Erick Desde el primer segundo que la vi caminar hacia mí, con esa forma suave y a la vez segura de avanzar, supe que algo estaba cambiando. No era la misma chica del hospital, ni la misma de la discoteca. Había algo en su andar, en su mirada, en su forma de morderse el labio que gritaba madurez, fuerza… pero también dudas. Dudas que yo mismo había sembrado con cada una de mis contradicciones. Y sin embargo, ahí estaba a centímetros de mí. Mirándome como si buscara algo que no podía nombrar. Sentía que todo en mí estaba al borde: la calma, el deseo, la necesidad de tomarla de la cintura y no soltarla jamás. Pero me contuve. Como siempre. Porque con ella todo tenía que ser con cuidado, aunque me estuviera consumiendo por dentro. Y cuando abrí la boca para invitarla a caminar por el parque

