Milos respiraba agitadamente. El sudor le corría por la frente y se mezclaba con la sangre de sus heridas viejas y nuevas, pero, aun así, consiguió esbozar una sonrisa desafiante. —Mi madre era una bruja —respondió con honestidad con voz ronca y entrecortada—. No era tan maldita como tú, pero... me enseñó a evadir los hechizos de la mente para este tipo de casos. Donde pretenden sacarme información de mi manada. Tomó aire con dificultad antes de continuar: —No te diré nada acerca de mi manada. Puedes arrancarme todas las uñas, incluso arrancarme el otro ojo, pero no tendrás nada de mí —declaró, y luego comenzó a reírse, siendo ese un sonido seco y áspero que hizo eco en las paredes del sótano. Margot entrecerró los ojos. Su expresión se volvió más fría, si es que eso era posible. —Pue

