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Alfa Drago: Señor del crimen y su dama

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Blurb

En el Londres de 1914, Li Wei Crawford intenta encontrar su lugar en un mundo que la ve como una extraña. Adoptada por una familia británica, sus sueños de convertirse en piloto dan un giro inesperado cuando Drago Vukovic, el poderoso alfa de una manada de hombres lobo y señor del crimen, descubre una marca ancestral en su nuca. Determinado a fortalecer su manada con el cuervo que necesitan, Drago la arranca de su vida privilegiada y la sumerge en un mundo donde los lobos dominan los muelles del Támesis, los vampiros controlan las finanzas y las hadas manejan el mercado n***o de la magia. Mientras la Primera Guerra Mundial se cierne sobre Europa, Li Wei deberá aceptar su verdadera naturaleza y su lugar en una manada donde la lealtad lo es todo. Entre intrigas sobrenaturales y antiguas profecías, el mayor desafío será enfrentar la creciente atracción por el alfa que cambió su destino... y el poder que podría desatar una guerra entre mundos.

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01. Encuentros bajo la lluvia londinense
LONDRES, AGOSTO DE 1914 Una llovizna caía sin piedad sobre las calles de Londres mientras Lizzy se detenía frente a los carteles pegados en la pared de ladrillo. Entre noticias viejas como el hundimiento del Titanic, y anuncios desteñidos, un titular nuevo destacaba con tinta aún fresca: "DECLARACIÓN DE GUERRA A SERBIA". Las gotas de lluvia hacían que la tinta se corriera levemente, como si hasta el clima quisiera borrar esa terrible noticia. El mundo estaba cambiando. Se podía sentir en el aire pesado de Londres, en los susurros nerviosos de la gente que pasaba apresurada por las calles, en las miradas inquietas que se dirigían al cielo como esperando ver globos aerostáticos alemanes aparecer en cualquier momento. Mientras veía las noticias y la lluvia ya estaba comenzando a molestarle, Lizzy ajustó su paraguas azul oscuro con un gesto que había perfeccionado después de años viviendo en esta ciudad de cielos eternamente grises. El paraguas había sido un regalo de su padre adoptivo en su cumpleaños número veinte, hace dos años, cuando finalmente dejó de romperlos por la fuerza del viento londinense. En eso, sus ojos se detuvieron en otro cartel que hizo que su corazón latiera más rápido: "¡TU PAÍS TE NECESITA! ¡ÚNETE COMO VOLUNTARIO AL EJÉRCITO DE SU MAJESTAD!" Un sueño imposible se agitó en su pecho: volar. No como una simple voluntaria en tierra, sino como piloto. Era una locura, lo sabía perfectamente, una mujer piloto en 1914 ya sonaba a disparate, y sus rasgos asiáticos no facilitaban las cosas. Los Crawford, sus padres adoptivos, le habían dado todo: educación, posición social, un apellido respetable. Pero había cosas que ni siquiera ellos podían cambiar. Sin embargo, había algo en el cielo que la llamaba, como si una parte de ella siempre hubiera pertenecido allí arriba. En sus sueños más secretos, se veía surcando las nubes, libre de las restricciones de la sociedad londinense. Era un anhelo tan profundo que a veces la despertaba en medio de la noche, con la sensación de estar cayendo. «Aunque primero tendría que aprender a volar», pensó Lizzy con una sonrisa irónica. Ella sentía que ese era el menor de sus problemas, pero al menos era uno que teóricamente podía resolver. Ya había comenzado a estudiar en secreto, leyendo todo lo que encontraba sobre aeronáutica en la biblioteca de la universidad. En ese instante, ella se encontraba tan absorta en sus pensamientos que un repentino impacto la tomó completamente por sorpresa. Su paraguas rodó por el suelo mojado mientras una voz con marcado acento extranjero maldecía: —¡Por todos los...! —se detuvo para no maldecir más— ¡Mi cigarrillo! Acababa de encenderlo y era de los buenos. ¡Maldición! —al final, si terminó lanzando más malas palabras. Lizzy se agachó para recoger su paraguas, conteniendo un suspiro. El agua comenzaba a empapar su vestido, y podía sentir cómo algunos mechones de su cabello color azabache se escapaban del elaborado peinado que Margot le había hecho esa mañana. —Qué tragedia —murmuró ella sin poder evitar el toque de ironía en su voz mientras se incorporaba—. Supongo que el fin del mundo comenzará porque un caballero perdió su cigarrillo. —¿Qué has dicho? —El hombre sonaba más irritado por el tono de ella que por el choque. Antes de que Lizzy pudiera responder, una mano fuerte la sujetó del brazo, haciéndola girar. Se encontró cara a cara con un hombre que aparentaba unos treinta y cinco años, de porte aristocrático a pesar de su evidente mal humor. Su cabello castaño estaba empapado por la lluvia, pero fueron sus ojos los que captaron toda su atención: verdeazulados y algo brillantes, como si guardaran algún secreto sobrenatural. Algo en su mirada la hizo estremecerse. No era la típica hostilidad a la que estaba acostumbrada por sus rasgos asiáticos. Era algo más... como si él hubiera descubierto algo imposible, como si estuviera viendo a través de ella. —¿Una cuervo... de China? —murmuró él, tan bajo que Lizzy apenas lo escuchó por encima del sonido de la lluvia. El agarre en su brazo era firme pero no doloroso, y había algo en la forma en que la miraba que despertó su curiosidad. No era la típica mirada de desprecio o condescendencia que solía recibir. Era... ¿asombro? ¿Reconocimiento? —¡Señorita Crawford! —La voz de Margot cortó el extraño momento como un cuchillo—. ¡Su padre la está esperando! Lizzy aprovechó la distracción para liberarse del agarre con un movimiento firme que pareció sorprender al extraño. Se alejó unos pasos, manteniendo una distancia prudente, pero sin demostrar miedo. —La próxima vez —dijo ella, mirándolo directamente a los ojos—, simplemente vea por dónde camina. Es más civilizado que agarrar a desconocidos en la calle, especialmente en estos tiempos inciertos. Después de esas palabras, ella alejó hacia el automóvil donde Margot la esperaba, sintiendo la mirada de aquel hombre clavada en su espalda. A pesar de la inquietud que le provocaba el encuentro, no pudo evitar notar que no había sentido el miedo que normalmente experimentaría en una situación así. Había algo familiar en él, algo que no podía explicar. Solo cuando el vehículo arrancó se permitió soltar el aliento que no sabía que estaba conteniendo. A través de la ventanilla, vio al hombre encender otro cigarrillo, con su figura imponente recortada contra la lluvia londinense. —¿Está bien, señorita? —preguntó Margot desde el asiento delantero—. Ese hombre parecía... peligroso. —Estoy bien, Margot —respondió Lizzy, aunque su mente seguía repitiendo aquellas extrañas palabras: "¿Una cuervo de China?"—. Solo fue un encuentro con un loco. El hombre, Drago Vukovic, permaneció bajo la lluvia observando el auto alejarse. El aroma de la joven que era a jazmín mezclado con algo más salvaje, más antiguo, quedaría grabado en su memoria. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras encendía otro cigarrillo, protegiendo la llama con una mano que todavía recordaba la fuerza sorprendente con que ella se había liberado. «Una cuervo que parece algo confundida...», pensó, exhalando el humo en la lluvia. «El destino tiene un sentido del humor retorcido».

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