Sin perder ni un segundo, todos llevaron el cuerpo inerte de Drago a su habitación y lo depositaron con cuidado sobre la cama. Incluso en su estado de inconsciencia, era evidente que algo había cambiado: cuando lo separaron de Lizzy, su rostro se relajó visiblemente, al parecer incluso inconsciente, sentía el dolor de la marca. Ahora, tendido sobre las sábanas, su expresión se había suavizado, como si un gran peso hubiera sido levantado de sus hombros. Mientras tanto, Caslav se había encargado personalmente de trasladar a Lizzy a otra habitación. Rosemary y Katerina lo siguieron en silencio, observando con preocupación el pálido rostro de la joven. —Cuando despierte —comenzó a decir Caslav con voz grave, deteniéndose en el umbral de la puerta— díganle todo. Probablemente se sentirá más c

