El tiempo pareció detenerse para Lizzy mientras contemplaba aquel dibujo que no recordaba haber hecho. Un escalofrío recorrió su espalda. De tan solo pensar que este era otro más de los recuerdos que le habían arrebatado, que habían borrado de su mente como si fueran manchas en un mantel, sintió una oleada de rabia que ascendía desde lo más profundo de su ser. Debido a esto, las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos, nublando su visión momentáneamente. ¿Qué más le habían quitado? ¿Cuántos fragmentos de su vida yacían enterrados, inaccesibles para ella, pero quizás intactos en algún rincón de su mente? Por un instante, la ira amenazó con consumirla por completo. Pero luego, con un gesto firme, se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. No era momento para dejarse vencer por la

