Alexander –Lamento que te hayan obligado a casarte con Marcela. Me dijo Jordan mientras descansábamos bajo un árbol y comíamos algunos alimentos antes de volver a casa. Planeé llevarla a un restaurante con un buen menú y mayor comodidad, pero insistió en querer permanecer bajo la paz y quietud de un parque poco concurrido que hallamos luego de dar algunas vueltas fuera del cementerio. Traté de ser empático y complacer sus deseos, después de todo, muy pocas personas encontraban una tumba con su nombre a la que le habían rezado por años. Al parecer estábamos cerca a la playa ya que la olas podían no podían verse pero si oírse. –No fue culpa de Jennifer del todo, –confesé admitiendo una verdad que ni siquiera había sido capaz de decir en voz alta hasta ese momento– cometí un par de erro

