La sonrisa forzada de Kamal se desvaneció instantáneamente al escuchar aquellas palabras posesivas. "Mi cuerva" había dicho el lobo, y esas dos simples palabras bastaron para que toda pretensión de cordialidad desapareciera del rostro del brujo otomano. —No deberías estar aquí... —advirtió Kamal con voz baja y firme, manteniendo sus ojos fijos en Drago, evaluando cada centímetro de ese “animal” que tenía frente a él. —Púdrete —respondió Drago sin vacilar, con un evidente tono de voz lleno de desprecio. Una nueva sonrisa, esta vez calculada y fría, se dibujó en los labios de Kamal. Suspiró mientras recorría con la mirada a Drago de pies a cabeza, como si estuviera examinando algo desagradable. —Por lo visto el regalo que te dejó Margot no fue suficiente para alejarte, ¿no? —comentó con

