CAPITULO 9 QUIERO ENTENDER

1752 Words
CAPITULO 9 POV AURORA Mi conversación con Giulia aún me atormenta. Han pasado varios días y no he podido olvidar lo que hablamos. Siento que había más en su curiosidad, como si ella supiera algo que no quería decirme. Me pregunto qué podría ser. La culpa por haberle mentido a la única persona que me ha tendido la mano desde que nos conocimos, sin esperar nada a cambio, me carcome por dentro. Giulia ha sido como una hermana para mí en estos últimos meses, y sentir que he traicionado su confianza me duele más de lo que esperaba. En estos días tampoco he podido volver a ver a mi padre en mis sueños, como antes solía ocurrir. Ahora, más que nunca, necesito hablar con él. Hay tantas preguntas que quiero hacerle, tantas dudas que me atormentan y que no me atrevo a compartir con Ester. Aunque sé que ella es buena y que realmente quiere lo mejor para mí, no confío en ella completamente, especialmente cuando se trata de asuntos tan personales. De los chicos, no he vuelto a saber nada. Lo último que escuché es que están muy ocupados ayudando a Lorenzo con algo importante. Giulia solo me dijo eso, como si estuviera cuidando sus palabras, y no quiso hablar más del tema. Dijo que era un secreto y que no podía contarme más. Su evasiva me dejó inquieta, preguntándome si acaso ella también guarda algo que no quiere compartir conmigo. Esto me hizo pensar que quizás Giulia sigue molesta conmigo, que no la convencí con mi respuesta sobre el tatuaje. A veces, la conozco demasiado bien. Sé que no es fácil engañarla, y ahora temo que haya comenzado a sospechar más de lo que debería. Pero, ¿qué puedo hacer? No quiero perderla como amiga, pero tampoco puedo arriesgarme a ponerla en peligro si llegara a saber la verdad sobre mí, sobre quién soy realmente. Siento como si estuviera caminando sobre una cuerda floja, tratando de mantener el equilibrio entre la verdad y la mentira. Cada día que pasa, la cuerda parece tensarse más y más, amenazando con romperse en cualquier momento. Y yo, atrapada en medio, no sé hacia dónde girar. Me pregunto si alguna vez podré tener la vida normal que tanto deseo, una vida lejos de hechizos, secretos y maldiciones. Pero, al mismo tiempo, sé que es un sueño imposible. Hay un peso sobre mis hombros que no puedo ignorar, una responsabilidad que no pedí pero que debo aceptar. Y cada día se vuelve más difícil, más agotador. Me acerco a la ventana y miro al cielo, esperando ver una señal, algo que me guíe. Pero todo lo que veo son nubes grises, densas, que se acumulan como mis propios pensamientos. Me siento tan sola en este momento, tan perdida. Quiero creer que hay un camino a seguir, que hay una forma de reconciliar quién soy con quién quiero ser. Pero, por ahora, solo puedo esperar y seguir adelante, paso a paso, día a día, con la esperanza de que algún día encuentre las respuestas que tanto busco. Decido salir a dar un paseo, a recorrer las calles que alguna vez caminé con los chicos. Siento que necesito despejar mi mente, alejarme de mis pensamientos y preocupaciones, aunque sea por un momento. El aire fresco de la tarde me envuelve, y el sonido de las hojas secas cruje bajo mis pies con cada paso que doy. Sin darme cuenta, me encuentro caminando hacia el lugar donde solíamos reunirnos todos. Una especie de refugio que habíamos hecho nuestro, un pequeño rincón del mundo que compartíamos lejos de las miradas curiosas. Al acercarme, veo una figura solitaria sentada en un banco, mirando fijamente el paisaje. Es Lorenzo. Está tan inmerso en sus pensamientos que parece no notar mi presencia. Me acerco lentamente, sin querer interrumpir, pero con la esperanza de que mi presencia lo saque de esa aparente tristeza que lo envuelve. —Hola, Lorenzo —digo suavemente, esperando no asustarlo. Lorenzo levanta la vista hacia mí, y por un instante, algo en su mirada me hace estremecer. Es una mirada fría, distante... casi perturbadora. Me quedo inmóvil, sintiendo cómo una extraña sensación recorre mi cuerpo. No es el Lorenzo que conozco. Algo en él ha cambiado, o tal vez ha estado ahí siempre y yo no lo había notado. Por un momento, tengo ganas de dar un paso atrás, de alejarme. Pero antes de que pueda hacerlo, su expresión cambia de repente. Sus ojos, que antes parecían oscuros y llenos de algo que no puedo descifrar, se suavizan. Un destello de vulnerabilidad cruza su rostro, y me doy cuenta de que estaba juzgándolo demasiado rápido. —Lo siento, Aurora —dice con una voz más suave, casi susurrante—. No quería asustarte. Estaba... pensando en mi madre. Me acerco un poco más y me siento a su lado, dejando un pequeño espacio entre nosotros. Hay algo en su tono que me hace querer quedarme, aunque no sé exactamente por qué. —¿Tu madre? —pregunto, tratando de sonar comprensiva, aunque su mirada inicial todavía me perturba un poco—. No hablas mucho de ella. Lorenzo asiente, y por un momento, sus