Mientras caminaba por el pasillo superior, Drago continuaba desabotonándose la camisa ensangrentada con movimientos aburridos. Al pasar frente a la habitación de Milos, sus pasos se ralentizaron hasta detenerse por completo. Se quedó inmóvil ante la puerta cerrada, con su mirada fija en la madera, como si pudiera ver a través de ella. Como ocurrió últimamente, no se atrevió a entrar. Después de contemplarla por unos momentos en silencio, con dolor y nostalgia reflejada en su rostro, continuó su camino hasta llegar a su propia recámara. Al encender la luz, se iluminó una habitación enorme de estructura lujosa con detalles victorianos, pero desordenada a más no poder. Nadie entraba allí, ni siquiera las sirvientas de la mansión para ordenar ese lugar, principalmente porque Drago se los impe

