Luego de enseñarle unas técnicas a Karina para distraerse un poco, se dirigió a la planta baja para abrirle la puerta a Mat, su amigo, quien la iba a visitar. Al llegar, notó que Mat se ponía nervioso y se sentía diminuto parado junto a los enormes custodios de la entrada. Sin dudarlo, Luana extendió la mano entre los dos hombres, agarró a su amigo del brazo con firmeza y lo hizo pasar, arrastrándolo escaleras arriba directo hacia la privacidad del ático. Abajo, Antonio lo miró de arriba abajo y lo leyó enseguida: con el arito en la oreja y la ropa un tanto llamativa, no representaba ninguna amenaza. —Luana, por favor... lo que es ese bombón que te custodia adentro de la casa —le espetó Mat en cuanto cerraron la puerta del ático, sacudiéndose el cuello de la remera por el calor. —Es de K

