Los ojos de Margot y la familia Crawford se posaron primero en el rostro tenso de Lizzy y luego, inevitablemente, en el botiquín que sostenía. La preocupación se extendió por el rostro de todos ellos al instante imaginándose lo peor. —¡Dios mío! ¿Estás herida? —exclamó Brenda, acercándose rápidamente a su hija mientras la revisaba con sumo cuidado y rapidez. Leonard dio un paso al frente, exclamando: —¿Qué ocurrió? ¿Te lastimaste, Lizzy? —preguntó con voz tensa, mientras veía el rostro y cuerpo de su hermana en busca de signos de lesión, con mas detenimiento de lo normal. Bradley, siempre el más pragmático, cerró la puerta tras ellos y se quitó el sombrero, con su mirada fija en su “hija”. —Explícate, Elizabeth —dijo con firmeza, pero no sin cierta preocupación paternal—. ¿Por qué est

