Esa misma noche, cuando por fin terminó la reunión con La Hermandad del Lirio Carmesí, Katerina se encontró de pie bajo la entrada neoclásica del teatro privado donde se había decidido el destino de la manada Vukovic y de Kamal. Las palabras de Margot y del sacerdote principal todavía las seguía escuchando en su mente como campanas fúnebres, aunque la que más oía era la sentencia para la manada de lobos: "Quemen la fábrica hasta los cimientos". El plan contra los lobos —contra Stefan— había sido decidido, y ella era quizás la única que podía evitar lo peor. El frío aire londinense de la noche agitaba suavemente los pliegues de su elegante vestido mientras observaba a los demás integrantes de La Hermandad dispersarse en sus carruajes y automóviles. Algunos vampiros, como sus padres, prefe

