La “casa de campo” de los Vukovic, escondida entre los antiguos robles de Epping Forest, se había convertido en un bullicio de actividad. El crujido de las ruedas sobre la grava y el ronroneo de los motores de los Ford T rompían el habitual silencio del bosque. Llegaban uno tras otro, levantando pequeñas nubes de polvo en el camino, mientras los integrantes de la manada descendían apresuradamente, abandonando sus posiciones en Londres, para seguir las órdenes de su Alfa. Drago permanecía inmóvil en el porche, con los músculos tensos bajo su traje oscuro y los brazos firmemente cruzados sobre el pecho. Todavía llevaba el mismo atuendo polvoriento tras su encuentro con Kamal en el bosque esa misma tarde. Sin importarle esos detalles sobre su actual apariencia, él mantenía sus ojos enfocados

