Drago lo sintió en lo más profundo de su ser, como una punzada que atravesó su consciencia. A través del lazo que lo unía con su manada, percibió una repentina avalancha de emociones desbordantes. No sabía qué estaba ocurriendo exactamente en la fábrica, pero las oleadas de sentimientos intensos que emanaban de sus trabajadores eran inequívocas: algo grave estaba sucediendo allá. Apenas había logrado conciliar el sueño la noche anterior después de horas de inquietud, y cuando por fin el cansancio lo venció cerca de las cinco de la madrugada, solo pudo descansar poco más de una hora antes de que lo sacudiera violentamente aquel tirón en los lazos invisibles que lo unían a su manada. Una oleada de emociones crudas y desgarradoras lo inundó a través del lazo: el temor vivo de sus lobos, rabi

