados y su cabello corto e impecable con un corte uniforme. Elegante, su rostro reflejaba una especie de cansancio que Luana podía leer. Esos profundos ojos la observaban con una especie de emoción que no era legible; no podía descifrar qué era lo que ocultaban. Ella dejó las llaves de la casa en una rinconera de madera tallada y se acercó con lentitud, pasando entre las cálidas y tenues lámparas de la sala que iluminaban el lugar. No se escuchaba nada dentro de la casa; s

