CAPITULO 10

1574 Words
POV AURORA No sé qué pasó, por qué se acercó de esa manera a mí, pero sentí mi pecho estallar. Mi corazón latía tan fuerte que parecía detenerse al mismo tiempo. Estos sentimientos, estas sensaciones, son nuevas para mí. Nunca había experimentado algo así. No entiendo por qué mi corazón reacciona de esta manera solo con Lorenzo. Cuando estoy cerca de los otros chicos, me siento normal. Esto es algo que mi cerebro no logra comprender. Llego a casa más confundida de lo que estaba antes. Mi vida está patas arriba, mi cabeza da vueltas, y siento mi cuerpo arder. Me recuesto en la cama a descansar. Cierro los ojos durante más de media hora y, a lo lejos, escucho a Ester llamarme, gritando mi nombre. Pero es como si estuviera en un trance, como si no pudiera abrir los ojos y despertar. Camino por un sendero hermoso, lleno de flores. Estoy deleitada con el lugar. Escucho la voz de mi padre, lo busco, pero no lo encuentro. Sigo el camino hasta el final, con la esperanza de verlo, de hallarlo. Pero lo que veo son dos caminos: uno oscuro, lleno de espinas, donde escucho a animales salvajes rugir con fuerza, y el otro, un desierto, un lugar árido y seco. No sé cuál de los dos tomar, y ahora ni siquiera la voz de mi padre puede guiarme. Estoy confundida, atrapada entre estas dos opciones, sin saber qué hacer. Hasta que escucho a Ester gritar con fuerza, y despierto con las manos y los pies fríos. Miro a mi alrededor y todo está destruido; mi habitación es un desastre. —Aurora, ¿estás bien? ¿Qué pasó? ¿Qué tienes? —Ester me llena de preguntas, y aún no entiendo por qué. —Sí, estoy bien —respondo, intentando asimilar lo que acaba de suceder—. Es solo que estaba en un lugar lejano... Pensé que era real, pero al parecer todo fue un extraño sueño. ¿Qué pasó en mi habitación? —Niña, todo esto lo hiciste tú —dice Ester, con una mezcla de preocupación y asombro en su voz—. Cuando entré a la habitación, estabas levitando, tenías los ojos en blanco. Tu cuerpo flotaba en el aire y, con tu mente, destruías todo a tu alrededor. Tus poderes están tomando más fuerza. Dime, ¿qué detonó esto en ti? —No lo sé. No puedo creer que esto lo haya hecho yo... dormida. —No estabas dormida, Aurora. Estabas en un trance. Llevaste tu mente a otro lugar, como un viaje astral. Intento procesar lo que Ester dice, pero mi mente está en caos. Miro mis manos temblorosas, tratando de comprender el poder que aparentemente tengo. Siempre supe que había algo en mí, algo que no entendía del todo, pero esto... esto es mucho más grande de lo que había imaginado. —¿Un viaje astral? —repito, intentando darles sentido a sus palabras—. Pero no lo hice intencionalmente... —Lo sé —responde Ester, suavizando su tono—. Pero eso significa que tus poderes están conectados a tus emociones. Algo te ha alterado profundamente, Aurora. Algo que no puedes ignorar. Me quedo en silencio, reflexionando sobre sus palabras. La imagen de Lorenzo se forma en mi mente. ¿Fue su cercanía, su intensidad lo que me llevó a ese trance? ¿O hay algo más, algo que aun no entiendo? Ester observa mi silencio y añade: —Debemos trabajar en esto. Tienes que aprender a controlar tus emociones, a no dejar que dominen tus poderes. Si no lo haces, podrías ponerte en peligro, o a los demás. Asiento lentamente, comprendiendo la gravedad de la situación. Pero una parte de mí no puede dejar de pensar en Lorenzo, en la forma en que me miró, en cómo su toque me hizo sentir. —Lo intentaré, Ester. Lo prometo. Ester me da una mirada firme, pero comprensiva. Sé que está preocupada, pero también está decidida a ayudarme. —Bien. Descansa ahora, Aurora. Mañana empezaremos a trabajar en controlar tus poderes. La veo salir de la habitación, dejando la puerta entreabierta. Me recuesto de nuevo, mirando al techo, tratando de calmar mi mente. Pero las imágenes de mi sueño, de los dos caminos, y la intensidad de la mirada de Lorenzo siguen persiguiéndome. Cierro los ojos, sabiendo que necesito respuestas. Y tal vez, solo tal vez, la única forma de encontrarlas es enfrentándome a mis propios miedos y al poder que llevo dentro. Los días siguientes me he esforzado mucho en aprender. Cada vez que pienso en Lorenzo cerca de mí, descubro que puedo hacer cosas increíbles: mover objetos con mi mente, encender fuego de la nada, incluso puedo sentir los pensamientos de los demás, como si sus