ojos se pierden de nuevo en el paisaje. Parece estar buscando las palabras adecuadas, como si lo que fuera a decir fuera algo que no comparte con frecuencia. —Murió cuando yo era muy joven —comienza, con la mirada fija en algún punto en la distancia—. La extraño mucho... —Su voz se quiebra ligeramente, y puedo ver la tristeza en sus ojos. No dice más, pero la forma en que lo dice me hace sentir un nudo en la garganta. Siento una oleada de compasión por él. A pesar de la frialdad que a veces emana, puedo ver que hay una herida profunda en su interior, una que nunca ha sanado del todo. —Debe haber sido muy duro para ti —comento, con suavidad—. Perder a alguien tan importante, tan joven... Lorenzo asiente de nuevo, esta vez con una pequeña sonrisa triste en los labios. —Sí, lo fue. Pero hay cosas que... simplemente no se pueden cambiar. Me quedo en silencio, sin saber qué más decir. Hay algo en su tono que me dice que este tema es doloroso para él, y que, por ahora, ha compartido todo lo que está dispuesto a compartir. No quiero presionarlo, pero al mismo tiempo, siento curiosidad por saber más. ¿Cómo murió su madre? ¿Por qué siento que hay más en esta historia de lo que me está diciendo? Pero decido no insistir. Si Lorenzo quiere contarme más, lo hará a su debido tiempo. Por ahora, me limito a estar ahí, a su lado, compartiendo el silencio que nos rodea. Un silencio que, por alguna razón, no se siente incómodo. Mientras estamos sentados allí, siento que tal vez, de alguna manera, estamos conectados por nuestras propias luchas y pérdidas, cada uno tratando de encontrar su camino en medio de la oscuridad que nos rodea. El silencio que compartimos empieza a sentirse más pesado, y decido cambiar de tema. Me aclaro la garganta y miro a Lorenzo de reojo. —¿Dónde están los chicos? —pregunto suavemente, intentando sonar casual—. Giulia mencionó que estaban ocupados ayudándote con algo, pero no quiso contarme más. Me dejó bastante intrigada... Lorenzo suspira y aparta la mirada, su expresión vuelve a endurecerse. Parece estar debatiendo internamente si debería decirme más o mantenerme al margen. —Es algo... muy privado, Aurora —responde finalmente, con un tono que no admite más preguntas—. No quiero involucrarte en esto. Sus palabras me golpean de una manera que no esperaba. Me levanto rápidamente, sintiendo una mezcla de decepción y enojo crecer en mi interior. —Oh, entiendo —digo, tratando de mantener mi voz firme—. Pensé que yo también era tu amiga, pero parece que me equivoqué. Intento dar un paso hacia atrás, alejarme de él, pero Lorenzo es más rápido. Antes de que pueda irme, siento su mano cerrarse suavemente alrededor de mi brazo. Me detengo y lo miro, sorprendida por la firmeza de su agarre. —Aurora, espera —dice Lorenzo, su voz es más suave ahora, casi suplicante—. No es que no seas mi amiga... Para mí, eres... muy especial. —Sus palabras parecen salir con dificultad, como si estuviera admitiendo algo que no suele compartir. Noto un cambio en su mirada, una intensidad que me hace sentir expuesta, vulnerable. Mi respiración se vuelve más rápida y siento cómo mi corazón comienza a latir con fuerza. Su mano se desliza desde mi brazo hasta mi rostro, sus dedos rozando mi piel de manera que me hace estremecer. —Hay mucho de ti que no conozco —continúa, con un tono más bajo—. Y a veces siento que no eres del todo sincera conmigo. Sus ojos se clavan en los míos, penetrantes, buscando respuestas. Estoy atrapada en su mirada, incapaz de apartarme, como si algo en mí quisiera quedarse cerca de él a pesar del miedo que siento. Su cercanía me hace temblar, y mis pensamientos se desordenan. ¿Cómo es posible que alguien pueda hacerme sentir tantas cosas al mismo tiempo? Lorenzo levanta mi barbilla ligeramente, obligándome a mirarlo directamente a los ojos. Hay algo en su mirada que me intriga y me asusta al mismo tiempo. Por un instante, el mundo se detiene. No escucho nada más que el latido acelerado de mi propio corazón. La tensión entre nosotros es palpable, casi tangible, y sé que tengo que irme antes de que esto se vuelva aún más confuso de lo que ya es. —Lo siento —susurro, mi voz apenas un murmullo. Doy un paso atrás, apartándome de su toque. Su mano cae lentamente y noto un destello de algo parecido a la decepción en sus ojos. No puedo quedarme aquí. Necesito espacio, necesito claridad. Sin decir nada más, me doy la vuelta y empiezo a correr. Mis pies se mueven rápidamente, casi por instinto, alejándome de Lorenzo y de todas las emociones confusas que me provoca. Siento el aire frío golpear mi rostro, mis pulmones arden mientras trato de alejarme lo más rápido posible. Corro sin mirar atrás, con el corazón latiendo tan fuerte que parece querer salirse de mi pecho. No sé qué acaba de pasar, pero sé que necesito alejarme antes de perderme aún más en mis sentimientos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD