El botones los condujo a través de un pasillo lateral hacia un ascensor de jaula, que era una maravilla de la ingeniería moderna. Durante el breve trayecto, Caslav se acercó a Rosemary de una manera que intentó parecer casual, pero que Stefan, Milos y Drago reconocieron como deliberado. Con sutileza, sus dedos buscaron la mano de la bruja, entrelazándose con los de ella en un gesto que pretendía parecer rutinario. —Toma mi mano —murmuró, inclinándose ligeramente para que solo ella pudiera escucharlo—. Es mejor que crean que eres mi pareja. Rosemary lo miró de reojo, evaluándolo brevemente con sus ojos castaños, y pensando un poco en esa oferta antes de aceptarla con un asentimiento apenas perceptible. La practicidad de la sugerencia era innegable; las damas acompañadas inspiraban más res

