Marcos se sentó en un sofá junto a la cama y se frotó los ojos cansados. Sentía un estupor de sentimientos encontrados agolpándose en su pecho; no entendía por qué se preocupaba tanto por ella, al grado de perder el sueño por completo. Sabía que Luana le gustaba, pero la profundidad de lo que estaba sintiendo lo descolocaba. —No te preocupes por el donante, ella comparte el mismo grupo sanguíneo que yo —sonó una voz masculina desde el otro lado de la habitación. —¿Cuánto tiempo llevas ahí? —Marcos lo miró con los ojos entrecerrados y la mandíbula tensa. —Llegué poco antes de que ustedes regresaran —John suspiró, saliendo de la penumbra—. Pide a tus médicos que vuelvan; diles que ya tienen un donante compatible. Mi sangre está limpia y estoy en óptimas condiciones de salud. —Eres impres

