Capítulo cinco - Rompiendo la rutina

1051 Words
El mes pasa más rápido de lo que esperaba. Entre las clases en la universidad y las tardes en la oficina de Ethan, comienzo a acostumbrarme a su rutina estricta. Para mi sorpresa, él no ha tenido mucho que criticar. Mis días en la oficina han estado llenos de tareas que nunca imaginé que haría, desde organizar documentos importantes hasta revisar contratos que parecen más largos que mis libros de texto universitarios. Al principio, no entendía por qué Ethan insistía en involucrarme en tantas cosas, pero poco a poco me di cuenta de que era su manera de mantenerme ocupada y, quizás, enseñar algo en el proceso. Claro, no sin sus interminables correcciones y su mirada fría cada vez que cometía un error. —Tu letra es un desastre —dijo un día, mientras revisaba unas notas que había hecho para él. —Escribo igual que cualquier persona normal —respondí, cruzándome de brazos. —Lamentablemente, la normalidad no es suficiente en este lugar —replicó, sin levantar la mirada de los papeles. Suspiré, pero hice el esfuerzo de mejorar. Y aunque nunca lo admitirá, estoy segura de que Ethan se dio cuenta de que le ponía más dedicación después de ese comentario. También he tenido que lidiar con las reuniones interminables en las que él insiste en que tome notas. Al principio me sentía fuera de lugar, como si todos supieran exactamente qué hacer y yo solo estuviera allí tratando de no parecer perdida. Pero con el tiempo, empecé a entender el lenguaje corporativo y la dinámica del lugar. Ethan incluso dejó que analizara un par de proyectos pequeños, aunque nunca sin su supervisión directa. —No lo estás haciendo del todo mal —comentó una vez, y aunque su tono seguía siendo neutral, lo tomé como un cumplido. Pero la parte más interesante ha sido observar cómo Ethan se mueve en su mundo. Hay algo casi fascinante en su capacidad para controlar cada detalle, en cómo todos parecen ceder ante su autoridad. Aunque, siendo sincera, a veces siento que necesita bajar un poco la guardia. Me he portado... bien, según sus estándares. Eso no significa que la tensión entre nosotros haya desaparecido, pero al menos hemos logrado coexistir sin pelearnos. Es una noche tranquila cuando sucede. Estoy en mi habitación, revisando algunas notas de la universidad, cuando suena mi teléfono. El número en pantalla me hizo sonreír de inmediato. —¡Papá! —respondo, sintiendo una calidez reconfortante al escuchar su voz. —Sofía, cariño, ¿cómo estás? —pregunta mi padre adoptivo, su tono lleno de preocupación, aunque intentaba sonar sereno. —Estoy bien —miento, evitando entrar en detalles sobre las reglas estrictas de Ethan. Aunque posiblemente ya lo sabía, después de todo, esa fue la razón por la que terminé aquí en primer lugar—. ¿Qué tal tú? —Me alegra saber que estás bien —dice con un suspiro de alivio—. Sabes que siempre puedes llamarme si necesitas algo, ¿verdad? —Sí, lo sé, papá —respondo, con una sonrisa que casi podía oírse en mi voz. Hablamos unos minutos más, sobre cosas mundanas pero reconfortantes. Cuando colgamos, me di cuenta de cuánto extrañaba esa sensación de estar... en casa. Más tarde, la llamada de mi padre adoptivo me dio la idea de hacer algo diferente. Quería ver más de la ciudad, salir de la rutina que Ethan había impuesto. Pero sabía que no sería fácil convencerlo. Al día siguiente, siendo aun fin de semana, me despierto temprano para preparar mi propio desayuno y no esas cosas que prepara la cocinera de Ethan. Mientras reviso mi celular recibo el mensaje que me ha llegado. Sonrío y niego al ver de quien se trata. Mi amiga Valeria, que parece más emocionada por mi vida en Nueva York que yo misma, me ha enviado la ubicación de un lugar interesante para visitar. Decido usarlo como excusa para salir un poco de su controlada rutina. Por la tarde, me armo de valor. Ethan está en la oficina que tiene en casa —porque ese hombre no descansa—, revisando documentos y dando instrucciones como si dirigiera el mundo. —Quiero salir —digo, entrando sin llamar, lo que de inmediato hace que alce una ceja. —¿Salir? —pregunta, como si la palabra fuera ajena a él. —Sí, a un lugar nuevo. He hecho todo lo que me pediste este mes. Fui puntual a la universidad, tomé notas en la oficina, no hablé con nadie que te molestara. Creo que merezco un respiro— enserio estaba sorprendida de mí misma. No he tenido tiempo para alguna locura y eso es relativamente bueno. Creo que Ethan en serio está siendo una buena influencia. Ethan entrecierra los ojos, claramente evaluando si esto es una buena idea. Finalmente, suspira y deja la pluma sobre el escritorio. —¿A dónde quieres ir?— cuestiona, cruzándose de brazos y mostrando lo fuerte que es. —Es un lugar que Valeria me recomendó. Es un restaurante con música en vivo, relajado, nada extravagante— respondo tras aclararme la garganta luego de babear por mi hermanastro un segundo. —¿Valeria? —repite con una nota de escepticismo. —Mi amiga de la universidad. Te prometo que no será un problema. Se toma un momento antes de responder, y por un segundo creo que va a decir que no. Ethan suspiró, frotándose el puente de la nariz. Parecía debatirse entre decir que no y ceder. Finalmente, asintió. —Está bien...Pero yo también iré. —¿Tú qué? —No voy a dejar que vayas sola. Así que, si quieres salir, tendrás que acostumbrarte a mi compañía. No sé si estoy más sorprendida por el hecho de que accediera o por su insistencia en venir conmigo. Pero no tengo intención de discutirlo. Salir del apartamento es una victoria en sí misma, incluso si tengo que llevar a mi niñera corporativa conmigo. Después de todo, era una oportunidad para ver un lado diferente de Nueva York... y quizás, de él también. —Bien. iré a prepararme y tú— lo miro un momento—, igual prepárate— salgo de su oficina, feliz de haber conseguido algo de respiro. A pesar de que el señor prefecto irá conmigo.
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