Camila ¿Quién se cree que es? ¿Qué derecho cree tener para detenerme? ¿Acaso no le bastó con engañarme, con utilizarme y después pretender que nada había pasado? Camino de un lado a otro, con la rabia ardiéndome por dentro. Cada paso que doy retumba en el suelo, como si mis pies pudieran aplastar este dolor que me carcome. No me importa, no me importa nada. No voy a dejar que me frene. Nada de lo que diga o haga va a detenerme. Estoy tan absorta en mi enojo que casi no siento esa punzada incómoda en la espalda, esa sensación aguda de ser observada. Me detengo en seco, girando de golpe, y ahí la veo. Melody. Apoyada en el marco de la puerta, sonriendo como si supiera un secreto que puede destruirme. Algo en su mirada me dice que esto no va a terminar nada bien. —¿Creíste que no me daría

