La tarde había avanzado considerablemente cuando los cuatro —Rosemary, Caslav, Milos y Stefan— finalmente abandonaron la galería de arte. La entrega del cuadro había sido un asunto rápido, con la joven bruja recibiendo halagos del propietario por su trabajo, mientras los tres hombres esperaban pacientemente viendo las obras exhibidas. Pasaban de una pintura a otra con expresiones que oscilaban entre el genuino aprecio y el más profundo aburrimiento, formando un trío que llamaba la atención por el simple hecho de estar juntos. Viéndolos así, uno junto al otro, las diferencias en sus estaturas resultaban evidentes. Los hermanos Vukovic destacaban como árboles entre arbustos: Caslav alcanzaba el impresionante metro noventa y tres, mientras Stefan le seguía de cerca con su metro noventa y uno

