Camila La habitación está en penumbras. El aire pesa, como si cada partícula estuviera cargada de todo lo que no se dijo. Y yo estoy sentada en el borde de la cama, abrazando mis propias rodillas. Como cuando era chica. Como cuando creía que si me hacía chiquita, si me hacía invisible, el dolor no me encontraría. Pero esta vez… no estoy sola. Estoy rota. Y lo sé. Ya no puedo hacerme la distraída, ya no puedo mentirme. Me miré en el espejo hace un rato. Me quedé parada frente a él durante minutos, observando ese reflejo que se sentía tan ajeno. No fue por el maquillaje corrido, ni por el enrojecimiento de mis ojos, ni siquiera por los labios mordidos de tanto callar. Fue porque ya no soy la misma. No soy la chica que hace unas semanas le rogaba en silencio a Erick que la mirara. Que

