Erick Verla ahí… en la entrada del cine abrazando a ese idiota es una herida que no deja de sangrar. La veo una y otra vez, como si mi cerebro se deleitara torturándome. Ese maldito Jackson… con su sonrisa imbécil, su manera de tocarla como si tuviera derecho, como si no entendiera que ella era solo mía. No porque la posea, sino porque la siento en mi sangre, en mis venas, en cada respiración. Es enfermizo, lo sé, pero no lo puedo evitar. Ella me pertenece como yo le pertenezco a ella, aunque el mundo entero diga lo contrario. Volví a casa con una nube oscura devorándome por dentro. El silencio me golpeó como un mazo. Todo era demasiado grande, demasiado frío, demasiado vacío. Todo me gritaba que la había perdido. Me serví una copa. Después otra. Y otra más. Pronto dejé de contar. El sab