emociones fluyeran hacia mí. Es aterrador y fascinante a la vez. Me asusta pensar en el alcance de mis habilidades, pero también sé que pueden ser mi mejor defensa contra el mal que acecha en la oscuridad. Me doy cuenta de que mis poderes son más amplios de lo que imaginaba. No solo se limitan a mover cosas o manipular elementos. Tengo la habilidad de percibir auras, de sentir las intenciones de quienes me rodean. Incluso he experimentado momentos en los que parece que el tiempo se desacelera, como si pudiera manipularlo a mi voluntad. Estos momentos son fugaces, apenas un segundo, pero me dejan con la certeza de que hay mucho más por descubrir dentro de mí. Pero de Lorenzo y los chicos no he vuelto a saber nada. No he querido salir de casa, el miedo me paraliza. Temo tropezarme con él nuevamente, con esa intensidad en sus ojos, esa cercanía que despierta en mí algo que no comprendo del todo. Temo no poder controlar lo que siento y terminar por ser descubierta. Mi relación con Ester ha mejorado cada día. Ahora la siento como parte de mi familia, la familia que mi corazón siempre quiso construir. Ella me ha ayudado a entender que el miedo es natural, que lo importante es no dejar que me domine. Me ha enseñado a canalizar mi energía, a no dejar que mis emociones se apoderen de mis poderes. Cada sesión con ella me siento más fuerte, más en control de mí misma. —Ester, ¿crees que mis poderes podrían llegar a ser peligrosos? —le pregunto una tarde, mientras practicamos en el patio trasero. Ester me mira con una sonrisa cálida y, a la vez, seria. —Todos los poderes pueden ser peligrosos, Aurora, si no se controlan. Pero también pueden ser una gran bendición. Lo que importa es cómo decidas usarlos. Recuerda siempre quién eres y qué es lo que realmente quieres. Sus palabras resuenan en mi mente. ¿Qué es lo que quiero realmente? ¿Ser normal, como siempre he deseado? ¿O aceptar el poder que corre por mis venas y usarlo para proteger a los que amo? De repente, siento una ráfaga de viento pasar junto a mí, y sin pensarlo, extiendo mi mano. El viento parece detenerse a mi alrededor, como si hubiera respondido a mi comando. Miro a Ester sorprendida, y ella asiente con aprobación. —Estás aprendiendo rápido —dice—. El viento es uno de los elementos más difíciles de controlar. Necesita que el corazón esté en paz, en equilibrio. En ese momento, me doy cuenta de que mis pensamientos han estado demasiado centrados en Lorenzo, en mis sentimientos confusos hacia él. Tal vez es hora de enfocarme en otra cosa, de seguir fortaleciendo mis habilidades, de entender qué más puedo hacer. Pienso en mi padre, en las palabras que me dijo en uno de mis sueños. "Aurora, el poder no es ni bueno ni malo, depende de cómo lo uses". Esa frase cobra más sentido ahora que nunca. Tengo tanto que aprender, tanto que explorar dentro de mí. —Ester, ¿podríamos intentar algo nuevo hoy? —pregunto con renovado interés. Ella sonríe ampliamente. —Claro que sí, Aurora. Hoy aprenderemos a proyectar tu energía hacia afuera. Es un ejercicio avanzado, pero creo que estás lista para ello. Mientras Ester me guía en el ejercicio, siento una fuerza nueva, una energía que fluye desde lo más profundo de mi ser. Siento como si pudiera conectar con el mundo de una manera que nunca antes había experimentado, como si cada célula de mi cuerpo se alineara con el universo. Por primera vez en mucho tiempo, me siento completa. Tal vez mis poderes sean mi destino, y si es así, estoy decidida a dominarlos, a no dejar que el miedo me controle. Y aunque todavía pienso en Lorenzo, en la intensidad de nuestra última conversación, decido dejar de lado esos pensamientos. Por ahora, mi prioridad es entender quién soy y de lo que soy capaz. No quiero que mis emociones me nublen la razón, no cuando hay tanto en juego. Al final de la sesión, estoy agotada, pero más determinada que nunca. Me despido de Ester con una sonrisa, agradecida por su guía y paciencia. Cuando entro en la casa, una brisa fría me rodea, y sin saber por qué, pienso en Lorenzo nuevamente. Me pregunto qué estará haciendo ahora, si él también piensa en mí. Pero sacudo la cabeza, decidiendo que esos pensamientos pueden esperar. Por ahora, tengo un propósito claro: entender mi poder, mi herencia, y cómo usarlos para protegerme de lo que sea que esté por venir.
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