Como la mansión de Drago se ubicaba literalmente en la calle adyacente, decidió caminar de regreso a casa. Con cada paso que daba, sentía que el peso del día se acentuaba sobre sus hombros. Luego de unos cuantos minutos de caminata, no tardó mucho en divisar la imponente estructura que llamaba hogar. Al cruzar el umbral, se despojó del chaleco con un movimiento lánguido y lo colgó en el perchero con gestos mecánicos, casi rituales. Sus pasos se escuchaban por el recibidor mientras avanzaba con un andar pesado. No era un cansancio físico lo que lo agobiaba, sino un agotamiento mental que se había instalado en cada rincón de su ser. Este día, sin duda, había sido interminable. La conclusión era evidente: Drago no estaba hecho para el estudio, o quizás era esa carrera de Li Wei la que result

