Jordan Luego del cementerio resultó muy fácil regresar a casa y fingir que habíamos llegado por separado. Me sorprendió notar que Fabrizio no me volvió a molestarme después de mi escapada del castillo en Toscana o que al menos me hubiera seguido a Génova. Me había abandonado a mi suerte y aunque era reconfortante no tenerlo cerca, me asustaba el hecho de que estuviera tan tranquilo lejos de mi. Nunca había sido amante de las festividades o eventos con mucha gente, pero al parecer ser parte de la familia Praga era una excusa para asistir a ellos. Ofelia, la misma mucama que nos había cuidado la espalda a mi y Alexander en la casa de Toscana, ingresó ayudándome a subir el cierre en la espalda del bonito vestido rojo. –El vestido le queda perfecto señorita. Susurró antes de separarse

